Huracán Priscila: 7 comunidades nahuas peligran por falta de dos puentes

Más de 4 mil 900 habitantes nahuas de siete comunidades serranas están en riesgo de quedar incomunicados durante la temporada de lluvias.

Aunque se autorizó la reconstrucción de seis puentes para la parte baja del municipio, las zonas de la sierra alta quedaron desatendidas.
Aunque se autorizó la reconstrucción de seis puentes para la parte baja del municipio, las zonas de la sierra alta quedaron desatendidas.Especial

A casi un año del paso del huracán Priscila, siete comunidades de la parte alta de este municipio enfrentan el riesgo de quedar incomunicadas durante la temporada de lluvias, debido a que el Puente Tenexco y el Puente Chochotla no fueron aprobados dentro del paquete federal de reconstrucción, reportaron pobladores.

La zona serrana concentra una tercera parte de la población municipal y depende de esos dos cruces para garantizar movilidad, acceso a servicios y salida de producción agrícola. En la parte alta viven 350 habitantes en la comunidad Tenexco; mil en Conquextla y mil 200 en Tecapa. En Apachitla viven 800 personas y en Chochotla, 200, mientras que en San Mateo son 280 los avecindados y en San Pablo, mil 100.

En conjunto, más de 4 mil 900 habitantes, principalmente pueblos originarios de la etnia náhuatl, dependen de los dos puentes que quedaron fuera de la autorización federal. Cada creciente del río corta el acceso a escuelas, centros de salud, comercios y rutas de abasto. La afectación alcanza cosechas, milpas, transporte escolar, comercialización de productos y atención de emergencias.

Mientras tanto, se aprobaron seis puentes para la parte baja del municipio. Comunidades como Xoxocapa, Limóntitla, Chihuahuan, Atempa y El Embocadero, entre otras, serán beneficiadas, pero ninguno corresponde a la zona alta, pese a que fue una de las más golpeadas por el huracán y donde los caminos se vuelven intransitables con las primeras lluvias.

Las comunidades piden que los dos puentes pendientes sean reconsiderados y que se atienda la vulnerabilidad estructural de la parte alta, donde la falta de infraestructura no solo limita la movilidad, sino que interrumpe derechos básicos de miles de habitantes indígenas.