La portavoz del gobierno español recomienda ver la actuación de Bad Bunny en el SB

Elma Saiz recomendó ver a Bad Bunny en el Super Bowl, tras su histórico Grammy y un show con identidad puertorriqueña y polémica política en la NFL 

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La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Gobierno, Elma Saiz, durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, el 10 de febrero de 2026, en Madrid.Europa Press / Gabriel Luengas

La portavoz del Gobierno y ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, recomendó a los ciudadanos ver la actuación de Bad Bunny en la última edición del Super Bowl, durante la conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros.

Como saben, siempre me gusta terminar con un apunte cultural. Me van a permitir que les recomiende ver la actuación de Bad Bunny en el Super Bowl”, indicó la ministra al término de su intervención. 

Un momento histórico para la música en español

Una semana después de convertirse en el primer ganador del Grammy a Álbum del Año con un disco íntegramente en español, Debí tirar más fotos, el artista puertorriqueño se convirtió también en el primer solista latino de habla hispana en encabezar el espectáculo del medio tiempo del Super Bowl del pasado domingo.

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Reuters

Este doble reconocimiento consolidó su posición como una de las figuras más influyentes de la música global contemporánea. 

Un espectáculo con identidad puertorriqueña

Durante la final que enfrentó a los New England Patriots y a los Seattle Seahawks, los dos mejores equipos de la NFL, en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, el cantante ofreció un espectáculo cuyo decorado y vestuario evocaron los campos de caña de azúcar de Puerto Rico.

La actuación contó con la colaboración de artistas como Lady Gaga y Ricky Martin, quien interpretó la canción Lo que le pasó a Hawaii, del propio Bad Bunny. 

Mensaje de unidad y polémica política

El puertorriqueño concluyó su actuación con un mensaje de unidad, al pedir en inglés que “Dios bendiga a América” y aludir a los países del norte, centro y sur del continente, mientras múltiples bailarines ondeaban banderas a su alrededor.

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Durante la transmisión del evento, el presidente estadunidense Donald Trump cargó contra la actuación del artista, al calificarla como “una bofetada en la cara” para el país y asegurar que “nadie entiende una palabra”.

¡El espectáculo del medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, uno de los peores, jamás! No tiene sentido, es una ofensa a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad o excelencia”, escribió Trump en Truth Social, donde añadió que “nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo y el baile es asqueroso, especialmente para los niños pequeños que están mirando desde todo Estados Unidos y desde todo el mundo”.

¿Todos enganchados con Bad Bunny? No

La recomendación pública de la ministra Elma Saiz ha generado una intensa controversia política y social en España. El comentario ha dividido opiniones entre quienes lo interpretan como un gesto político coherente con los valores del Ejecutivo y quienes lo consideran una frivolidad impropia del cargo.

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La polémica no se limita al gusto musical o al impacto mediático del artista puertorriqueño, sino que se centra en el fuerte contenido político del mensaje y en el contexto institucional en el que fue recomendado. 

Saiz justificó su recomendación como un “apunte cultural”, pero el trasfondo va más allá del espectáculo. Durante su actuación en el Super Bowl —y días antes, en la gala de los GrammyBad Bunny lanzó un mensaje explícitamente pro-migrante, con críticas directas a las políticas migratorias del expresidente estadunidense y al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). En uno de los momentos más comentados, el artista proclamó que “no somos salvajes, somos humanos”.

Desde el entorno del Gobierno se interpreta que la ministra utilizó la repercusión global del evento para reforzar una posición política clara: la defensa de una visión más humanitaria de la migración, en línea con la política migratoria que el Ejecutivo español mantiene frente a otros países occidentales.

 Reacciones en contra: oposición y críticos

Las críticas no se hicieron esperar y se articularon en varios frentes. Desde la oposición, especialmente Partido Popular y Vox, se acusó a Saiz de incurrir en frivolidad política. Sus portavoces cuestionaron que una ministra responsable de áreas como la Seguridad Social o la gestión migratoria dedicara espacio institucional a recomendar un espectáculo de reguetón, en lugar de centrarse en asuntos como las pensiones o la presión migratoria en las costas españolas.

A estas críticas se sumaron sectores feministas y conservadores que señalaron una supuesta contradicción de valores. Argumentan que resulta incoherente que un Gobierno que se define como feminista promocione a un artista cuyas letras han sido calificadas en el pasado de machistas o cosificadoras.

Otro eje del rechazo ha sido la acusación de uso ideológico de la cultura. Analistas y comentaristas han denunciado un intento del Ejecutivo de “importar” las batallas culturales de Estados Unidos para polarizar el debate público en España y desviar la atención de problemas internos. 

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Reacciones a favor: Gobierno y sectores progresistas

En el lado opuesto, desde el entorno del PSOE y de Sumar se ha defendido la recomendación como un gesto político legítimo. Para estos sectores, visibilizar discursos de tolerancia, diversidad y defensa de los derechos humanos en escenarios de máxima audiencia es una forma de contrarrestar el avance de la ultraderecha. La propia Saiz llegó a afirmar que “bienvenido sea todo lo que ayude a frenar a la ultraderecha”.

También se ha puesto en valor la dimensión cultural del gesto. Para sus defensores, Bad Bunny representa la proyección global de la cultura latina y del español en espacios históricamente dominados por la cultura anglosajona, convirtiéndose en un símbolo de resistencia cultural frente a discursos de odio y exclusión. 

Una controversia abierta

En el fondo, la polémica refleja un debate más amplio sobre los límites entre cultura, política e instituciones. Mientras el Gobierno reivindica la legitimidad de utilizar referentes culturales populares para lanzar mensajes políticos, la oposición denuncia una banalización del discurso institucional. Un choque de visiones que, más allá de la música, vuelve a situar la batalla cultural en el centro del debate político español.

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