Julieta Fierro, la irreverente rockstar de la divulgación
Con un estilo irreverente, creativo y profundamente humano, Julieta Fierro llevó al espacio a niñas, niños y jóvenes, logrando que comprendieran conceptos complejos

Indómita, Julieta Norma Fierro Gossman dedicó su vida a acercar la ciencia a todas las personas, especialmente a niñas, niños y jóvenes, con un estilo irreverente, creativo y profundamente humano.
Estudió Física y Astrofísica en la Facultad de Ciencias de la UNAM y más tarde se incorporó al Instituto de Astronomía, donde inició sus investigaciones sobre la composición química de la materia interestelar. Fue también profesora universitaria, pero muy pronto encontró en la divulgación un camino para compartir la ciencia más allá del aula y el laboratorio.
No he descubierto gran cosa; lo que trato es de explicar la ciencia de manera sencilla, que sea tan evidente que sea imposible no entenderla”, solía decir para resumir su vocación.
Su estilo fue tan rompedor como inolvidable. Usaba el humor, la actuación e incluso actos circenses para explicar conceptos complejos. En ferias del libro recorría los pasillos en patines, con vestido largo y un sombrero puntiagudo cubierto de estrellas, invitando a niñas y niños a mirar al cielo.
Podía convertir una ecuación en una historia divertida y una teoría en un juego. Para explicar cómo se mide la distancia a las estrellas, pedía al público estirar un dedo y observar el “brinco” contra el fondo, como hacen los astrónomos desde dos puntos de la órbita terrestre.
La ciencia es la manera de entender a la naturaleza, y además es una fuente inagotable de felicidad”, afirmaba. Esa convicción se volvía palpable en cada charla, donde lograba que hasta los temas más áridos se convirtieran en experiencias lúdicas.
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Libros, museos y televisión
Su pasión por la divulgación la llevó a escribir más de 40 libros, desde La astronomía de México hasta Cartas astrales: un romance científico del tercer tipo. Obras como La familia del Sol, Newton o La luz de las estrellas se convirtieron en clásicos para acercar la astronomía al gran público. También participó en la elaboración de libros de texto de educación básica y en manuales para profesores.
No se conformó con las páginas, diseñó talleres, exposiciones y museos interactivos. Fue pieza clave en la creación de Universum, el Museo de las Ciencias de la UNAM, del que más tarde fue directora. Ahí consolidó su visión: que la ciencia debía experimentarse con las manos, los ojos y la risa, no sólo con fórmulas en un pizarrón.
En televisión fue una presencia constante. Colaboró en Canal 11 en programas de ciencia y en 2015 participó en la serie infantil Sofía Luna, agente especial, donde aparecía como la agente Julieta. También fue voz habitual en la radio, convencida de que cada medio era una puerta más para acercar la ciencia a la sociedad.
Su estilo irreverente y su capacidad de encantar audiencias le valieron premios internacionales: el Premio Kalinga de la UNESCO, el Klumpke-Roberts Award de la Sociedad Astronómica del Pacífico y la Medalla Primo Rovis del Centro de Astrofísica de Trieste, entre muchos otros. En México recibió la Medalla Sor Juana Inés de la Cruz de la UNAM, la Medalla al Mérito Ciudadano y varios doctorados honoris causa.
Incluso durante la pandemia, cuando su nieto tenía apenas tres años, convirtió la enseñanza en un laboratorio cotidiano. Cada día le daba clases virtuales de lectura, matemáticas y ciencia, preparando experimentos caseros que luego transformó en un libro. Esa experiencia la llevó a explorar también las redes sociales como nuevas plataformas de divulgación.
Podemos aprender toda la vida, reinventarnos y disfrutarlo. La educación no termina nunca”, repetía.
Julieta Fierro fue llamada “rockstar de la divulgación” porque lograba llenar auditorios, firmar libros como una celebridad y hacer de la ciencia un espectáculo entrañable. Pero detrás del show había disciplina, humor y una fe inquebrantable en el poder del conocimiento.
Desde aquella joven que se subía a los pasillos de una feria en patines hasta la académica que ocupó la Silla XXV de la Academia Mexicana de la Lengua, Fierro se mantuvo indómita: rebelde frente a las barreras de género, creativa en la enseñanza y apasionada en su vocación de acercar el cosmos a la gente. Abrió el camino para que la ciencia dejara de ser un lenguaje reservado y se convirtiera en patrimonio común.
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