Olvidan riesgo de escuelas ubicadas sobre infraestructura de Pemex

Solo cuando ocurre un desastre en Veracruz, las autoridades recuerdan que la rutina y la tragedia están separadas por un hilo muy delgado

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Mientras las manchas urbanas crecen sin control y la industria petrolera se expande, la seguridad de miles de estudiantes y maestros parece recaer en la suerteFoto: Especial

En Veracruz hay escuelas que conviven con instalaciones petroquímicas o están sobre ductos. La situación es tan cotidiana que se ha terminado por normalizar el riesgo. En su momento, un exsecretario de Educación de Veracruz tuvo que reconocer públicamente que había asentamientos sobre ductos, incluyendo escuelas, principalmente en la región de Poza Rica.

Fue precisamente en el sexenio de Cuitláhuac García que hubo siete planteles reubicados: cuatro de ellos en Nogales, por estar sobre la línea de conducción de hidrocarburo y tres más de los que no se informa en el registro.

Actualmente, las autoridades al frente de la dependencia no mencionan este tema y tal parece que ha salido por completo de la agenda oficial el listado de planteles que también están en riesgo, pero que no han sido reubicados, así que el peligro bajo las aulas sigue intacto.

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Foto: Especial

Esta bomba de tiempo silenciosa no distingue regiones y está sembrada de norte a sur. En Poza Rica, ciudad cuyos cimientos se entrelazan de forma casi absurda con la red de Pemex, las propias autoridades educativas locales admiten, con una mezcla de resignación y preocupación, que prácticamente cualquier escuela tiene un ducto cruzando cerca de su perímetro.

Señalan que las autoridades educativas sí tienen el registro de los planteles que están asentados sobre o junto a ductos, debido a que la ciudad creció sobre la infraestructura petrolera. Entre las mencionadas en reportes locales están las primarias Benito Juárez y Artículo 123; la secundaria Técnica 84 y el jardín de niños Gabriela Mistral, que están en colonias donde Pemex mantiene ductos activos y líneas de conducción superficiales.

Escuelas “acostumbradas” a explosiones

Mientras tanto, en el sur profundo, en ese imponente corredor industrial que une a Coatzacoalcos, Nanchital e Ixhuatlán del Sureste, las llamaradas y los gases de los complejos petroquímicos son parte del paisaje escolar cotidiano.

Solo cuando ocurre un desastre, como la explosión en el Centro Estratégico de Tuzandépetl que obligó a evacuar planteles enteros entre el pánico y el humo, las autoridades recuerdan que la rutina y la tragedia están separadas por un hilo muy delgado.

Autoridades de Protección Civil han puesto especial énfasis, por la cercanía a instalaciones industriales, en este caso al complejo Pajaritos, a la primaria Adolfo López Mateos; la secundaria general 5 Moisés Sáenz y el jardín de niños Estefanía Castañeda, de acuerdo con un registro que data de 2023, no están sobre ductos, pero sí dentro del radio de riesgo.

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Foto: Especial 

La Secretaría de Educación de Veracruz reportó en un informe que las escuelas más cercanas al Centro Estratégico Tuzandépetl- Nanchital-Ixhuatllán del Sureste, que registró una explosión en 2023, son el telebachillerato, de Lomas de Barrillas; la escuela primaria Miguel Hidalgo y el jardín de niños Octavio Paz.

Cuando se ha cuestionado a las autoridades educativas sobre este tema, se han escudado en el burocratismo, bajo el argumento de que las reubicaciones dependen de los dictámenes técnicos del Instituto de Espacios Educativos.

Respuesta institucional insuficiente

Consultores de Protección Civil, que por lo delicado del tema pidieron guardar su nombre, debido a que peligra su licencia, señalaron que las comunidades escolares caminan a ciegas, porque a la fecha no existe un censo transparente, actualizado y de libre acceso que le permita a una madre saber si la escuela de sus hijos es segura.

Tampoco hay un mapa estatal oficial que cruce la infraestructura escolar con las tuberías de Pemex, sus estaciones de bombeo o sus plantas de almacenamiento.

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Indican que tampoco se ven simulacros constantes ni protocolos diferenciados para estas zonas de alta vulnerabilidad; la única respuesta institucional sigue siendo la de siempre: suspender las clases cuando el aire ya es irrespirable o el fuego ya es visible en el horizonte.

Lo más alarmante es cómo se ha normalizado vivir al límite. Mientras las manchas urbanas siguen creciendo sin control y la industria petrolera se expande, la seguridad de miles de estudiantes y maestros parece recaer en la suerte o en la terquedad de los padres de familia que se atreven a presionar para exigir un terreno seguro.

*DRR*