El exterior es prioridad en Australia

Las relaciones internacionales del país ocupan la mayor parte de los debates, incluso cuando se discute la política interior

CANBERRA.– Australia, 31 de julio.– En todo el mundo hay una profunda interrelación entre las políticas domésticas y las políticas externas, pero en pocos países resulta tan aparente como en Australia.

Las grandes crisis que amenazan la prosperidad nacional de Australia vienen de fuera. Igual que las mayores oportunidades”, subrayó el analista Peter Hartcher en un ensayo titulado The adolescent country (El país adolescente), en el que lamentó que esos grandes intereses nacionales sean desplazados por necesidades de política local.

Pero tal vez no sea tan simple.

Australia es un país-isla del tamaño de Estados Unidos, pero está relativamente poco poblado; una gran parte de sus habitantes son inmigrantes o hijos de inmigrantes recientes y sus principales ciudades están en las costas, lo que en conjunto favorece la atención a lo internacional.   

Por eso la importancia que muchos políticos, analistas y periodistas australianos asignan a los temas internacionales cuando hablan de política doméstica.

De hecho, parte de la campaña del ahora primer ministro, Tony Abbott, cuando era líder de oposición se basó en críticas a las que consideró excesivas iniciativas internacionales del régimen anterior.

Pero eso implica también que la política exterior está en el centro de los debates de una política doméstica tan polarizada como la de otras democracias del mundo.

A casi dos años de haber llegado al poder, Abbott está en el centro de lo que la revista Australian Financial Review calificó como “un dramático reposicionamiento de la forma en que Australia se relaciona con el mundo”.

Para la publicación, la “marca” del gobierno de Abbott es “un nacionalismo neoconservador con un giro populista”.

Así, cuando a fines de octubre del año pasado el ya primer ministro recriminó a sus críticos por la acrimonia y la banalidad del debate parlamentario hubo risas alrededor del país.

O al menos eso dice Barrie Cassidy, de la cadena de televisión Australian Broadcasting Company (ABC).

Quizás por una vez sería posible que nosotros en este Parlamento... tuviéramos un debate maduro en vez de una pelea a gritos”, lamentó Abbott.

Pero según Cassidy, el problema fue que el autor del llamado es el mismo político considerado como “el más agresivo, brutal y exitoso líder de oposición: siempre exigiendo lo que nunca había ofrecido”.

Abbott llegó al poder en septiembre de 2013 luego de una campaña en las que según las quejas de los críticos, se convirtió en el peor mensajero para impulsar las reformas necesarias.

Esa formulación tiene un impacto en un país-isla que hace medio siglo decidió dar un vuelco hacia el extremo oriente, donde tiene a sus principales socios comerciales y sus mayores intereses geopolíticos.

China, Japón, Corea del Sur e India son cuatro de los principales cinco destinos de las exportaciones australianas; China, Japón, Singapur y Tailandia son cuatro de sus principales cinco proveedores. En ambos casos, Estados Unidos está entre los primeros cinco.

Al mismo tiempo ha buscado fortalecer su posición politica al vincularse con el ahora llamado MIKTA, un grupo “informal” compuesto por otras “potencias medias”  (México, Indonesia, Corea del sur y Turquía), que, de acuerdo con el Instituto Australiano de Estudios Internacionales (AIIA), permite “ejercer aún más influencia en el hemisferio sur para una nación que busca institucionalizar su poder ‘blando’”.

Es tal vez una forma de compensar. Abbott parece haber adoptado una serie de medidas que, según sus adversarios, podría causarle problemas en el vecindario.

Por un lado asumió una postura claramente crítica de los reclamos de soberanía chinos en el Mar del Sur de China, y se unió a países que, como Filipinas, Vietnam y Malasia, han expresado una considerable preocupación por ellos.

Paralelamente, mantiene un literal feudo con el gobierno de Indonesia, el archipiélago al noroeste de Australia que con sus más de 23 millones de habitantes podría ser, pero no es, uno de sus principales socios. El comercio entre los dos países vecinos es por apenas 12 mil millones de dólares.

En las últimas semanas la relación se vio complicada por la llegada de inmigrantes que pretendían llegar por mar desde Indonesia.

El tema mismo creó un debate profundo en este país, tanto en torno a su postura sobre refugiados como en la relación con Indonesia, en un momento además que Australia como nación enfrenta sus temores por la posible llegada del terrorismo islámico a través de musulmanes australianos que combaten o han combatido en Irak y Siria.

