Alistan la ejecución de mexicoamericano
Iván Cantú fue sentenciado en Texas a la pena de muerte en octubre de 2001, acusado de multihomicidio; las pruebas para condenarlo presentan varias irregularidades

Tras una agonía de 23 años, las autoridades de Texas podrían ejecutar hoy a Iván Cantú, quien fue acusado de asesinar a su primo, James Mosqueda, y la prometida de Mosqueda, Amy Kitchen, la noche del 3 de noviembre del año 2000.
La Junta estatal de Indultos y Libertad Condicional de Texas denegó la petición de clemencia impulsada por los abogados de Cantú, un estadunidense nacido en Dallas de padre mexicano condenado a muerte en octubre de 2001 que, tras dos aplazamientos, uno en 2012 y otro en 2023, será ejecutado si los recursos legales de su defensa no lo evitan.
Recluido en la cárcel de West Livongston, Texas, mejor conocida como el corredor de la muerte, Cantú fue acusado cuando tenía 27 años de edad y podría ser ejecutado a sus 50 años de vida. La Corte Suprema es la última instancia que podría salvarlo, pero depende de su equipo legal.
Aunque al inicio del caso todo apuntaba a que Cantú era culpable: las autoridades informaron que, tras el asesinato de Kitchen y Mosqueda, se encontraron unos pantalones y calcetines con sangre de las víctimas en el departamento de Cantú, así como un Rolex (que no desapareció), propiedad de su primo, y el automóvil de éste, que el propio acusado también habría robado. Incluso, la novia de Cantú, Amy Boettcher, afirma que él le confesó que cometería el doble asesinato y luego la llevó a la escena del crimen para buscar drogas y dinero.
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Sin embargo, múltiples irregularidades en el proceso han hecho que instancias internacionales e incluso investigadores privados se involucren en el caso para demostrar la inocencia del mexicoamericano.
Amnistía Internacional señaló en un comunicado que “una reciente investigación independiente realizada ha agravado las dudas sobre la idoneidad de su representación legal en el juicio y planteó dudas sobre el testimonio de la testigo clave del estado y las pruebas físicas que parecían corroborar su testimonio”.
Asimismo, el investigador independiente Matt Duff aseguró a CNN que en su estudio sobre el caso halló que las declaraciones de Boettcher tenían inconsistencias en la cronología de los hechos, así como detalles, como los pantalones y calcetines que no estaban donde ella dijo y que, además no eran de la talla de Cantú ni tenían su ADN, sólo la sangre de las víctimas.
Por otra parte, un análisis forense mostró que los asesinatos sucedieron al mediodía del 4 de noviembre y no la noche anterior, como lo decía su novia; de ser así, implicaría que al momento del crimen, Cantú estaba en Arkansas, lejos de Texas.
Cantú ha dicho que dos días antes del asesinato, un sujeto vestido como repartidor de pizza fue al departamento de su primo, le dijo que pagara sus deudas y disparó a la pared. La descripción coincide con uno de sus proveedores de drogas.
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