Avanza adiós a la huella de España en México
Ya se retiró a Colón de Reforma, la avenida Puente de Alvarado ahora se llama Avenida México Tenochtitlan, la estación Zócalo del Metro cambió a Zócalo-Tenochtitlan; en proyecto, renombrar la Plaza de la Constitución

Por tres siglos, de 1521 a 1821, este territorio se llamó Virreinato de la Nueva España, y fue país independiente a partir del 27 de septiembre de 1821 con el nombre de Imperio Mexicano, teniendo a Agustín de Iturbide como emperador.
Tras el fusilamiento de Iturbide en 1824 y el nacimiento de la República Mexicana en el mismo año, inició un proceso paulatino para borrar la huella histórica de España en el país, y aún hoy, 199 años después, éste no concluye.
Así, este lunes 24 de abril, sesionará la Comisión de Gobernación del Senado para aprobar un punto de acuerdo con el cual se busca que el nombre del Zócalo de la Ciudad de México sea Plaza de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos de 1824.
Lo paradójico es que actualmente la Plaza Mayor de México se denomina ya Plaza de la Constitución, pero en referencia a la Constitución Política de la Monarquía Española, mejor conocida como Constitución Española de 1812 o Constitución de Cádiz.
La senadora Mónica Fernández Balboa, en entrevista con Excélsior, dijo que su propuesta no se trata de una iniciativa de ley, sino simplemente de aprobar un exhorto para la modificación del nombre oficial de la plaza.
EXHORTO AL GOBIERNO DE LA CDMX
Es un punto de acuerdo para exhortar al gobierno de la Ciudad de México para cambiar el nombre de Plaza de la Constitución de la Monarquía Española, que fue promulgada por la Corte de Cádiz en 1812, a Plaza de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, así de sencillo.
Es un punto de acuerdo que es un exhorto, número uno; y número dos: no se está haciendo ninguna barbaridad. Y estoy enmarcándolo porque el año que entra es el bicentenario de la fundación del Estado Mexicano como tal, es la promulgación de la Constitución de 1824, donde se forma el pacto federal”, puntualizó la legisladora.
En los últimos cuatro años se ha acelerado un proceso en el país y particularmente en la capital para tratar de borrar la huella de España en México, valorando más la herencia indígena sobre la hispana o europea.
En 2020 se retiró el monumento a Cristóbal Colón de Paseo de la Reforma y, un año después, la avenida Puente de Alvarado, que llevaba el nombre del conquistador español Pedro de Alvarado, adoptó el título de Avenida México Tenochtitlan.
La estación Zócalo del Metro también tuvo un cambio a su nomenclatura en 2021 y ahora se llama Zócalo-Tenochtitlan.
A la par, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha solicitado en varias ocasiones que España pida disculpas a México por la conquista de hace cinco siglos, sin que el gobierno español haya accedido a ello.
¿Realmente, se puede desvincular por decreto a México de su herencia española? Infinidad de ciudades y pueblos tienen un nombre que conjuga a un santo católico, venerado en España, y un nombre indígena, como por ejemplo Santiago de Querétaro o San Francisco de Campeche.
Hay grandes capitales del México actual que replicaron el nombre español y hoy son metrópolis mucho más vigorosas que sus contrapartes hispanas, como Guadalajara, Mérida, Durango, León, Guanajuato; Córdoba, Veracruz; Guadalupe, Zacatecas; Valladolid, Yucatán, y Salamanca, Guanajuato.
Los topónimos de ciudades y regiones en México hablan de la herencia hispana, como por ejemplo Matamoros o Paso de Cortés, entre otras.
EL ZÓCALO DE SANTA ANNA
El 22 de mayo de 1813 la plaza mayor de México fue bautizada como Plaza de la Constitución. La razón fue un acto de lealtad del virrey Félix María Calleja hacia la recién instaurada Constitución de Cádiz y la Corona española, con ello se buscaba contrarrestar el movimiento independentista.
El nombre de Zócalo para denominar a la Plaza Mayor de México proviene de una base de una columna construida durante el gobierno de Antonio López de Santa Anna para erigir originalmente el monumento a la Independencia en dicho lugar.
La primera piedra de dicha base o zócalo, se colocó el 16 de septiembre de 1843, y el proyecto del arquitecto Lorenzo de Hidalga contemplaba la colocación de la Columna de la Independencia.
La columna sería puesta sobre un basamento de ocho lados, cada uno tendría esculturas de los héroes de dicha época, pero México comenzó una época de endeudamiento, por lo que el proyecto no se concluyó y permaneció así por varios años.
