‘Aquí no pasó nada’; mensaje de México después de la matanza de Tlatelolco

Desde la Secretaría de Relaciones Exteriores se giró un telegrama a todas las embajadas mexicanas con imprecisiones y omisiones de lo ocurrido el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco

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Foto: Archivo histórico Excélsior

CIUDAD DE MÉXICO.

El mensaje que el gobierno de México envió al mundo desde la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), horas después de la matanza de Tlatelolco, fue lo más parecido a que “aquí no pasó nada”.

Con los Juegos Olímpicos en puerta —estaban programados para comenzar el 12 de octubre de 1968—, el 4 de ese mes, a menos de 24 horas de los hechos en la Plaza de las Tres Culturas, donde al menos murieron 34 personas, la Cancillería mexicana intentó contener los daños, con imprecisiones y omisiones.

En primer término está un telegrama enviado desde la Cancillería a todas las embajadas de México en el mundo, firmado por el entonces subsecretario Gabino Fraga Magaña. En este documento, que fue hecho público a través del proyecto Archivos del Autoritarismo Mexicano, presentado por El Colegio de México, Relaciones Exteriores da esta explicación a sus representantes sobre los acontecimientos del 2 de octubre de 1968:

…Localizados exclusivamente en área Tlatelolco(,) fueron provocados por francotiradores apostados en azoteas (de) edificios (que) circundan (la) Plaza (de las) Tres Culturas(,) quienes abrieron fuego contra tropas Ejército”.

De acuerdo con el documento identificado como B-10049, firmado por Fraga Magaña, la “situación (está) controlada e instigadores detenidos y sujetos (a) proceso judicial. Toda la ciudad se encuentra tranquila”.

Ese telegrama, con inscripciones manuscritas, como la circular a todas las embajadas, no habla de muertos, heridos o detenidos.

La preocupación que el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz tuvo desde que el conflicto estalló, el 21 de julio de 1968, que era la realización de los Juegos Olímpicos, quedó de manifiesto, una vez más en ese telegrama:

(El ) Comité Olímpico Internacional(,) cuyos miembros se encuentran(,) está y en consecuencia tienen pleno conocimiento (de la) situación (y) han declarado no, repito no, existe motivo para pensar en alteración alguna (del) programa (de la) Olimpiada. Sabemos que (los) jefes (de las) delegaciones deportivas que ya se encuentran aquí están informando a miembros de sus propias delegaciones que aún no han llegado que no, repito no, hay razón alguna para que aplacen o suspendan (su) viaje (a México)”.

El telegrama, además del nombre tiene la firma autógrafa del Gabino Fraga Magaña.

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Ese mismo 4 de octubre de 1968, Gabino Fraga, quien quedó en ese momento como encargado de la Cancillería, pues su titular Antonio Carrillo Flores estaba en Nueva York, se reunió con el embajador de Italia, Enrico Guastone Belcredi, en razón de que la periodista de ese país, Oriana Fallaci, había resultado herida en Tlatelolco.

En la edición del 4 de octubre de 1968, en la primera plana de Excélsior se publicó la información de ese encuentro, donde Fraga Magaña dijo que el gobierno de México “ha tomado todas las medidas necesarias para brindar protección a los visitantes y participantes en los Juegos Olímpicos”. Aunque también omitió decir por qué hacía esa declaración.

10  días faltaban para el inicio de la Olimpiadas, luego del hecho en Tlatelolco

Otro hecho donde el gobierno de Díaz Ordaz optó por omitir cualquier mención de lo ocurrido horas atrás en Tlatelolco, sucedió en Nueva York, precisamente con el canciller Carrillo Flores, el 4 de octubre.

En la publicación del 5 de octubre de 1968, Excélsior dio a conocer, como noticia principal, la participación de Carrillo Flores en la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El compromiso olímpico se cumplirá, dijo Carrillo en la ONU”. Es el encabezado principal de Excélsior. Luis de Cervantes, enviado de este diario a la ONU, escribió que en el máximo foro mundial y ante el interés de la Asamblea General, el canciller Antonio Carrillo Flores aseguró que México hará honor al compromiso de celebrar la XIX Olimpiada, y que está seguro “de que participantes y espectadores saldrán con el testimonio de haber convivido en una comunidad” que, sin estar al margen de los problemas y de las tensiones propias de nuestra época, “finca su orgullo en buscar la amistad de los pueblos, de todas las razas y de todas los rumbos de la tierra, con sólo que amen la paz y estén dispuestos a procurar convertir en realidad cotidiana la igualdad entre todos los hombres”.

El canciller mexicano habló en la asamblea de la ONU de amenazas de guerra en el mundo, pero nada dijo de lo que ocurrió en la Plaza de las Tres Culturas.

Y abundó sobre la preocupación fundamental del gobierno mexicano en los Juegos Olímpicos.

La próxima semana, en la capital de mi patria, va a iniciarse la XIX Olimpiada, en donde jóvenes de más de cien países, sin distinción de razas, credos o ideología, lo cual adquiere un valor simbólico en este año internacional de los derechos humanos, que compitan limpiamente por alcanzar el de regresar a sus lugares, los unos, con galardones, los más, con la satisfacción haber puesto lo mejor de su esfuerzo para dar a la juventud de todo el planeta y estímulo que haga posible que las futuras generaciones sean mejores, física y espiritualmente que la actuales”.

 

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