¿Por qué Trump cambió de parecer con Ucrania y ahora piensa darle armamento?

EU pasó de la frialdad diplomática a prometer misiles Patriot y duras sanciones contra Rusia ¿Qué motivó su brusco giro sobre Ucrania y por qué ahora apuesta por el envío de armamento?

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Donald Trump cambió su posición sobre Ucrania en las últimas semanas (Reuters | Diseño: Bernardo Morato)

A mediados de julio, el presidente de Estados Unidos,  Donald Trump, sorprendió a propios y extraños al anunciar el envío “inmediato” de misiles Patriot —pagados por los europeos— y un flujo continuo de armas estadunidenses a Kiev, aderezado con una amenaza de aranceles secundarios del 100 % sobre el petróleo ruso si Vladímir  Putin no aceptaba un alto el fuego en 50  días. Solo dos semanas antes, el Pentágono había congelado las transferencias de armamento a Ucrania, alimentando el temor a un abandono total de Washington.

El giro, anunciado junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, mostró que no se trataba de un arrebato unilateral, sino de una coordinación transatlántica cuidadosamente trabajada.

La nueva postura contrasta con la agria reunión del 28  de febrero en el Despacho Oval, cuando Trump acusó en público al presidente  Volodímir  Zelenski de ser “un obstáculo para la paz” y la conversación derivó en gritos que obligaron a cancelar la rueda de prensa conjunta. Aquel encontronazo marcó meses de tensión: Trump había llegado a calificar a Zelenski de “dictador” y amenazó con cortar ayudas si Kiev no avanzaba en negociaciones con Moscú.

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Donald Trump junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte. (Reuters)

El papel de Rutte y la OTAN

La clave del viraje, sostienen diplomáticos europeos, fue la “diplomacia de la adulación” de Mark Rutte, ex primer ministro neerlandés y nuevo secretario general de la OTAN. Rutte elogió públicamente a Trump por elevar el gasto aliado al 5 % del PIB y respaldó sin fisuras los bombardeos estadunidenses en Irán, un gesto que —según la revista TIME— allanó el terreno para que el presidente escuchara a los europeos sobre Ucrania.

En Washington, Rutte reiteró que “Europa está dando un paso al frente” y presentó la fórmula que conquistó a Trump: los aliados europeos pagarían las nuevas armas, que serían fabricadas por la industria estadunidense y transferidas a Kiev. Alemania ya ha comprometido la compra de baterías Patriot con cargo a los activos rusos congelados, mientras que Países Bajos, Reino Unido y Finlandia estudian pedidos similares (theguardian.com).

El esquema ofrece a Trump un triunfo político interno —empleo y exportaciones para su base industrial— sin desembolsar fondos federales. Pero ha generado fricciones: varios ministros europeos piden que Estados Unidos también “comparta la carga”, recordando que la supervivencia ucraniana es un interés atlántico común.

Sanciones, plazo y dudas futuras

El ultimátum de 50  días a Putin incluye la amenaza de castigar a cualquier país que compre crudo ruso con tasas del 100 %. El Congreso debate además la iniciativa Graham‑Blumenthal, que contempla sanciones graduales con exenciones para quienes reduzcan compras, un enfoque que funcionó con Irán.

Economistas advierten que un embargo tan severo puede disparar los precios del petróleo y avivar la inflación global, especialmente si China (47 % del crudo ruso) e India (38 %) ignoran las penalizaciones. De hecho, tras el anuncio, el mercado reaccionó a la baja al percibir que la Casa Blanca moderaba el tono, lo que revela dudas sobre la viabilidad de aplicar castigos tan drásticos.

En paralelo, Trump exteriorizó su frustración con Putin: dijo sentirse “muy, muy decepcionado” porque el ruso “habla de paz y por la noche bombardea” ciudades ucranianas. Fuentes cercanas al Consejo de Seguridad aseguran que, en una llamada de dos horas, el presidente espetó al líder del Kremlin que “se quedó sin cartas” y que Estados Unidos dejaría de “regalarle tiempo” si no mostraba gestos tangibles hacia un alto el fuego.

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Donald Trump, junto al presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, en la reunión de la OTAN en La Haya en junio pasado. (Reuters)

Para Kiev, el anuncio supone la mayor palanca de apoyo estadunidense desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022. Zelenski, que había agradecido en marzo las Javelin suministradas en 2019, celebró ahora que “la fuerza trae la paz” y reestructuró su gabinete para maximizar la cooperación con Washington. No obstante, analistas recuerdan que la credibilidad de Trump descansa en su consistencia, y su historial de giros bruscos mantiene a los aliados en guardia.

Si las sanciones se implementan y los Patriots llegan a tiempo, la economía rusa —ya tensionada— podría verse atrapada entre la carga bélica y la caída de ingresos de exportación, elevando el costo de la contienda para Putin . Pero el calendario es ajustado: cada día de los 50 concedidos ocurre bajo fuego real y con la sombra de que un repunte del crudo golpee a consumidores occidentales, erosionando el apoyo político a largo plazo.

Por ahora, la alianza trasatlántica ve en este giro de Trump una oportunidad para estabilizar la defensa ucraniana y aislar diplomáticamente a Moscú. Sin embargo, tanto en Bruselas como en Kiev reconocen que el camino está plagado de interrogantes: ¿mantendrá Trump su postura si Putin ofrece un cese al fuego parcial? ¿Aceptará el Congreso aranceles que puedan tensionar relaciones con Nueva Delhi y Beijing? ¿Responderá Moscú con nuevas ofensivas antes de que las baterías Patriot estén operativas?

La respuesta a estas preguntas definirá si el último volantazo estratégico de la Casa  Blanca es un punto de inflexión real o, como temen algunos mercados, un episodio más de la diplomacia de alto voltaje de Trump. Por ahora, todo depende de un reloj que corre y de la voluntad de cuatro protagonistas —Trump, Zelenski, Putin y Rutte— de sostener sus apuestas en el tablero europeo.

bm