Beatifican en España a Álvaro del Portillo y Díez de Sollano, prelado del Opus Dei
Unas 200 mil personas asisten a la ceremonia en Madrid; en una carta, el papa Francisco destacó el legado del religioso

MADRID, 27 de septiembre.- La Iglesia católica beatificó hoy aquí al prelado del Opus Dei, Álvaro del Portillo y Díez de Sollano, considerado pastor de Cristo, cuya festividad se podrá celebrar el día 12 de mayo de cada año (aniversario de su primera comunión).
El prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, cardenal Angelo Amato, encabezó la ceremonia de beatificación del sucesor de Josémaría Escriva al frente del Opus Dei, ante unas 200 mil personas reunidas en terrenos de Valdebebas, al este de Madrid, la capital española.
El representante del Vaticano pronunció en latín la declaración de beatificación, y posteriormente la imagen del religioso (Madrid 1914-Roma 1994) se descubrió frente al gran escenario que sirvió como altar para la ceremonia.
Concedemos que el venerable siervo de Dios Álvaro del Portillo y Díez de Sollano, obispo prelado de la Prelatura Personal de la Santa Cruz y Opus Dei, pastor según el corazón de Cristo, ministro de la Iglesia, de ahora en adelante sea llamado beato”, manifestó Amato.
Del Portillo, hijo de la mexicana Clementina Diez de Sollano y el español Ramón del Portillo, estudió Ingeniería en Caminos, Canales y Puertos, ingresó al Opus Dei en 1935 y se ordenó como sacerdote en 1944, y desde 1946 que se traslada a Roma su vida queda unida a Escrivá.
Peregrinaje por el mundo
En su labor en el Opus Dei viajó por los cinco continentes, impulsó la apertura de la orden en 20 países donde no estaba presente e impulsó numerosas iniciativas sociales por la educación, la salud, la producción, el cuidado a niños y mujeres.
Del Portillo visitó México en tres ocasiones: en 1970 acompañando a Escrivá, en 1983 al recorrer varios puntos del país y en 1988.
Entre las iniciativas que ayudó a impulsar en México figuran la Ciudad de los Niños de Monterrey, fundada; y Educar, en Ixtapaluca, Valle de Chalco, en cuyo impulso participó directa o indirectamente.
Para la ceremonia de beatificación, el papa Francisco envió una carta al prelado del Opus Dei, Javier Echevarría, en la que destacó el legado de del Portillo, que con su obra enseñó que la sencillez y la cotidianidad en la vida, permite encontrar el camino seguro a la santidad, a la vez que anima a confiar de Dios.
El pontífice resaltó los rasgos del hoy beato que manifestaba en tres palabras: “gracias, perdón y ayúdame más”, las que además de acercar a Dios permite dar un impulso en la vida cristiana.
Querido hermano, Álvaro del Portillo nos envía un mensaje muy claro, nos dice que nos fiemos del Señor, que él es nuestro hermano, que nunca nos defrauda y que siempre está a nuestro lado. Nos anima de no tener miedo de ir a contracorriente y sufrir por anunciar el evangelio”, expresó el Papa en su carta.
Por su parte, Amato subrayó que “la virtud de la humildad la vivió Álvaro del Portillo de modo especialmente extraordinario, y la consideraba un instrumento indispensable para la santidad y el apostolado, que es además imitación e identificación con Cristo”.
Milagros
En el momento de descubrirse la imagen de del Portillo delante del altar tras la declaración de beatificación, el niño chileno José Ignacio Ureta Wilson, cuya sanación cuando estaba al borde la muerte se atribuye al beato, llevó las reliquias a Amato y Echeverría para la continuación de la ceremonia.
La participación de la familia Ureta se debió por ser los protagonistas del milagro que investigó la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano, a partir de la curación del menor cuando estaba recién nacido en 2003.
José Ignacio Ureta nació el 10 de julio de 2003 con onfalocele, una hernia umbilical que afectaba el hígado, de la que fue operado días después, pero posteriormente le generó complicaciones en otras partes del cuerpo que le llevó a una insuficiencia cardiaca el 2 de agosto.
La abuela y la madre del recién nacido se habían encomendado a Álvaro del Portillo, y pidieron a otras personas rezarle para la sanación del menor, y tras media hora de paro cardiorrespiratorio le colocó la estampa del religioso en la cuna.
José Ignacio no murió y poco a poco fue reportando una mejoría hasta quedar completamente sano, por lo que la Iglesia católica en Chile inició el proceso de beatificación en 2008 que fue validada en 2010 por la Congregación de las Causas de los Santos del Vaticano.
La ceremonia la oficiaron junto con Amato el arzobispo emérito de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y el obispo prelado del Opus Dei, Javier Echeverría, y la concelebraron otros 16 cardenales, 150 obispos y 154 sacerdotes, mientras que otros mil 200 curas repartieron la comunión.
Se estima que a la ceremonia asistieron unas 200 mil personas de 80 países, en especial de las naciones donde Álvaro del Portillo realizó actividades e impulsó proyectos, entre ellos unos cinco mil mexicanos.
jrr
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