Familias de militares de EU viven "montaña rusa de emociones" por guerra en Irán

Estados Unidos tiene más de 50 mil soldados en Oriente Medio; 18 militares han muerto y más de 750 han resultado heridos en los seis meses de conflicto.

El portaaviones de la clase Nimitz USS Abraham Lincoln (CVN 72) y al buque de asalto anfibio de la clase Wasp USS Kearsarge (LHD 3)
El portaaviones USS Abraham Lincoln pasó más de 200 días sin hacer escala en ningún puerto. AFP

Desde que Estados Unidos entró en guerra con Irán hace seis meses, Courtney Sanders ha estado ayudando a las familias de los soldados a cubrir las carencias que han dejado sus seres queridos.

Hay que coordinar la recogida de los niños del colegio, complementar los ingresos perdidos… y lidiar con la omnipresente ansiedad por la separación.

"Es como estar en vilo todo el tiempo", afirmó.

Dirige la delegación de Chicago de Blue Star Families, la mayor organización sin ánimo de lucro del país dedicada a las familias de militares, y sus propias hijas forman parte de la Marina. Han prestado servicio en diversos destinos en el extranjero durante los últimos seis meses, incluido Oriente Medio.

Estados Unidos tiene más de 50 mil soldados estacionados en toda la región y ha desplegado a miles de infantes de Marina y marinos adicionales para apoyar el esfuerzo bélico. Dieciocho militares estadunidenses han perdido la vida en el conflicto y más de 750 han resultado heridos.

Entre los combates intermitentes de la guerra, la diplomacia de ida y vuelta y las fallidas negociaciones de paz, las familias de los militares han vivido una "montaña rusa de emociones", afirmó Sanders. "En el momento en que sientes que puedes respirar hondo, te vuelven a dar un puñetazo en el estómago".

Estas son presiones habituales para las parejas y los hijos, las madres y los padres de los militares estadunidenses. Pero la repentina aparición del conflicto con Irán y su ritmo irregular han tenido un efecto agravante, según explicaron los familiares a Reuters.

En una encuesta realizada por Blue Star Families a unas 200 familias de militares en servicio activo a principios de marzo, el 81por ciento declaró sufrir un mayor estrés debido al conflicto con Irán.

La organización ha respondido intensificando sus programas, creando centros de recursos en línea, organizando seminarios web y encuentros presenciales, y poniendo en contacto a cónyuges de militares que viven un despliegue por primera vez con quienes ya han pasado por ello anteriormente.

Los despliegues de muchos militares se han prolongado de forma inesperada.

El portaaviones USS Abraham Lincoln pasó más de 200 días sin hacer escala en ningún puerto —un récord en la actualidad, según los legisladores demócratas— y los medios militares informaron de intentos de suicidio y de una moral en declive entre sus 5 mil marineros e infantes de marina.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, afirmó que los informes "tergiversaban por completo" las condiciones a bordo.

Algunas familias de militares se encuentran en apuros económicos.

Los miembros de la Guardia Nacional, por ejemplo, suelen tener trabajos fijos cuando no están desplegados. La pérdida repentina de su principal fuente de ingresos puede dificultar que quienes se quedan atrás puedan llevar comida a la mesa, señaló Sanders.

Existe una enorme idea errónea en el mundo civil de que, si estás en el ejército, todas tus facturas están cubiertas", afirmó. "Y eso, francamente, no es cierto".

En un comunicado, el Pentágono declaró: "Vemos a estas familias y escuchamos sus preocupaciones. Haremos todo lo necesario para proporcionarles los recursos, la ayuda y la estabilidad que necesitan y merecen en estos tiempos difíciles".

Un mar de emociones

Shannon, esposa de un militar del Ejército y madre de tres hijos en Carolina del Norte —que pidió a Reuters utilizar solo su nombre de pila por motivos de seguridad—, intenta hacer caso omiso de las noticias y del debate político en torno a la guerra.

En febrero, su marido fue destinado a la región con apenas cinco días de antelación y solo pudo ponerse en contacto con ella de forma esporádica durante los primeros meses. Aunque desde junio se comunican casi a diario, "hay muchas emociones", dijo Shannon, "sobre todo cuando hay gente que está muriendo allí".

Sus hijos comenzaron una terapia durante el verano boreal. Ella intenta mostrarse fuerte delante de ellos, pero a veces llora cuando no están cerca.

Poco después del despliegue de su marido, Shannon se unió a un "grupo de preparación" para soldados y familias, patrocinado por el Ejército, dentro de la unidad de su marido, y ayudó a organizar turnos de comidas y otras formas de apoyo para los familiares que lo necesitaban.

"No todos los días van a ser estupendos, pero hay que seguir adelante y mantenerse ocupada", afirmó.

En Virginia, Pat, la esposa de un miembro de la Marina que también pidió que se la identificara solo por su nombre de pila por motivos de seguridad, ha intentado que la vida de sus hijos, que están en la enseñanza media y secundaria, sea lo más normal posible.

Desde que su marido partió en misión hace unos cinco meses, cuenta Pat, sus vecinos se han portado "de maravilla" ayudándola a recoger a los niños y con otras tareas domésticas.

Su familia se viste de rojo los viernes —una muestra de apoyo a los militares desplegados— y lo mismo hacen muchos de los compañeros de clase de sus hijos, incluso aquellos que no tienen vínculos con el ejército.

El marido de Pat ya ha estado desplegado anteriormente. Esta vez se llevó una grata sorpresa al descubrir que su barco disponía de wifi, lo que facilita la comunicación. Aun así, su familia está lidiando con la incertidumbre de cuándo regresará.

"Al tener hijos mayores y saber que papá no estaba allí para ver esos eventos deportivos, algunas de esas situaciones han sido un poco emotivas", dijo. "Pero mis hijos son muy fuertes".