Sinaloa, solución a medias

Con la mayor irresponsabilidad, Rubén Rocha Moya se presentó a retomar el gobierno de Sinaloa, donde sólo lo aguantaron 34 horas, tras de las cuales pidió permiso por tiempo indefinido para salir con el rabo entre las patas. El caso fue y es una triste exhibición de miserias políticas y de una actitud retadora ante el supremo poder constitucional, sometido a las emboscadas de quienes más obligados están a respetarlo y cuidarlo.

De Rocha Moya se han señalado repetidamente sus relaciones con la delincuencia, pero con licencia o sin ella sigue gozando de impunidad. Reclamado por el gobierno de Estados Unidos, la respuesta ha sido exigir pruebas, porque para las autoridades de acá el tipo es una blanca paloma, o era, porque ahora, después de ridiculizar al gobierno mexicano, seguramente ya está en la mira.

Pero el frustrado regreso de Rocha Moya a la gubernatura tiene otros alcances, no se limita al papel ridículo del funcionario en desgracia. Su desplante puso en evidencia que el Estado mexicano se ha convertido en un queso gruyer por cuyos agujeros se escapa la información y se cuelan las órdenes que llegan desde Palenque, lo que deja a la Presidenta de la República en la indefensión, como lo muestra el hecho de que ella se enterara de la jugada moyista la misma mañana del desaguisado.

Como está publicado, el fin de semana se convocó al Congreso de Sinaloa para elegir gobernador interino, ni siquiera sustituto, lo que deja la puerta abierta para que Rocha Moya intente regresar otra vez. A última hora se canceló la convocatoria y se pospuso para el martes, porque según dicen, las mafias sinaloenses —las burocráticas y las criminales— querían imponer a alguno de sus peleles. La jugada se evitó a medias, pues la interina resultó ser Graciela Domínguez Nava, que fue secretaria de Educación en los primeros meses del desgobierno de Rocha.

El discurso de la señora Domínguez fue un reconocimiento de que Sinaloa es un infierno. Hubo varios llamados a la concordia, pero no hay razón para que burócratas y cárteles se consideren aludidos. Habrá que insistir en que el mero cambio de gobernador nada solucionará mientras siga actuando la claque burocrática heredada por el ahora desahuciado y los cárteles continúen disputándose la plaza, convertida en la funeraria de cientos de asesinados.

Lo necesario es terminar con la era de terror que soporta Sinaloa, donde lo indicado era la desaparición de Poderes y el nombramiento como gobernador de una figura con autoridad, quizás un general, porque se trata de un estado en guerra civil y la población pide orden y paz, exige combatir con eficacia al hampa que mantiene asolada a la entidad y encarcelar a la pandilla que se enriquece en los cargos públicos del estado. Se optó por lo suavecito, pero los mafiosos no lo agradecerán. Al contrario, pues quedan en condición de seguir haciendo daño y mantenerse presentes como una amenaza para la estabilidad, no sólo de la entidad, sino de la República entera.

Mientras tanto, se mantiene la impunidad del senador Inzunza y desde su escondite en el Triángulo de Oro, corazón de Narcotitlán, manda señales de que pronto reaparecerá en el Senado. Y lo mismo deben pensar los políticos que han hecho un gran negocio de sus ligas con el crimen.

Ante tales muestras de impunidad, Marina del Pilar Ávila, gobernadora de Baja California, puede dormir tranquila, porque más dormidas están las autoridades que deberían llevarla a juicio. Lo mismo vale para Mara Lezama, quien seguirá viajando tranquilamente en vuelos privados, en los que el alquiler le cuesta entre seis y siete mil dólares, lo que multiplicado por los 283 vuelos al extranjero que ha hecho entre 2018 y 2025 suma por lo menos 700 millones de pesos.

Lo mismo vale para Adán Augusto López, el paisano de López Obrador y líder real del Senado, quien declaró al fisco que el año pasado recibió 72 millones de pesos de ingresos, y Haciendo le creyó que todo era legal. De este modo, todos contentos mientras encarcelen a miembros de la oposición y tiendan sobre la canalla morenista un manto de impunidad. Pero cabe recordar aquello de que el poder no se comparte y suele ser antropófago. Por eso hay que ejercerlo para no acabar devorados.