¿Por qué en México acostumbramos dejar propina?
Salarios mínimos y trato cercano explican por qué la propina es casi obligatoria.

En México, dejar propina es mucho más que una regla no escrita: es una costumbre profundamente arraigada en la vida cotidiana. Aunque no está establecida por ley, la propina funciona como un gesto social de agradecimiento, pero también como un complemento económico clave para millones de trabajadores.
La práctica tiene raíces históricas y culturales que ayudan a explicar por qué, en México.
¿La propina ligada al servicio?
El hábito de dejar propina en México se consolidó durante el siglo XX, cuando el sector servicios comenzó a crecer con fuerza en ciudades turísticas y urbanas. Restaurantes, hoteles y bares adoptaron modelos laborales en los que el salario base era bajo, bajo la premisa de que las propinas completarían el ingreso del trabajador.
Con el tiempo, esta dinámica se normalizó. Hoy, dejar entre 10 y 15 por ciento de propina en restaurantes es visto como parte del ritual social de comer fuera, más que como un extra opcional.
¿La propina ligada al servicio?
Una de las razones más importantes por las que la propina es tan común en México tiene que ver con la estructura salarial. Muchos meseros, repartidores, personal de limpieza, botones y valet parking reciben sueldos mínimos o incluso trabajan bajo esquemas informales.
Para ellos, la propina no es un “premio”, sino una parte fundamental de su ingreso mensual. En algunos casos, representa más de la mitad de lo que ganan. Por eso, socialmente se ha construido la idea de que dejar propina es una forma de “hacer lo justo”, más que de reconocer un servicio excepcional.
Apoyo mexicano en la propina
A diferencia de otros países donde el trato es más distante, en México el servicio suele ser personal, cercano y cálido. El mesero que recomienda un platillo, el repartidor que avisa que ya llegó o el taxista que ayuda con las bolsas no solo cumplen una función laboral: establecen una interacción humana.
La propina, en ese contexto, funciona como un acto de empatía, una manera de decir “gracias” sin palabras. Es una extensión de la cortesía mexicana, donde el buen trato se valora tanto como el producto o servicio recibido.
El turismo también ha jugado un papel clave. En destinos como Cancún, Los Cabos o Ciudad de México, la convivencia con visitantes extranjeros —especialmente de Estados Unidos— reforzó la cultura de la propina. Con el tiempo, esa práctica se expandió a todo el país y a más sectores.

Hoy, incluso en servicios digitales como apps de comida o transporte, la propina sigue presente, aunque el contacto humano sea breve.
¿La propina es obligatoria legalmente?
Aunque muchas personas sienten presión social para dejar propina, es importante recordar que no es obligatoria. Legalmente, ningún establecimiento puede exigirla. Sin embargo, la costumbre pesa, y no dejarla suele generar incomodidad o culpa, sobre todo cuando se sabe que el trabajador depende de ella.
Esto ha abierto debates recientes sobre la necesidad de mejores salarios y condiciones laborales, para que la propina vuelva a ser lo que originalmente debería ser: un reconocimiento voluntario, no una compensación salarial.
En el fondo, dejar propina en México habla de una cultura donde el trato humano, la gratitud y la solidaridad tienen un valor especial. Es una práctica imperfecta, sí, pero profundamente conectada con la realidad económica y social del país.
De acuerdo a especialistas, mientras no cambien las condiciones laborales en muchos sectores, la propina seguirá siendo parte de la vida diaria.
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