Groenlandia, “recordatorio de que el orden internacional puede fragmentarse”: Monreal

Para el diputado Ricardo Monreal, este caso muestra que el nuevo imperialismo territorial no siempre avanza de manera abrupta.

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El zacatecano apuntó que “la Constitución mexicana consagra desde hace décadas una defensa estricta de la soberanía nacional y de la integridad del territorio”.Cuartoscuro

El diputado Ricardo Monreal Ávila, coordinador del Grupo Parlamentario de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), señala que “el caso de Groenlandia muestra que el nuevo imperialismo territorial no siempre avanza de manera abrupta. A veces comienza como una propuesta, una presión económica o una justificación estratégica. Su peligro reside precisamente en esa gradualidad, en la capacidad de desplazar los límites de lo aceptable sin necesidad de romperlos de golpe. Desde esta perspectiva, el asunto no solo es europeo o ártico”.

En un artículo publicado en sus redes sociales, titulado “Groenlandia: un eslabón más del nuevo imperialismo territorial”, donde revisa la historia y los intentos recientes de adquirir Groenlandia, por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, indica que “es un recordatorio de que el orden internacional puede fragmentarse si se normaliza la noción de que la soberanía es negociable cuando entran en juego intereses mayores. En países con una historia de despojo territorial, esa normalización no es inofensiva”.

Monreal Ávila asegura que “para México, este debate no es una discusión abstracta ni un ejercicio académico distante. Tiene memoria histórica. En el siglo XIX, el país vivió de manera directa las consecuencias de un orden internacional en el que la fuerza, la presión política y la asimetría de poder se tradujeron en la pérdida de territorio. Aquella experiencia marcó profundamente la cultura jurídica y política mexicana, y explica por qué la defensa de la soberanía y de la integridad territorial ocupa un lugar central en nuestra tradición diplomática.

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Soldados daneses durante una práctica de tiro en un lugar no revelado de Groenlandia. AFP

Esa memoria no se expresa hoy en términos de confrontación, sino de prevención. México aprendió, a un alto costo, que cuando el principio de integridad territorial se relativiza en nombre de la seguridad, del interés estratégico o de la inevitabilidad histórica, los Estados con menor capacidad de respuesta quedan expuestos. Por ello, el respeto al derecho internacional no es para México una consigna retórica, sino una condición de estabilidad”.

Monreal Ávila anota que “la Constitución mexicana consagra desde hace décadas una defensa estricta de la soberanía nacional y de la integridad del territorio. Ese principio no solo prohíbe la invasión armada, sino cualquier forma de intervención, intromisión o acto desde el extranjero que resulte lesivo para la independencia de la Nación, ya sea por tierra, mar, aguas interiores o espacio aéreo.

Como legislador --enfatiza--, atestigüé que en meses recientes este marco fue reforzado por iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum, mediante reformas constitucionales que precisaron y actualizaron ese mandato, dejando claro que el Estado mexicano no aceptará, bajo ninguna circunstancia, violaciones a su territorio ni intervenciones externas sin autorización y colaboración expresa. Estos principios son la guía que orienta nuestra política exterior y la brújula que ha conducido, con claridad y firmeza, el actuar de la presidenta.

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Congreso de la Unión en sesión.Especial

“En un entorno internacional cada vez más incierto, la conducción presidencial de la política exterior ha permitido a México mantener una posición coherente, respetuosa del derecho internacional y ajena a las presiones que buscan normalizar la fuerza sobre la ley. Cuando el lenguaje de la coerción territorial reaparece en el debate global, incluso entre aliados, la claridad constitucional se convierte en una guía de estabilidad.

“Para México y América Latina, la lección es clara: defender el derecho internacional no es solo una postura ética, sino una estrategia de autoprotección. La historia enseña que las fronteras rara vez se pierden de un día para otro. Se erosionan cuando el mundo se acostumbra a que alguien sugiera moverlas.

Groenlandia, hoy, no es todavía una anexión, pero sí una señal de advertencia. Escucharla a tiempo es una responsabilidad compartida, especialmente para países que saben, por experiencia propia, que la soberanía se torna más sólida cuando se defiende en el terreno de las ideas”, concluye Monreal Ávila.

fdm