Dinamarca se prepara para 'cancelar' las tarjetas navideñas... y es por este motivo

PostNord retirará el servicio en 2025 de las tarjetas, que ha estado funcionando desde hace al menos 400 años.

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Las cartas navideñas ya no se enviarán por correo en Dinamarca tras el fin del servicio postal. (Especial)

Y lo mencionamos en marzo... Dinamarca se convertirá en el primer país europeo en abandonar por completo la recogida y reparto de cartas, una decisión que culmina décadas de desplome del correo tradicional y auge de las apps de mensajería (así como la imposición del correo electrónico), y que PostNord ejecutará a partir del 30 de diciembre, según planes ya comunicados por la operadora y el Gobierno. El giro llega tras la eliminación de la obligación del servicio universal y la histórica caída de la demanda:

“El mercado de las cartas ya no es rentable”, afirmó el director ejecutivo de PostNord, Kim Pedersen.

Para los vecinos, el cambio es tangible. “En 2023 todavía recibimos 50 tarjetas de Navidad por correo”, dijo un residente que relató cómo su barrio pasó de tener “cinco o seis buzones a pocos minutos a pie” a no tener ninguno. La subida del franqueo —tras el fin de exenciones fiscales— y la digitalización aceleraron la caída: las cartas en Dinamarca se han reducido en torno a un 90% en 25 años, y un 30% solo en 2024, según estimaciones sectoriales.

La medida danesa llega en un momento de replanteamiento global. La correspondencia ha retrocedido de forma pronunciada por la sustitución del papel por el correo electrónico, la mensajería instantánea y las plataformas sociales, mientras que los paquetes siguen al alza alimentados por el comercio en línea. En 2022, el volumen mundial superó los 161 mil millones de envíos y la tendencia continúa al alza, según el índice anual de Pitney Bowes.

El caso danés es particular por su grado de digitalización. Dinamarca figura a la cabeza mundial en el índice de gobierno electrónico de Naciones Unidas, que evalúa la madurez de los servicios públicos en línea, la infraestructura y el capital humano. La administración ha consolidado desde hace años el buzón digital obligatorio para ciudadanos y empresas, lo que reduce la necesidad de comunicaciones en papel y, por extensión, la demanda de cartas físicas.

Aun con el fin del reparto tradicional, los daneses podrán seguir enviando cartas a través de operadores privados y puntos de atención, pero ya sin la red histórica de buzones rojos y rutas diarias asociadas al servicio universal. Los costes unitarios del manejo de cartas —transporte, clasificación y última milla— se han disparado al caer los volúmenes, encareciendo cada envío e impulsando un círculo vicioso de menor uso y mayores tarifas, señalan expertos del sector.

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El servicio postal ha caído en deshuso en la última década, condenándolo a la extinción. (Reuters)

El final de un viaje de cuatro siglos

La retirada de las cartas cierra un capítulo de cuatro siglos del servicio postal en Dinamarca. Durante buena parte del siglo XX, la carta fue herramienta esencial para la vida económica y social; en el XXI, la transición al canal digital y la logística de paquetería redefinieron el negocio.

“La tasa de disminución del volumen de cartas varía según el nivel de digitalización de un país”, observan analistas, pero el patrón es el mismo: menos papel, más paquetes.

Con la eliminación del servicio universal y el traslado del IVA al franqueo, el sello de una carta estándar nacional se encareció con fuerza, desincentivando aún más el uso. La ley dejó de exigir que la carta esté disponible “para todos a un precio asequible”, lo que allanó el camino para la retirada total del servicio de cartas de PostNord. Pitney Bowes

Para ciudadanos, la mayoría de comunicaciones con el Estado seguirán canalizándose por el buzón digital; notificaciones judiciales y administrativas ya son electrónicas, y los bancos migraron a extractos en línea. Las empresas que todavía envían facturas en papel —sobre todo pymes con clientes sénior— deberán contratar operadores alternativos o llevar sus sobres a puntos privados de admisión.

En logística, la capacidad liberada en rutas postales puede reorientarse a la paquetería, donde la demanda sigue creciendo ligada al comercio electrónico, según las grandes mensajeras.

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El servicio postal ha caído en deshuso en la última década, condenándolo a la extinción. (Reuters)

¿Cómo están los demás servicios postales?

La discusión sobre el papel del Estado en el correo se reaviva en Europa. La UPU y reguladores nacionales debaten si redefinir el “servicio universal” para la era digital —por ejemplo, garantizando la entrega de paquetes esenciales y no necesariamente de cartas— y cómo financiarlo. Mientras, jurisdicciones como la Unión Europea elevan el listón de transparencia y sostenibilidad para operadores postales y de mensajería, con obligaciones de reporte y metas de descarbonización en el transporte.

La reorganización postal no es uniforme. Algunos operadores —a menudo con estructuras privatizadas o semiprivatizadas— amortiguaron el golpe transformándose en grupos de logística o servicios financieros.

Deutsche Post (bueno, DHL), privatizada a mediados de los años 90, es hoy un grupo logístico rentable y fue calificada entre los líderes globales por la Unión Postal Universal (UPU). En Italia, Poste Italiane ha diversificado hacia banca y seguros —además del envío de cartas y paquetes— y mantiene márgenes positivos.

El desempeño es más irregular en Reino Unido: International Distributions Services (matriz de Royal Mail) aceptó en 2024 una oferta del inversor checo Daniel Křetínský tras años de tensiones operativas, huelgas y pérdidas.

Otros operadores públicos arrastran déficits o recortes. El Servicio Postal de Estados Unidos (USPS) reportó una pérdida neta de 9 mil millones de dólares en el año fiscal 2024, pese a mayores ingresos por envíos de paquetes. En Grecia, la helénica ELTA anunció cierres masivos de oficinas en 2025 dentro de su plan de viabilidad, con críticas por el impacto social de la retirada de servicios en zonas rurales.

Aunque la carta no desaparecerá totalmente —seguirá habiendo tarjetas, invitaciones y comunicaciones formales—, su presencia menguará en países muy digitalizados. La excepción la marcan economías donde el acceso a Internet o la bancarización aún son incompletos, y el papel continúa cumpliendo funciones transaccionales y legales.

bm