Itigilov, el Monje de los 200 años y el misterio de un cuerpo incorruptible
La creencia popular sostiene que Itigilov permanece en hibernación desde hace casi un siglo

Dashi-Dorzho Itigilov obliga a realizar peregrinaciones desde diferentes partes del mundo, porque estar bajo su presencia simplemente provoca el bien. El creyente recibe sus consejos en sueños, por lo que es posible resolver problemas y adquirir paz. La presencia del monje es también fuente de salud; algunos relatos hablan de personas que acudieron al templo y sanaron. Un hombre había ido en muletas y su benevolencia lo curó.
Itigilov, nacido en 1852, se encuentra vivo, pero su cuerpo pareciera momificado. El lama budista está ataviado con una kasaya de color marrón y permanece en posición de flor de loto al interior de una enorme vitrina, en el templo más importante de un caserío conocido como Ivolginsky.
Está prohibido hacer ruido y solamente se puede hablar en voz muy baja. La tradición obliga a no dar la espalda a Dashi-Dorzho Itigilov.
Desde el interior del templo principal pueden escucharse los mantras monofónicos recitados desde afuera, dando así un ambiente sacro y siendo, para un occidental, un lugar con un profundo dejo exótico.
Persecución soviética y muerte del lama budista
Dashi-Dorzho Itigilov nació en el seno de una familia cosaca, en un pueblo llamado Orongoi, situado a unos cuantos kilómetros al sur de donde hoy tiene su santuario. Huérfano desde niño, fue inscrito para estudiar budismo. Se formó en medicina y filosofía. En 1903 se convirtió en el abad principal del monasterio Yangazhinsky.
En 1911 fue investido como Pandito Khambo Lama de los budistas siberianos. El título religioso existe desde 1764. Esta tradición tibetana llevó a que Itigilov fuera reconocido como la reencarnación del primer Pandito Khambo Lama Zaiaev, que vivió entre 1711 y 1776.
En 1904 comenzó la guerra ruso-japonesa, en la que el Imperio del Sol Naciente se impuso. El monje participó desplegando servicios budistas para los caídos en combate.
Poco después, por sus servicios a favor de Rusia durante la Primera Guerra Mundial, Itigilov fue condecorado con la Orden de Santa Ana por el zar Nicolás II. A pesar de lo que ello podría significar económicamente, el religioso rechazó cualquier lujo.
Pero con la llegada de la Revolución Bolchevique, el comunismo llegó a todos los rincones de Rusia; entonces la Unión Soviética comenzó las persecuciones religiosas. Itigilov instó a los budistas a huir a Mongolia, pero él permaneció en Buriatia, donde nunca pudo ser apresado.
Murió el 15 de junio de 1927, mientras cantaba un mantra en la posición en la que hoy yace. Pidió ser sepultado en la posición de su muerte y ser exhumado 30 años después. Su sepulcro fue un secreto durante décadas, porque la Unión Soviética destruyó templos y monasterios.
Fue un primo lejano de Itigilov el que mantuvo la tradición oral del Lama Khambo, así como el sitio del entierro para que, con el tiempo, fuera exhumado secretamente en 1955. Pero fue vuelto a enterrar en un ataúd de madera y lleno de sal. Lo mismo ocurrió en 1972.
Las exhumaciones de Itigilov y el misterio de sus restos
En 2002, Dashi-Dorzho Itigilov volvió a ser exhumado. Y es que se le apareció en sueños a un joven lama.
El estado en el que se conservaban los restos del iluminado sorprendió a toda la comunidad. Le hicieron estudios científicos que no lograron explicar su condición de “incorruptible”.
Esto llevó a los creyentes a darle una calidad de “santo” al lama, porque los budistas buriatos aseguran que sigue vivo, toda vez que ha alcanzado el estado meditativo superior conocido como shuniata o vacuidad, relativo a la nada.
Desde 2008, Itigilov yace en el templo que actualmente lo guarece. Ahí ha sido visitado por dos presidentes rusos, Dmitry Medvedev y Vladimir Putin.
La villa de Ivolginsky, santuario del budismo buriato
La Villa de Ivolginsky se encuentra a unos 30 minutos al suroeste de Ulán-Udé, y a unos 100 kilómetros al norte de la frontera con Mongolia.
Ivolginsky es un terreno sagrado. Afuera del caserío, como en muchos santuarios religiosos, hay puestos comerciales en los que venden toda serie de objetos budistas, incluyendo imágenes antiguas del duodécimo Lama Pandito Khambo.
También existen tiendas de abarrotes y algunos locales de comida buriata y mongola y, enseguida, un pequeño pueblo llamado Verkhnyaya Ivolga, sin calles pavimentadas.
El viento helado que baja de las montañas del norte corta la piel.
Para ingresar a la Villa de Ivolginsky se debe pedir permiso. Existen cuatro accesos y son concordantes con los puntos cardinales.
En el recorrido que el visitante debe hacer en la villa se levanta un armazón metálico que sostiene una enorme rueda de plegaria, de tradición tibetana, la cual se debe girar hacia el lado contrario de las manecillas del reloj para “alargar la vida”.
El feudo tiene unas 25 casas, prácticamente todas de madera. Poseen chimenea y antena de televisión satelital. Las bajas temperaturas llegan a los 50 grados bajo cero.
Existen tres templos principales. En uno de ellos mora Dashi-Dorzho Itigilov, confinado a su altar. Además, el complejo cuenta con una universidad budista.
Varias estupas se alzan honrando a los muertos y en el entorno abundan las ruedas de plegaria montadas en estructuras de madera.
Al sur de la demarcación existe un estadio. Pero no se juega futbol. Se practica la antigua equitación mongola y el tiro con arco desde el caballo a galope.
*mcam