Excélsior, entre logros y retos
La creación de una cooperativa de trabajadores generó décadas de auge editorial antes de su fractura definitiva en 1976

El inesperado fallecimiento del fundador de Excélsior, el empresario poblano, Rafael Alducin, el 29 de marzo de 1924, fue el inicio de una crisis que terminó por agravarse cuatro años más tarde con una serie de acontecimientos que llevaron al diario a cambiar de dueños y tomar un rumbo completamente diferente al trazado desde su fundación.
Ahora en manos de un grupo regiomontano liderado por el empresario Federico de Lachica junto con sus socios José Castellot y Jesús Azunzuolo, El Periódico de la Vida Nacional, se mantuvo en un periodo de más de tres años de inestabilidad: por un lado, sus páginas estuvieron favor del candidato a la presidencia Aarón Sáenz –uno de los principales propósitos de sus nuevos propietarios de mantenerse al frente del rotativo.
Por otro lado, la amplia cobertura a la noticia del asesinato del presidente electo de la República, Álvaro Obregón en 1928, hizo eco en las altas esferas del gobierno y, ese mismo año, un grupo de integrantes de la gendarmería montada custodió las instalaciones del periódico. Gracias al diálogo entablado entre Excélsior con el presidente Plutarco Elías Calles, por conducto de su secretario de Gobernación, Emilio Portes Gil, fue retirado el bloqueo.
La llegada de Pascual Ortiz Rubio a la silla presidencial en 1930 generó tensión política en el país. Por su parte, las aspiraciones presidenciales de Sáenz se esfumaron y el periódico cayó en un total abandono, aunado a la problemática que arrastraba desde años atrás.
El 13 de junio de 1931 tuvo lugar la llamada “huelga de los 12 días”, periodo durante el cual el periódico no salió a circulación, una de las pocas veces en su historia que suspendió su publicación, en aquella ocasión, debido a un conflicto con la Alianza de Uniones de Sindicatos de Artes Gráficas.
En diciembre de ese mismo año, durante la conmemoración del IV centenario de las apariciones de la virgen de Guadalupe, Excélsior tuvo una participación activa de difusión, incluyendo su tradicional y multitudinaria peregrinación de trabajadores del periódico a la Basílica de Guadalupe, así como una amplia cobertura informativa de las celebraciones, lo que acarreó conflictos con un sector callista que había apoyado la Guerra Cristera años atrás.
Al mismo tiempo, las finanzas de El Periódico de la Vida Nacional seguían empeorando, y los cambios al interior fueron inminentes, se renovaron las posiciones importantes y se creó una comisión para intentar revertir la situación con el apoyo del gobierno, pero al no tener éxito, decidieron buscar al entonces ya expresidente, Plutarco Elías Calles.
La comitiva se trasladó hasta Cuautla, Morelos, residencia de Calles, donde, revolucionario, que en una primera instancia sólo ofreció su apoyo sin mayores esperanzas.
En la segunda visita a la casa del general, de acuerdo con información del Archivo Histórico de Excélsior, Calles les dijo: “Señores, les tengo una buena noticia. Ya hablé con los señores dueños del negocio; el periódico Excélsior está en malas condiciones económicas, pero la Empresa está dispuesta a entregar la fuente de trabajo, directa y exclusivamente a los elementos que en ella laboran. Por otra parte –agregó-, pongan la condición de que los trabajadores, legalmente, formen una sociedad cooperativa”.
En representación de Excélsior aceptó la propuesta y el Acta Constitutiva se firmó en abril de 1932. De ese modo, el grupo regiomontano liderado por De Lachica, no pagaría indemnizaciones a los trabajadores. De acuerdo con las fuentes consultadas, Elías Calles había realizado un viaje a Dinamarca, país donde existía un marcado modelo de cooperativismo.
El Consejo de Administración, confirmó el regreso del reportero y fundador del diario, Rodrigo de Llano para hacerse cargo de la dirección, así como la incorporación de Gilberto Figueroa a la administración, un viejo conocido de la antigua guardia de trabajadores.
La nueva dirigencia aplicó severas medidas de austeridad para enfrentar las deudas heredadas, redujo salarios y reorganizó los recursos económicos, mientras apostaba por recuperar el prestigio editorial que había distinguido a esta casa editorial desde su fundación.
Los resultados comenzaron a reflejarse en poco tiempo. La reducción del precio del ejemplar incrementó la circulación y permitió estabilizar las finanzas. Durante las décadas siguientes, Excélsior, al mando de sus trabajadores, consolidó uno de los periodos de mayor crecimiento.
La empresa amplió sus instalaciones, modernizó sus talleres, adquirió nueva maquinaria y se fortaleció un grupo editorial sólido integrado por publicaciones como Últimas Noticias, Revista de Revistas, Jueves de Excélsior, Estampa, Magazine de Policía, Ja-Já, Plural, entre otras.
Tras la muerte de Figueroa, De Llano y Manuel Becerra Acosta, en la década de los sesenta, abrió el paso hacia una nueva etapa dentro de la organización. En 1968, Julio Scherer García asumió la dirección editorial e impulsó un periodismo crítico que reunió a algunas de las plumas más importantes de la época. Al mismo tiempo, las diferencias entre grupos de cooperativistas comenzaron a acentuarse.
Las tensiones internas, sumadas a la presión ejercida desde el gobierno de Luis Echeverría Álvarez, desembocaron en la crisis de 1976. La expulsión de Scherer y de decenas de periodistas puso fin a uno de los ciclos de mayor desarrollo en la historia de Excélsior y quedó registrada como uno de los episodios decisivos en la historia de la libertad de expresión en México.