Olvido e intolerancia

  • El micrositio de la Mediateca Silvestre Revueltas debió ser lanzado desde hace 17 meses. 

La tónica de nuestros tiempos —quizá siempre ha sido así— dicta que el funcionario cultural debe ser un camaleón con el histrionismo de un saltimbanqui y la sonrisa impostada para anunciar y prometer acciones, postergarlas, incumplirlas sin consecuencia y salir airoso en

todo momento.

Esto aplica casi para cualquier pendiente, desde la Bodega Nacional de Arte y la eterna digitalización y puesta en línea del acervo de Octavio Paz, hasta el tema de la descentralización, la recuperación del Centro SCOP, la restauración del patrimonio tras los sismos de 2017 y la supuesta reposición del Teatro Julio Jiménez Rueda, temas que, hasta el momento, no han logrado solucionar Alejandra de la Paz, titular del INBAL, ni Claudia Curiel, secretaria de Cultura federal.

Está vez me referiré a la Mediateca Silvestre Revueltas, un micrositio que debió ser lanzado desde hace 17 meses, como anunció Lucina Jiménez —entonces titular del

INBAL y hoy encargada de una dirección que sólo elabora cursos y diplomados en los estados—, donde sería posible escuchar la obra completa del compositor mexicano, incluso con las 24 obras inéditas que fueron interpretadas en septiembre de 2024.

En aquella ocasión, Lucina aseguró que habría “recursos ilimitados” y “fondos provenientes de las regalías del compositor”, con el aval de

Eugenia Revueltas, investigadora e hija del compositor, quien, por cierto, ya no logró ver el fruto de aquel esfuerzo, pues falleció poco más de un año después.

Previamente, en marzo de 2025, Excélsior consultó sobre el tema a Víctor Barrera, director del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical (Cenidim) Carlos Chávez, quien dijo que el proyecto se había retrasado porque habían descubierto cuatro piezas más de Revueltas, las cuales debían estar en dicho conjunto.

Pese a todo, aseguró que los primeros cinco volúmenes de la obra integral de Silvestre Revueltas —de los 40 tomos impresos que deberán publicarse— verían la luz aquel mismo año, mientras que el micrositio estaría listo en el segundo semestre de 2025 y que funcionaría como la Mediateca Lavista (https://sonuslitterarum.mx/mediateca-lavista/). Sin embargo, hasta el momento no ha habido lanzamiento alguno ni ha sido posible que Barrera argumente las razones por las que no se ha concluido el trabajo. ¿Será que faltan recursos?

Claro que no es extraño que los proyectos sufran demoras, pero, hoy, lo más común es la amnesia de esa burocracia cultural que se cree intocable, que se muestra intolerante a los cuestionamientos y que, en su afán de controlar la narrativa, supone tener el derecho de condicionar el número de preguntas a los periodistas —tal como lo hizo esta semana Alejandra de la Paz, en dos ocasiones—, como si lo que estuvieran administrando fuera el garaje de su casa.

¿Será que todos esos funcionarios que cuidan su imagen pública como si fuera porcelana china estarán pensando en recibir las bondades de un puesto creado a su medida, como ocurrió con Lucina y Diego Prieto?

Y si la amnesia pareciera un término exagerado, bastaría con referir el inminente olvido institucional del Centro SCOP, espacio que bien podría ser empleado como locación para una pequeña zona de desastre, ahora que los nuevos apoyos cinematográficos salvarán la industria en México.

No es cualquier cosa que, desde abril de 2024, la autoridad cultural no haya emitido un solo pronunciamiento sobre la situación del Centro SCOP. La última vez fue cuando Lucina se vio forzada a prometer que se conservará la narrativa histórica de las obras retiradas, ante la supuesta edificación del Parque del Muralismo Mexicano, que incluirá un centro cultural o Utopía, pero sin que, hasta el momento, alguien haya dado a conocer el proyecto definitivo. ¿A qué debemos tanto olvido?

Temas:

    X