Somos mucho más que dos.
Mario Benedetti
Mi querido viejo, nada es más grato que ver a parejas de viejos caminando juntos en la calle, en algún espectáculo, en unas vacaciones; tú podrás ver que, a diferencia de las parejas jóvenes, que son más o menos independientes y cada uno va caminando a su paso, las parejas de viejos son algo digno de admiración: él la protege, la ayuda al caminar, vigila su andar y la toma del brazo si es preciso; ella a su vez lo cuida, le limpia la cara, cuida que no olvide nada, ambos son la culminación de lo que dice en su poema Mario Benedetti: “Si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo, y en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos”.
Y si esto es cierto en las parejas, querido viejo, me entero que ocurre en otros ámbitos, y así he sabido de grupos de viejos, parejas, hombres y mujeres solos, etcétera, que encuentran compañía y que tienen actividades productivas. ¿Cuáles?, ¿hacen negocios?, no precisamente, pero la actividad más productiva es la alegría de vivir, el compartir intereses, sea en un deporte, en una afición, los viajes de recreo, etcétera, o si están en casa, juntos disfrutan la literatura, la escritura, la pintura, la escultura y modelado, qué se yo.
Cada vez admiro más a los grupos de viejos que viven en una colonia y tienen actividades juntos, porque se refuerzan los lazos de amistad y se descubren nuevas oportunidades de disfrutar la vida; y, gracias a los avances en las comunicaciones, el Zoom permite que haya reuniones de compañeros, exalumnos, como el que tengo con amigos que nos conocimos hace 75 años en la primaria y nos encontramos en el Zoom cada semana.
Mi querido viejo, hay cada vez más libros que hablan de la vejez y nos invitan a vivir plenamente todos los años que la vida nos da. Uno de ellos fue escrito por José Carlos García Ramírez, titulado Envejecimiento mundial y desafío regional, me llamó la atención en su momento: se tratan casi todos los aspectos de la vida del viejo, los avances y descubrimientos, pero también las limitaciones, enfermedades y carencias.
Y aquí vale la pena hacer énfasis en nuestro papel en la vejez de quienes están cerca: es bueno, yo diría indispensable, que aprendamos a tratar a los viejos como se merecen: no son “los viejitos” ni son inválidos o inútiles, no los tratemos como débiles mentales, cada uno tiene una vida, posiblemente en pareja, con lo que confirman que “son más que dos”.
Yo, en lo personal, querido viejo, te informo que Alicia y yo, casi sin darnos cuenta, hemos compartido todo, y hemos sido “más que dos” por 35 años y lo celebraremos en estos días.
En todo el mundo, querido viejo, hay cada vez más grupos de viejos activos y optimistas, viejos que aprenden día con día a disfrutar la vida, viejos que se unen para recibir atención médica de la mejor manera, viejos que compran en grupo para que les salga más barato; aquí, en México, conozco grupos de viejecitas emprendedoras que hacen las compras juntas para ahorrar.
Mi querido viejo: podemos y debemos ser “más que dos”, y tú puedes participar con quienes conoces, viejos compañeros de escuela, viejos vecinos, etcétera; si alzamos la voz, nos llegarán a oír.