En 1864, el emperador Maximiliano de Habsburgo quiso concluir el proyecto de Lorenzo de Hidalga y la columna iría acompañada por estatuas de los héroes de la independencia y por una Victoria Alada en su cima.
Debido a la ausencia de Maximiliano, la emperatriz Carlota fue la encargada de colocar la primera piedra el 16 de septiembre de ese año. El monumento nuevamente quedó inconcluso y ahora es ocupado por el asta bandera.
PLAZA EN HONOR A MÉXICO
En 1879, la base o zócalo fue rematada con un kiosco donado por Antonio Escandón, el cual permaneció en el lugar varios años.
La senadora de Morena, Mónica Fernández Balboa, presidenta de la Comisión de Gobernación del Senado, señaló que cambiar el nombre de la Plaza de la Constitución es el mejor homenaje que se puede realizar para los constituyentes de 1824 y el primer presidente de México, Guadalupe Victoria.
Entonces, el año que entra es el bicentenario (de México como república federal); entonces, que mejor que en vez de que se siga llamando Plaza de la Constitución de la Monarquía Española, que se llame Plaza de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, nada más.
Y se han dicho muchas barbaridades, como si fuera una ocurrencia, pero yo te voy a decir que incluso, nuestro primer presidente de la República Mexicana, se cambió su nombre (José Miguel Ramón Adaucto Fernández Félix) a Guadalupe Victoria, a un nombre mexicano, haciendo honor a nuestras raíces, ¿por qué vamos a seguir manteniendo esto?”, dijo la senadora en referencia a seguir con el antiguo nombre de la plaza.
La senadora Fernández Balboa explicó que, si el lunes se aprueba el punto de acuerdo en la Comisión de Gobernación, el martes o miércoles, en las dos últimas sesiones del Senado del actual período ordinario de sesiones, el resolutivo se podría aprobar en el pleno del Senado.
Pues nosotros vamos a trabajar en comisiones el lunes, y ya se determinará en el Pleno si queda en el orden del día y se vota”, indicó la legisladora de Morena. Hay que aclarar que si no se vota esta semana, el punto de acuerdo se llevaría al pleno hasta el próximo período ordinario de sesiones, en septiembre próximo.
ESPAÑA NO SE DISCULPÓ
En 2019, el presidente Andrés Manuel López Obrador envió una carta al rey de España, Felipe VI, en la cual solicitaba que la monarquía ibérica pidiera disculpas por la conquista de México y que se hiciera un “relato de agravios” y “se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones”.
El gobierno de España rechazó la solicitud basándose en el principio de que “no se deben juzgar acciones del pasado a través de una visión contemporánea”. En este sentido, la monarquía española calificó como “inaceptable” la petición.
Un año después, en 2020, la ministra de Asuntos Exteriores de España, Arancha González Laya, de visita en México insistió en la necesidad de construir relaciones bilaterales “sobre el pasado, pero mirando al futuro”.
Nosotros hemos sido muy transparentes desde el principio, España ha tenido a lo largo de su historia una mirada reflexiva y crítica, no ha esperado 500 años para tenerla”, dijo la representante ibérica al anunciar que su país estaría presente en los actos por los 200 años de la consumación de independencia de México, el 27 de septiembre de 2021.
Como fruto de esa reflexión nos presentamos a esta celebración. Pensamos que sería tremendamente útil plantearlo en términos de qué queremos hacer para los próximos 50, o 100 años, y creo que queremos cosas muy similares, que hemos aprendido de nuestros 500 años en común”, indicó.
EL ESPEJO ENTERRADO
La nación mexicana es mezcla de la cultura española y de las civilizaciones prehispánicas, por lo que resulta complicado eliminar parte de la misma por fundamentos de la coyuntura política.
En el libro El Espejo Enterrado (Fondo de Cultura Económica,1992), el escritor Carlos Fuentes expone que la nación mexicana podrá superar traumas y desencuentros cuando reconcilie plenamente su parte indígena y española.
El reconocido autor, fallecido en 2012, había señalado que no es borrando símbolos o nombres españoles como se podrá alcanzar la plena identidad, no sólo de México, sino de América Latina en su conjunto.
La conquista de México fue algo más que el asombroso éxito de una banda de menos de seiscientos soldados europeos frente a un imperio teocrático. Fue la victoria de los otros indios en contra del soberano azteca.
Fue la victoria del mundo indígena contra sí mismo, puesto que los resultados de la conquista significaron para la mayor parte de los indígenas exterminio y esclavitud. Pero también fue, como habremos de ver, una derrota del propio conquistador.
“¿Se entenderá algún día la conquista de México como una derrota del vencedor y del vencido, al fin de poderla considerar, al cabo, como una victoria de ambos?”, planteó Carlos Fuentes.
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