¿Votar en martes y sin órgano electoral? Estas son las 'rarezas' en las elecciones de EU

Estados Unidos tiene menos reglas electorales, financiamientos sin límites, se vota en pleno día laboral... pero ¿por qué?

Estados Unidos suele votar de forma diferente a cualquier democracia tradicional. (Diseño: Diego Morato)
Estados Unidos suele votar de forma diferente a cualquier democracia tradicional. (Diseño: Diego Morato)

La democracia estadunidense ha sido a menudo celebrada como un ejemplo a seguir, un faro de libertad y participación cívica. Sin embargo, cuando uno se adentra en los detalles de cómo funcionan sus elecciones, emergen interrogantes y particularidades que la diferencian de otras democracias en el mundo.

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Desde el hecho de que los ciudadanos voten un martes —y hasta 45 días antes de la fecha—, hasta la manera frenética en que las campañas se desarrollan hasta el último minuto, y la ausencia de un organismo electoral centralizado, el sistema electoral estadunidense se distingue por su complejidad. ¿Pero por qué estas prácticas se mantienen en este sistema electoral?

Estados Unidos elige a presidente este martes. (AFP)
Estados Unidos elige a presidente este martes. (AFP)

¿Por qué EU vota el martes y no el domingo?

Una de las características más extrañas para muchos observadores internacionales es el día de la votación en Estados Unidos: el primer martes después del primer lunes de noviembre. La decisión de votar en un día laborable en lugar de un fin de semana tiene su origen en el siglo XIX, cuando el país era mayoritariamente agrario.

En 1845, el Congreso fijó el martes como el día oficial para las elecciones federales porque este día se consideraba conveniente para los granjeros: les permitía viajar sin interferir con el sábado de mercado ni el domingo, día sagrado para la observancia religiosa. La semana laboral comenzaba los lunes, y por lo tanto, el martes era el día ideal para que los ciudadanos llegaran a la ciudad más cercana a emitir su voto.

Si bien esta justificación tenía sentido en una sociedad rural del siglo XIX, para los ciudadanos del siglo XXI, esta norma ha demostrado ser un obstáculo significativo. La mayoría de los estadunidenses trabajan de lunes a viernes, lo que dificulta la participación electoral.

Mientras que en muchos países, como Francia, Alemania o Brasil —e incluso México—, las elecciones se celebran durante el fin de semana para facilitar la participación ciudadana, Estados Unidos parece aferrarse a una tradición que para muchos resulta poco conveniente y que contribuye a una tasa de participación electoral que, comparativamente, está por debajo de la de otras democracias consolidadas.

En las últimas cuatro elecciones presidenciales, la participación ha rondado entre el 57% y el 62%... una cifra similar a una elección presidencial en México. Además, el sistema electoral estadunidense también tiene otro reto: la cultura de "votar bajo su propio riesgo".

La ley federal no garantiza el tiempo libre para votar, lo que implica que muchos estadunidenses deben hacer malabares entre sus obligaciones laborales y su deseo de ejercer su derecho.

Esto contrasta con países donde el voto se facilita con días feriados nacionales o con jornadas electorales que se extienden durante todo el fin de semana —e incluso se hacen promociones para quienes votaron— el sistema estadunidense parece estar dispuesto a prueba la persistencia del votante que en incentivar su participación.

Donald Trump en su último día de campaña en Carolina del Norte. (AFP)
Donald Trump en su último día de campaña en Carolina del Norte. (AFP)

¿Por qué las campañas duran hasta el último día?

Otra diferencia significativa respecto a otros países es la extensión y la intensidad de las campañas electorales estadunidenses. En muchos lugares del mundo, las campañas están sujetas a estrictos límites temporales que permiten a los ciudadanos tener un periodo de tranquilidad y reflexión antes de acudir a las urnas.

En Japón, por ejemplo, las campañas están limitadas a unas pocas semanas; en el Reino Unido, el periodo formal de campaña dura alrededor de un mes. En México, inician las precampañas en noviembre y oficialmente el periodo electoral en marzo.

Pero en Estados Unidos, sin embargo, las campañas pueden comenzar años antes del día de la elección... incluso, desde que minuto uno que el presidente asume el poder, generando una cobertura mediática constante, publicidad interminable, y un goteo perpetuo de encuestas y análisis.

Esta dinámica contribuye a un ambiente electoral que nunca parece calmarse. Los candidatos recorren el país y los estados clave hasta el último minuto, en un esfuerzo por movilizar votantes indecisos y aumentar la participación. En lugar de confiar en un periodo de reflexión y serenidad, el sistema estadunidense favorece una competencia constante y agresiva, que a menudo deja a los ciudadanos exhaustos y desilusionados... y hasta polarizados.

Los anuncios de campaña continúan emitiéndose hasta el mismo día de la elección, y los candidatos no dejan de realizar actos públicos y visitas para captar votos hasta que las urnas se cierran. No existe la veda electoral en Estados Unidos.

