Estados Unidos; el negocio del miedo
La gran cantidad de tiroteos que hay en las escuelas de la Unión Americana han provocado que diversas empresas ofrezcan soluciones para preservar la vida de los niños a un precio atractivo

SAN DIEGO.
Cada semana en promedio se registra un nuevo tiroteo en alguna escuela de Estados Unidos, de acuerdo con un reciente reporte de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental, y la tendencia a usar armas, y protectores antibalas, comienza a permear al interior del colegio.
Esta semana la Escuela Cristiana de Miami comenzó a ofrecer a los padres de sus estudiantes protectores antibalas que los niños pueden llevar a la espalda en sus mochilas, entre sus útiles escolares, en previsión de que se registre algún tiroteo en que se llegara a disparar a los pequeños.
La oferta es de “páneles balísticos” o tablas antibalas, que protejan a los menores que pudieran ser blanco de disparos. La escuela vende a 120 dólares cada protector, pero sólo cubriría la parte del tórax por la espalda.
George Gulla, el jefe de seguridad en la escuela, dijo que los protectores balísticos “ofrecen otro nivel de defensa” en caso de un tiroteo armado en el plantel.
Sin embargo, un experto en seguridad, Kenneth Trump, dijo, en entrevista con la cadena CNN, estar en desacuerdo con que los niños usen protectores antibalas y más con que la medida se publique, pues pone sobre aviso a quien verdaderamente intente hacer daño a los menores.
Cuestionó que si los niños se van a proteger contra las balas las espaldas, tendrán que conseguir algo más para cubrirse el pecho y la cabeza y hasta los dedos de los pies.
Nadie hasta ahora ha ofrecido una protección completa como una armadura, pero en internet, como en el bazar electrónico eBay, ya se ofrecen chamarras de mezclilla, como las que usan muchos estudiantes este invierno, con refuerzos antibalas. Cuestan entre 620 y 720 dólares según el grado de protección.
Desde el año 2013 se han registrado 240 tiroteos en escuelas estadunidenses, según la Oficina de Responsabilidad Gubernamental, y muchos maestros que opinan como la Asociación Nacional del Rifle (NRA), piensan que si usan armas de fuego puede persuadir a potenciales atacantes para que desistan.
Este año más de mil profesores y directores de escuelas de 12 estados han tomado un curso de uso de armas de fuego de tres días que inició en el estado de Ohio.
El curso se llama Faster, lo que en inglés forma la palabra “rápido”, pero es la contracción de Entrenamiento con armas de fuego; el nombre completo es Faster salva vidas.
El curso incluye al final una prueba con uso de armas de fuego como las que utiliza la policía estatal en Ohio.
Los maestros no sólo aprenden a cargar y disparar las armas de fuego, sino que en ambiente simulado, con pasillos escolares y patios, entrenan para aproximarse a disparar y anular a atacantes armados en las escuelas.
Es un curso que se volvió popular a partir de la masacre en la escuela primaria Sandy Hook en diciembre del 2012, donde un sujeto armado mató a 28 personas, incluidos 20 niños estudiantes, he hirió a decenas más.
Cada vez una mayor cantidad de profesores piden ser parte del entrenamiento porque además sólo pide una donación o aportación; no es un negocio en cuanto al entrenamiento.
En ocho de los doce estados que participan en el programa, las autoridades estatales permiten que los maestros porten armas de fuego durante sus horarios de trabajo, a condición de que sean discretos y se aseguren que los alumnos no se enteren.
El presidente Donald Trump durante su campaña electoral insistió en eliminar las “zonas libres de armas de fuego” que prohibían portar armas a menos de unos 350 metros de distancia de las escuelas.
Un legislador federal, el senador Chris Murphy, de Connecticut, quien representa la zona donde se encuentra la escuela Sandy Hook, expuso, sin éxito, una iniciativa para permitir que en las escuelas el personal pudiera portar armas de fuego con discreción.
El consultor Kenneth Trump dijo que la mejor defensa de una escuela ante un potencial ataque es una respuesta efectiva y coordinada del personal escolar y todo el cuerpo estudiantil.
Una de cada tres escuelas en Estados Unidos ha realizado entrenamientos sobre posibles tiroteos, con planes para protegerse, cerrar y cubrir las entradas, dar tiempo a que se presente la policía, de acuerdo con la propia Oficina de Responsabilidad Gubernamental.
Esos planes consideran la presencia de atacantes armados activos en las instalaciones o próximos a éstas.
El proyecto de entrenamientos en las escuelas se llama Alice, por las iniciales en inglés de alertar, cerrar con candados, informar, contar y evacuar las instalaciones.
El programa permite a los participantes evaluar la situación y tomar la mejor decisión posible con base en las circunstancias que se presenten en ese momento.
Según maestros involucrados con el proyecto Alice, el plan se puede presentar gradualmente a los niños sin alterarlos, para que llegado un momento en que se necesite, los estudiantes sepan qué hacer exactamente.
Esta semana el total de escuelas con el proyecto Alice superaba los tres mil 700 planteles en el país, pero otras escuelas se suman casi diariamente.
En noviembre en la escuela Rancho Tehama en el norte de California el personal académico puso en marcha el plan Alice y la movilización preventiva pudo tener saldo completamente blanco excepto porque el atacante armado consiguió herir a un niño latino, Alejandro Hernández, de primer grado.
Según informó la dirección, ese día se escuchó un disparo y el personal de la escuela puso atención para identificar que se trataba de un disparo o un ruido parecido, pero momentos después se escucharon dos detonaciones simultáneas que despejaron las dudas del personal activando Alice de inmediato, pero con calma.
Cuando el atacante llegó a las inmediaciones de la escuela las puertas ya estaban cerradas con candados, hacía unos diez segundos que los niños se encontraban en un lugar seguro si ocurrían disparos, la escuela había llamado a la policía y estaba a la espera de que se presentara.
El atacante había matado a su padre y a su abuela antes de dirigirse a la escuela primaria donde fue abatido.