Los debates paralelos han llevado a acusaciones de que el gobierno trata de crear temor entre los australianos, en parte como reflejo de la ya incipiente campaña electoral del próximo año, cuando se renueve el Parlamento y con él, tal vez, la oficina del primer ministro.

Como en todo sistema parlamentario de estilo británico, el premier es el líder de la mayoría y, en el caso actual, Abbott está en el poder desde 2013, cuando su coalición Liberal/Nacional logró 90 asientos contra los 55 de los laboristas, el tradicional partido de oposición, en la Cámara de Representantes.

Algunos afirman que los australianos votaron menos por Abbott y sus políticas que contra las de la entonces primera ministra laborista, Julia Gillard –que en 2010 reemplazó a Kevin Rudd, luego de una pugna interna en su partido–.

Cualesquiera sea la verdad, el gobierno de Abbott ha estado lleno de controversias desde un principio. Desde el miniescándalo en torno al empleo de su hija Louise Abbott en la Representación de Australia en Naciones Unidas en Ginebra, que encabeza un antiguo asistente de su padre, a lo que algunos califican como uso del temor como táctica electoral.

Pero al mismo tiempo, sean los que sean los problemas de Abbott, permanecer en una oficina como la del premier, a sabiendas de que “alguien” puede hacer un día de campo en su azotea, es un sobrio recordatorio de donde reside el poder real.

Y esa es la idea del Parlamento. Su edificio sede está diseñado para que, al menos una vez por año, las familias comunes hagan un día de campo en lo que es su techo, con la idea de que eso sea una señal simbólica de dónde reside el poder en Australia.

El edificio del llamado nuevo Parlamento y sus más de cuatro mil habitaciones, que tomó el sitio del “viejo”, está construido parcialmente en el interior de una pequeña colina, una loma quizás, en Canberra, la capital del país.

Por diseño y decisión, el techo tiene zonas con pasto natural y puede ser visitado o usado para un picnic, uno que tal vez incluya un plato de los aquí conocidos como “Escudo de armas” –porque llevan carne de canguro y de emú, los dos animales únicamente australianos presentes en el escudo nacional del país–.

Pero la idea del día de campo es típicamente australiana. Después de todo, el edificio del Parlamento alberga la Cámara de Senadores, con sus 76 miembros (12 por cada provincia o estado, dos por cada uno de los territorios federales de Canberra y del Norte).

También está la Cámara de Representantes, con 150 miembros.

La oficina del primer ministro está ahí, como gran parte del poder real y las posibilidades de interacción.

No es gratuito, por ejemplo, que algunas de las grandes iniciativas de política exterior sean lanzadas ahí –por ejemplo una de “diplomacia deportiva”– o encontrar a Natasha Stott Despoja, embajadora para Mujeres y Niñas, en los pasillos y salones del Congreso.

El puesto no es nominal. Stott Despoja ha visitado una veintena de países y tiene una fuerte relación con temas femeninos en el país, pero su posición es fortalecida por los antecedentes de la embajadora: durante una década fue senadora por el Partido Democrático, una de las formaciones menores aliadas a la coalición Nacional/Liberal.

Es otra muestra del poder parlamentario. En Australia el Senado tiene funciones efectivas que le dan un remoto parecido a su contraparte estadunidense.

De cualquier manera, es más que un cuerpo honorario, como ocurre en muchos países de la comunidad británica y en Reino Unido mismo.

Pero hasta ahí toda resemblanza. La política doméstica en Australia es tan ponzoñosa como en cualquier otro lado y el “asesinato de carácter” es una de las armas principales.

La naturaleza de la política en este país es tan contradictoria, lamentable y venenosa, que enfrentar los grandes desafíos globales y reformar el federalismo y el sistema fiscal tomará muchos años, cuando debería y se podría hacer en la vida de un Parlamento”, escribió Cassidy en octubre para la cadena de televisión ABC.

El lamento podría ser considerado como una bienvenida al mundo. Después de todo, el tono acrimonioso de la política ha sido una constante por años en la vida de buena parte de los países democráticos.

El hecho es que en gran medida, los intereses locales o inmediatos desplazan a lo grande y de largo plazo en el interés de los políticos.

Si ha habido algún momento en el que involucramiento e iniciativa han sido importantes es el actual. Australia vive en una región que atraviesa por profundos cambios económicos y estratégicos. El terreno alrededor es más inestable mientras China retorna a la grandeza, eleva sus ambiciones y poder, y empuja siempre hacia fuera de sus límites territoriales en una prueba de las voluntades de sus vecinos”, precisó Hartcher.

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