El Helicoide: de edificio futurista a símbolo de tortura; décadas de oscuridad

Concebida como centro comercial y adaptada como prisión para opositores políticos, la construcción tendrá un nuevo uso tras años de denuncias

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El HelicoideEspecial

El Helicoide, la icónica estructura en espiral construida sobre un cerro en la parroquia de San Pedro, en la década de 1950, está a punto de cerrar un capítulo oscuro en la historia reciente de Venezuela. 

El pasado 30 de enero de 2026, la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció una ley de amnistía general para cientos de presos políticos, junto con un plan de reconversión del Helicoide.

Según el anuncio, el complejo dejará de funcionar como centro de detención para convertirse en un espacio social, deportivo, cultural y comercial, en un intento de promover la paz y la convivencia nacional tras años de tensiones políticas.

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.Infografía: Erick Retana
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.Infografía: Erick Retana

Una joya de museo

Originalmente concebido como un centro comercial vanguardista con espacios comerciales, hotel y helipuerto, el Helicoide nunca llegó a inaugurarse como tal y, con el tiempo, se transformó en uno de los símbolos más notorios de represión política en el país.

Fue diseñado por Pedro Neuberger, Dirk Bornhorst y Jorge Romero Gutiérrez con un audaz concepto arquitectónico que pretendía emular una sofisticada experiencia de compra con rampas helicoidales para automóviles.

El proyecto llegó a exhibirse en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Pablo Neruda lo llamó “rosa de concreto” y Salvador Dalí se ofreció para decorar sus interiores.

Comenzó a construirse durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1951-1958), pero quedó inconcluso por falta de fondos tras el auge petrolero y el cambio de gobiernos tras la caída del mandatario.

Durante la década de los 60 y 70 el edificio permaneció sin uso, pese a intentos frustrados de retomarlo y rehabilitarlo. Algunas personas sin hogar llenaron de colchones las rampas hasta que    en 1975 el Estado venezolano lo adquirió. 

La estructura fue ocupada por la policía política de Disip hasta 1986, y hasta hace unos días por la Policía Nacional y el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) como centro de detención para opositores políticos.

En 1992, durante el segundo intento de golpe de estado de Hugo Chávez, la fuerza aérea rebelde bombardeó el edificio, pero fue reconstruido.

Bajo los gobiernos de Chávez y luego de Nicolás Maduro, el Helicoide se consolidó como uno de los principales centros de detención para opositores, activistas, periodistas, estudiantes y militares disidentes.

Espacios originalmente pensados para tiendas y oficinas fueron convertidos en celdas improvisadas y zonas de castigo.

Símbolo de represión

Durante años, organizaciones de derechos humanos y familiares de detenidos denunciaron que el Helicoide funcionó por casi tres décadas de las dictaduras chavistas como prisión de alta seguridad donde se mantenían críticos del gobierno venezolano en condiciones extremas.

Testimonios recopilados por varias ONG como como Foro Penal, Amnistía Internacional y Human Rights Watch, describen hacinamiento, torturas, malos tratos, privación de libertad arbitraria e irregularidades judiciales en el Helicoide.

La sede fue calificada por defensores de derechos humanos como uno de los centros de tortura más grandes de América Latina. 

Exdetenidos relatan prácticas extremas de tortura física y psicológica en el interior del edificio, desde largos periodos sin acceso regular a visitas y aislamiento, hasta golpes, colgamientos y descargas eléctricas.

“Toda esa situación es tortuosa, te da miedo, te da ganas de morir, de no existir, porque eres nada. Estás ahí y sabes que… prefieres morirte que estar ahí”, contó a CNN Víctor Navarro, un exprisionero y creador del proyecto Realidad Helicoide que reconstruye virtualmente las instalaciones del edificio.

“Viví el dolor de la cárcel, (mi) familia, cuatro hijos esperándome, mis estudiantes”, contó también el activista venezolano Javier Tarazona después de ser excarcelado la semana pasada tras mil 675 días en el Helicoide. “Fueron momentos dolorosos, momentos que no le deseaba a nadie”.

Las autoridades negaron siempre estas acusaciones y cuestionaron las investigaciones de Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional. Maduro llegó a decir que el Helicoide era una “referencia moral”.

Un giro social

A inicios de 2026, la presidenta interina Delcy Rodríguez anunció la excarcelación de “un número importante de personas” en medio de la presión impuesta por Estados Unidos tras derrocar a Nicolás Maduro en una operación militar el 3 de enero.

El anuncio se produce en medio de la liberación de más de 300 presos políticos desde comienzos de año, aunque Foro Penal asegura que aún hay poco más de 700 presos políticos, decenas de ellos en el Helicoide.

Familiares de los presos han recibido estas medidas, con esperanza y cautela. 

Mientras el gobierno proyecta un nuevo uso para el Helicoide, activistas, familiares de los detenidos y ONG continúan reclamando no sólo la liberación de los presos detenidos restantes, sino también una investigación exhaustiva de los abusos cometidos en ese lugar.

“El cierre del Helicoide no resuelve el problema de injusticia en este país. Si cerrar el Helicoide es borrar una memoria, yo creo que hay que trabajar para que no se repita eso”, afirmó Tarazona. “No sólo es el Helicoide. Hay que revisar todos los centros penitenciarios”, agregó.

Marino Alvarado, célebre defensor de derechos humanos, dijo a AFP que más que un espacio cultural, el Helicoide debe “ser un centro de memoria”.