La fe a prueba del clima
La travesía inicia desde mediados de octubre con una cooperación que piden los mayordomos o encargados de la peregrinación para la compra de alimentos

Por 20 años consecutivos Enrique García con más de 500 pobladores de San Bernardino Chalchihuapan, Puebla inician un viaje hacia la Basílica de Guadalupe para cantarle las mañanitas a la morenita del Tepeyac.
Sin una preparación física, solo con su fe, Enrique y sus compañeros recorren 139 kilómetros a pies, una ruta que fue trazada por sus antecesores en 1953, cuando por una promesa los mayordomos de la comunidad decidieron crear una peregrinación para darle las gracias a la Virgen de Guadalupe para agradecer por los milagros recibidos.
La travesía inicia desde mediados de octubre con una cooperación que piden los mayordomos o encargados de la peregrinación para la compra de alimentos, en su mayoría tortillas, queso, aguacate, chiles en vinagre, agua o refresco para que sea más práctico, todo eso es transportado en una camioneta de 3 y media toneladas que va cubierta para aquellos que estén cansados puedan dormir.
Tres días antes, sin ninguna preparación física, los peregrinos inician un recorrido de 139 kilómetros desde su comunidad hasta la Basílica de Guadalupe con algunas paradas obligatorias que están dentro del Paso de Cortés, donde las bajas temperaturas hacen de las suyas afectando las vías respiratorias.
Eso no les impide continuar su recorrido, un par de pastillas antigripales para continuar el recorrido hasta las ruinas de la ex hacienda Tomacoco, punto de entrada al municipio de Amecameca, donde reposan y comen por un par de horas para iniciar su viaje.
“Venimos ahora, sí que la voluntad de la virgen de Guadalupe, que nos ayude si nos enfermamos, ni modos tratamos de tomar algo de medicina y caminar otra vez”, aseguró Enrique García.
Una fe a prueba de todo, incluso del clima que llega a tener temperaturas de 5 grados a menos 2 grados bajo cero al pasar por el conocido Paso de Cortés, ubicado entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, un corredor natural de 57 kilómetros que acorta las distancias.
“Traemos ropa extra, por ejemplo, ahorita hay mucho rocío en el pasto, y nos mojamos, y pues si ya nos mojamos nos cambiamos, por ejemplo, nosotros traemos radios, traemos la libreta de apuntes de lo que se va gastando, todo sí”, aseguró Enrique García Montes.
Por tres días con descansos de algunas horas, Enrique sin la necesidad de cumplir una promesa, llega a los pies de la Virgen de Guadalupe para refrendar su amor, pasos que ya algunos jóvenes le siguen en una tradición de más de 70 años en la comunidad de San Bernardino Chalchihuapan.