La idea detrás de esta constante actividad es que cualquier momento podría ser decisivo; cualquier votante persuadido en el último instante podría marcar la diferencia. La mecánica no solo se alimenta de la naturaleza competitiva de la política estadunidense, sino también de la estructura del Colegio Electoral, donde el resultado de un solo estado puede decidir el destino de toda la elección.

Comparado con los sistemas parlamentarios de Europa, donde las elecciones tienden a ser más estructuradas y menos impredecibles, en Estados Unidos la elección se juega como el Superbowl de la NFL: puede un equipo perder por la mínima antes de la pausa de los dos minutos en el último cuarto, meter un touchdown o gol de campo y ganar el partido.

Elon Musk ha mostrado su apoyo a la campaña de Donald Trump. (Reuters)
Elon Musk ha mostrado su apoyo a la campaña de Donald Trump. (Reuters)

¿Cómo se financian las campañas presidenciales de EU?

Las campañas presidenciales en Estados Unidos son notoriamente costosas, y su financiación es uno de los aspectos más complejos y polémicos del sistema electoral. A diferencia de otras democracias, donde las campañas tienen límites estrictos de financiamiento o reciben fondos públicos significativos, en Estados Unidos la mayor parte del financiamiento proviene de donaciones privadas, muchas de las cuales provienen de grandes empresas y corporaciones.

El papel de las empresas en la financiación de campañas ha sido un tema de debate desde hace décadas. La decisión de la Corte Suprema en el caso Citizens United vs. FEC en 2010 marcó un punto de inflexión, permitiendo que las corporaciones y sindicatos pudieran gastar cantidades ilimitadas de dinero en apoyo a candidatos, siempre que no coordinaran directamente con sus campañas.

Esta decisión amplificó el poder de los intereses empresariales en la política estadunidense, dando lugar a la proliferación de los llamados "Super PACs" (Comités de Acción Política), que pueden recaudar y gastar sin restricciones. Además, tienen la capacidad de influir en la agenda política y apoyar a candidatos que favorezcan sus intereses. Esto crea una percepción de que la política estadunidense está más al servicio de quienes pueden financiar campañas que del votante promedio.

Para estas elecciones, cada empresa -y sus respectivos empleados- ha tenido a su favorito y han donado a sus respectivos candidatos. ¿Qué empresas han donado más a la campaña de Kamala Harris y de Donald Trump? El sitio Quiver Quantitative tiene una lista de las donaciones de empresas a cada candidato, y aunque algunos han dado a ambos, se decantan por uno. 

  • Empresas más a favor de Kamala Harris: Netflix, Google, Microsoft, Apple, Nvidia, Disney, Amazon, Meta (Facebook/Instragram/WhatsApp), Airbnb,
  • Empresas más a favor de Donald Trump: Home Depot, Walmart, Boeing, UPS, Raytheon, Chevron, American Airlines, Coca-Cola, Elon Musk (Tesla/Space X/Red social X)

Para muchos observadores internacionales, el nivel de influencia empresarial en las elecciones estadunidenses es preocupante. En contraste, muchas democracias buscan reducir la influencia del dinero en la política a través de límites estrictos en las donaciones y la promoción de financiamiento público. Sin embargo, en Estados Unidos, el financiamiento de campañas se ve como una extensión de la libertad de expresión, lo que dificulta implementar regulaciones más estrictas.

Donald Trump en su último día de campaña en Carolina del Norte. (AFP)
Donald Trump en su último día de campaña en Carolina del Norte. (AFP)

¿Por qué Estados Unidos no tiene un órgano electoral?

Finalmente, otro aspecto que distingue a Estados Unidos del resto del mundo es la ausencia de un organismo electoral centralizado.

En lugar de una autoridad nacional única que supervise el proceso electoral, como sucede en países como México con el Instituto Nacional Electoral (INE) —donde se contabilizan los votos, realiza los debates designa al ganador, regula a los partidos políticos y sus campañas— o en Ecuador con la Comisión Nacional Electoral, el sistema electoral estadunidense se caracteriza por su descentralización extrema.

Cada uno de los 50 estados, así como el Distrito de Columbia y los territorios, administra sus propias elecciones, lo que resulta en una amalgama de reglas, procedimientos y técnicas que varían ampliamente de un lugar a otro. Por ello, hay estados donde se permite el voto anticipado por correo, el voto electrónico o más limitantes para el registro de votantes. 

Esta falta de uniformidad genera una serie de problemas. La logística del conteo de votos, el manejo de las listas de votantes, los procedimientos para el voto por correo y los sistemas de votación difieren de un estado a otro, lo que puede llevar a confusión y desconfianza en el sistema. En contraste, la mayoría de las democracias consolidadas buscan garantizar la transparencia y uniformidad a través de un solo proceso unificado, con reglas claras y aplicables para todo el país.

Esta fragmentación se ha hecho particularmente evidente en las elecciones más recientes, donde las acusaciones de fraude y las demandas judiciales por parte de los seguidores de Donald Trump se centraron en los procedimientos de conteo de votos en estados específicos. Incluso, quienes dan los ganadores en los comicios en Estados Unidos son los medios, no un órgano electoral. 

dmr