China se deshizo de las contingencias ambientales... pero aceleró la crisis climática: estudio
La drástica reducción de aerosoles en China ha eliminado un velo refrigerante y acelerado el calentamiento global en 0.05 °C por década, advierte un nuevo estudio

La drástica mejora de la calidad del aire en China y en gran parte del este de Asia —celebrada durante la última década como un hito sanitario— ha expuesto un efecto secundario incómodo: un repunte medible de la temperatura del planeta.
Un nuevo estudio en Communications Earth & Environment concluye que la reducción del 75 % en las emisiones de dióxido de azufre (SO₂) lograda por Pekín desde 2010 ha eliminado gran parte de los aerosoles sulfato que antes ayudaban a reflejar la radiación solar.
El resultado: un aumento adicional de 0.05 °C por década en el calentamiento global desde 2010 IPCC. Ese fenómeno, explican los autores, se superpone al calentamiento causado por el dióxido de carbono y el metano, los gases de efecto invernadero de larga vida Copernicus Marine.
Un aire más limpio, un planeta más cálido
China inició en 2010 un programa agresivo para combatir la “airpocalipsis” que asfixiaba a sus grandes ciudades. Gracias a nuevas normas industriales, cierre de plantas de carbón y filtros en chimeneas, el país recortó en tres cuartas partes sus emisiones de SO₂ y redujo en más del 40 % la concentración de partículas finas PM2.5.
La Organización Mundial de la Salud estima que esas mejoras salvaron cientos de miles de vidas cada año. Sin embargo, los aerosoles sulfato, pese a ser tóxicos, ejercen un papel refrigerante: al servir de núcleos de condensación de las nubes, dispersan o reflejan la luz solar de regreso al espacio. Al desaparecer, “se quita un velo” que antes enmascaraba parte del calentamiento inducido por los gases de efecto invernadero, resumen los autores.

El equipo liderado por Bjørn Samset, del Centro CICERO en Oslo, y Robert Allen, de la Universidad de California en Riverside, combinó inventarios de emisiones con un conjunto de ocho modelos climáticos regionales y globales para 2015-2049. Cuando ajustaron los modelos con los recortes reales de aerosoles logrados en el este de Asia entre 2010 y 2023, apareció un calentamiento medio anual adicional de 0,07 °C; 0,05 °C ya se habrían materializado.
El pico de impacto se concentró sobre el noreste de China, la península de Corea y Japón, regiones que en 2024 registraron la segunda ola de calor más intensa de su historia.
Repercusiones regionales
Los autores advierten de “cambios significativos” en la circulación monzónica de Asia oriental y del sudeste asiático, con veranos más cálidos y húmedos y un aumento de episodios de lluvia extrema que podría complicar la agricultura IPCC. Esa tendencia se combina con un contexto global excepcional: 2023 cerró como el año más caluroso jamás registrado, con 1.45 °C sobre la era preindustrial, según la Organización Meteorológica Mundial.
Copernicus, el programa europeo de observación de la Tierra, añadió en junio de 2025 el mes número 13 consecutivo de récord térmico.
La última evaluación del IPCC subrayó que los aerosoles antropogénicos han mantenido el sistema climático entre 0.4 °C y 0.6 °C “más frío” de lo que estaría solo con CO₂ IPCC. Pero los mismos compuestos matan: en 2015 la contaminación del aire provocó 1.6 millones de muertes en China, según The Lancet.
“Limpiar el aire es incuestionable desde la perspectiva sanitaria”, reconoce Allen. “El problema —añade— es que si no reducimos el CO₂ y el metano al mismo tiempo, retiramos un paraguas que limitaba la subida térmica”.
La buena noticia es que los sulfatos permanecen apenas una semana en la atmósfera.
“El impulso térmico adicional durará mientras sigamos bajando aerosoles”, explica Samset IPCC. Eso significa que, con políticas de descarbonización rápidas, la tasa de calentamiento podría volver a su trayectoria previa en pocos años.
Sin embargo, otros grandes emisores planean estrategias similares de aire limpio: India, el sudeste asiático y el este de Estados Unidos discuten límites más estrictos al SO₂. Los autores preparan nuevos modelos para anticipar cómo esas reducciones globales de aerosoles redistribuirán las temperaturas y las lluvias.
“El estudio demuestra lo delicado que es manipular el balance radiativo”, afirma la climatóloga Zeke Hausfather. “Antes de abrir la caja negra de la geoingeniería, deberíamos redoblar esfuerzos para recortar emisiones”.
bm
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