Régimen iraní enfrentó su mayor desafío, pero ha evitado un colapso

Especialistas coinciden en que las manifestaciones son históricas, pero sólo fracturas en el ejército o en el entorno del ayatola podrían volcar al sistema; tres semanas de protestas en el país

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La semana pasada fueron convocadas marchas a favor de las autoridades de Irán.AFP y Reuters

PARÍS.

Miles de manifestantes en las calles de Irán desafiaron como nunca a la República Islámica, pero parece que la magnitud del movimiento no bastó para derrocar al régimen teocrático en el poder.

Analistas consultados por AFP son extremadamente prudentes sobre el alcance de estas manifestaciones, debido a la unidad que demostraron las autoridades.

Sin embargo, señalaron que las protestas se intensificaron desde su inicio el 28 de diciembre.

“Estas manifestaciones representan sin duda el desafío más serio al que se ha enfrentado la República Islámica en años, tanto por su magnitud como por sus reivindicaciones políticas cada vez más explícitas”, estimó Nicole Grajewski, profesora del Centro de Investigaciones Internacionales de Sciences Po en París.

“Este movimiento es diferente porque sintetiza todos los anteriores: las revueltas económicas, las revueltas por la igualdad entre mujeres y hombres, las revueltas estudiantiles y las de las clases medias”, observó Clément Therme, investigador asociado del Instituto Internacional de Estudios Iraníes.

Para Jason Brodsky, director de United Against a Nuclear Iran, estas manifestaciones son “históricas” y cuanto más duran, “más inyectan inestabilidad en el corazón del régimen”.

Pero los factores internos, es decir, las deserciones dentro del ejército y/o las fracturas en el entorno del guía supremo, siguen siendo el principal criterio para hacer tambalear al poder.

“Es el abandono del aparato de seguridad, la confraternización con los manifestantes” lo que puede provocar su caída, explica Therme.

“¿Hasta qué punto las fuerzas del orden seguirán obedeciendo órdenes y disparando munición real contra la multitud?”, se preguntó, mientras que la represión provocó al menos varios cientos de muertos.

“Por el momento no hay un vuelco sistémico de las fuerzas del orden ni confraternización con los manifestantes”, señala.

Tampoco hay, por ahora, señales aparentes de fractura en el seno de los poderosos Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico de la República Islámica.

“Si miembros de los servicios de seguridad o de las élites políticas de primer nivel llegaran a desertar, o si los manifestantes lograran tomar y conservar instituciones gubernamentales clave, ello señalaría un cambio significativo en la limitación de fuerzas”, coincide Grajewski.

Al contrario, afirma, “manifestaciones masivas, por sostenidas que sean, tienen pocas probabilidades de ser suficientes sin divisiones en la cúpula y dentro de las instituciones encargadas de reprimir la protesta”.

La ola de protestas, iniciada en Teherán por comerciantes indignados por el elevado costo de la vida, se expandió a las regiones más pobres del país, en el oeste.

Millones de iraníes, incluidos de la clase media, se enfrentan a una grave crisis económica y ya no pueden soportar el vertiginoso aumento de los precios.

“La República Islámica está atrapada en un círculo vicioso, ya que cuanto más reprime, más se deteriora la situación económica del país”, constata Therme.

El presidente estadunidense, Donald Trump, amenazó con “golpear muy fuerte” a Irán si reprimían a los manifestantes.

“Es posible que, bajo la presión combinada de las protestas internas y las amenazas extranjeras de Estados Unidos e Israel, miembros del régimen emprendan una acción de tipo golpe de Estado y modifiquen las políticas y estructuras fundamentales del régimen. Eso también sería la caída del régimen”, opina Arash Azizi, de la universidad de Yale.

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