¡Costaba un dólar! Esta es la polémica historia de la insulina, el medicamento contra la diabetes

El profesor Frederick Banting descubrió, junto con su alumno Charles Herbert Best, la insulina, la hormona que metaboliza los hidratos de carbono.

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La insulina ayuda a síntomas de diabetes

Hace unos días, las acciones de Eli Lilly, farmacéutica que se encarga de distribuir la insulina a todo el mundo, vio sus acciones caer, luego de una de las polémicas medidas que Elon Musk impuso en Twitter: el costo de la verificación, mejor conocida como palomita azul, ya que una cuenta falsa aprovechó para pasarse por la marca y decir que la insulina sería gratis para todos.

Muchos internautas, incluido Bernie Sanders, aprovecharon para criticar a la farmacéutica y mencionar que los descubridores de esta hormona habían hecho que sea gratuita, pero luego la farmacéutica le puso precio, pero qué sucedió.

La historia del descubrimiento de la insulina

Todo comienza en el verano de 1921, el profesor Frederick Banting descubrió, junto con su alumno Charles Herbert Best, la insulina, la hormona que metaboliza los hidratos de carbono y cuya ausencia se le conoce como la causa de la diabetes.

Los experimentos comenzaron en una perra llamada Marjorie, el 6 de agosto de 1921 en Canadá, el primer animal diabético del mundo que recibió extracto de páncreas o insulina en su estado más primitivo para paliar el déficit de esta hormona, la cual es importante para que las células del organismo asimilen la glucosa de la sangre.

¿Y las pruebas en humanos? Resulta que no pasó mucho, diciembre de 1921, para que intentaran el primer ensayo en una persona, pero falló, por lo que volvieron a repetir el experimento el 11 de enero de 1922, Leonard Thompson de 14 años y diabético desde los 12, recibió una inyección de extracto de páncreas.

Leonard se convirtió en el primer humano al que eliminaron los síntomas de la diabetes con extracto de páncreas.

¡Hagamos un spin-off de la insulina!

Pero, qué es la insulina, bueno antes de entender qué es esta hormona hay que regresar a finales del siglo XIX, en el que Paul Langerhans descubrió los islotes pancreáticos, los cuales describió como montoncitos de células.

Entre el verano de 1867 y el otoño de 1868 realizó investigaciones sobre la estructura del páncreas, tema de su tesis de doctorado.

En su experimentación utilizó, sobre todo, conejos a los que inyectaba un colorante (azul de Prusia) en el conducto pancreático para visualizar las ramificaciones y la estructura del sistema excretor. Así descubrió las células glandulares que secretan las enzimas digestivas pancreáticas.

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En 1893, el francés Gustave-Édouard Laguesse afirmó que quizá fabricaran algún producto de secreción interna y las denominó islotes de Langerhans.

Con algunos antecedentes de varios investigadores, ya se pensaba que en el páncreas debía haber una sustancia u hormona, que Meyer, en 1909, había denominado insulina, en caso de que existiese.

Los antecedentes: Los experimentos de Oscar Minkowski comprobaron la diabetes experimental, mientras que Opie y Sobolev, de manera independiente, habían afirmado que los islotes pancreáticos eran necesarios para el control metabólico de los carbohidratos y que la patología de estas células era la responsable de la diabetes.

El descubrimiento de la insulina

A finales de octubre de 1920, el médico canadiense Frederick Banting era profesor de fisiología en la escuela de medicina en London, Ontario. Después de servir como combatiente en la Primera Guerra Mundial, regresó para ejercer en su región de origen y completó su tiempo del consultorio dictando clases.

Cuando le asignaron dictar una clase sobre fisiología del páncreas, se encontró –de manera casual– el número más reciente de Surgery, Gynecology & Obstetrics y leyó un artículo de Moses Barron sobre un caso de litiasis pancreática encontrado al azar después de cientos de autopsias

En la necropsia, se encontró una atrofia de los ácinos con persistencia de las células de los islotes, algo parecido a lo que se observaba al bloquear por ligadura un conducto pancreático.

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Moses Barron descubrió que al ligar el conducto pancreático empezaban a atrofiarse los ácinos productores de enzimas y quedaba como remanente el tejido correspondiente a los islotes de Langerhans. Es decir, había dos tipos de tejidos pancreáticos con productos y acciones totalmente diferentes

Banting se propuso aclarar el asunto, pero al no encontrar ayuda en su facultad, le recomendaron que acudiera al profesor John James Rickard Macleod, jefe de fisiología de la Universidad de Toronto, para exponerle su idea simplista y pedirle ayuda.

En el verano de 1921, Macleod le prestó, con displicencia, su laboratorio y 10 perros, y como un proyecto de verano le asignó como asistente a Charles Best, un futuro estudiante de Medicina que tenía ya un grado de baccalaureate en Fisiología y Bioquímica.

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Los canadienses fracasaron en el intento de atrofiar totalmente el páncreas mediante la ligación del conducto de Wirsung; hubo recanalización, se presentaron infecciones y en poco tiempo murieron 7 de los 10 perros.

Los investigadores salieron a comprar perros callejeros económicos, en un momento en el que había gran activismo entre los protectores de animales. El dinero para esto provino de la venta de un carro marca Ford que Banting tenía.

Luego lograron hacer un extracto del páncreas remanente; tajadas de este fueron colocadas en solución de Ringer, enfriadas y maceradas en mortero y luego filtradas. Una hora después de inyectada la solución a un terrier diabético en coma, este se levantó y movió la cola. Los dos investigadores habían hecho un descubrimiento extraordinario

En una presentación inicial ante un grupo de fisiólogos (posteriormente publicada), el manejo que le dio Macleod a la presentación hizo pensar que él y su grupo habían descubierto la insulina.

Al año siguiente, sus investigaciones fueron publicadas en el Canadian Medical Association Journal. Fue un informe preliminar, seguido de otro más detallado. Más tarde, se sumaría el bioquímico James B. Collip al grupo, para hacer importantes contribuciones en la purificación del extracto insulínico, lo que permitió su uso en una buena cantidad de pacientes que empezaron a llegar ante la dispersión de la noticia, de que una nueva droga podía salvarlos.

¿Insulina gratis?

La insulina se patentó en 1923 en Estados Unidos por tres científicos: Banting, Best y Collip. En esos tiempos, la insulina se obtenía de animales y la primera prueba se hizo en un perro sin páncreas, el cual lograron mantener vivo durante 70 días.

Los tres investigadores decidieron no ponerle nombre a la patente, ya que sentían que la insulina no les pertenecía a ellos, sino que era de toda la humanidad, de hecho, vendieron la patente por un solo dólar enfocado en que llegara y fuera accesible a todas las personas del mundo.

En 1923, Eli Lily comienza a comercializar la insulina a partir de una patente que le costó cero dólares y eventualmente incrementa su precio al mil 200 por ciento que es como se encuentra en Estados Unidos.

Lo que sí hay que agradecer a esta farmacéutica es que en 1923 desarrolló el primer método de producción industrial de insulina, que hizo posible que este medicamento estuviera por primera vez disponible de forma masiva en el mundo para el tratamiento de la diabetes.