Silvia Pinal vivió llena de satisfacciones; en charla con Excélsior

Hace 16 años, la actriz habló sobre su carrera, su primer abrigo de mink, temas de actualidad, de cómo duele ser madre y de sus temores: no tener buena salud y de dejar de estar activa

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Silvia Pinal

Hace 16 años, Silvia Pinal me recibió en su casa y en la conversación compartió recuerdos íntimos. Me mostró a la niña, hija de un militar, que con tal de que la dejaran ser actriz estudió una carrera técnica de taquimecanógrafa y secretaria parlamentaria. Me habló de sus miedos, sus pasiones, sus sacrificios, sus amores y sus errores.

Excélsior publicó la entrevista completa en su edición Dominical del 23 de marzo de 2008, dos días antes de que la Pinal recibiera el Ariel de Oro en el Palacio de Bellas Artes. Hoy, les compartimos extractos.

Su primer abrigo de mink

Fue su primer abrigo de mink. Silvia Pinal no lo estrenó, estaba un poco maltratado y ya se lo habían puesto Columba Domínguez, Irasema Dilian y María Elena Marqués, pero esa prenda había sido la protagonista de una historia que se estrenó en la pantalla grande en 1954.

“Ya estaba bastante usado por la película,  pero fue mi primer abrigo de mink”.

Silvia Pinal elige de su mente los recuerdos, le llegan las imágenes del set, de la cinta Historia de un abrigo de mink, del aparador y del modisto (Eduardo Alcaraz), el custodio del abrigo que engarza cuatro historias de mujeres empeñadas en poseer un costoso abrigo de piel.

“Mi papel era el más importante porque ligaba toda la película, y luego me pude quedar con el abrigo de mink, a muy buen precio”, recuerda en entrevista con Excélsior.

Desde los 13 años quería ser una gran estrella de cine, le atraía la fama, el glamour, las joyas, las pieles y se empeñó por conquistar los escenarios teatrales. En Bellas Artes estudió arte dramático y el martes regresará al Palacio para recibir el Ariel de Oro por su trayectoria.

Está por cumplir 60 años de carrera artística y la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas decidió galardonarla en la fecha en la que celebra 50 años de entregar el Ariel.

El primer reto de la actriz fue convencer a su papá Luis G. Pinal, un militar de arraigadas costumbres, de su gusto e inquietud por la actuación.

“Sí me costó mucho trabajo, porque mi papá no quería. Él me pedía que estudiara una carrera y yo a los 13 años ya quería ser actriz, así que mientras cursaba segundo y tercero de secundaria me inscribí a una carrera técnica en el Instituto Washington y me recibí de taquimecanógrafa, secretaria parlamentaria, que no tenía nada de parlamentaria, pero le llevé mi título y entonces me dejó buscar trabajo en lo mío”.

¿En quién se inspiró, por qué quiso ser actriz?

Porque quise ser actriz, me gustaba mucho Mapi Cortés, Sofía Alvarez, Shirley Macleine, Diana Durbin, actrices que cantaban, actuaban, hacían comedia.

Silvia Pinal luce glamorosa. Su agente de prensa cuidó los detalles y armó la logística: cita en la casa de la actriz, el peinador y el maquillista a las cuatro de la tarde, la entrevista y sesión de fotos a las cinco, una hora después charla con un crítico de cine, a las siete de la noche salida rumbo al Teatro Diego Rivera y a las 8:30 inicia la función Adorables enemigas.

El tiempo apretado y ella dueña de la situación, le gustan los flashes, las luces y las entrevistas.

A ella le tocó protagonizar la última parte del cine de los 50. Dice con nostalgia que no pudo trabajar con Pedro Armendáriz, con María Félix, con Dolores del Río.

“Pero sí tuve el placer de trabajar con Emilio El  Indio Fernández, con Pedro Infante, Marga López, Elsa Aguirre, con Tin Tan, Cantinflas,  Jorge Mistral, Joaquín Pardavé, los hermanos Soler y  con doña Libertad La Marque”.

¿Conoció a Dolores del Río?

 Ella me conoció de chiquita, mi papá también fue periodista, hacía textos para Holywood, y la entrevistó en aquella época, y cuando Dolores me vio recordó a mi papá, me dijo: “Ah tú eres hija de  Luis G Pinal”, yo dije sí soy hija de él. “Ah te pareces tanto a él”. ¡Claro que no!, no me parezco.

¿Su película favorita?

A nivel mundial, Viridiana, El Angel Exterminador y Simón del Desierto (dirigidas por Luis Buñuel). A nivel local, El Inocente, Estrategia de Matrimonio y La Golfa.

¿Regaños de directores?

En la primera película que hice, Bamba (1948). No tenía un sistema de trabajo, de estudio, y me pidieron que llorara por la escena y yo no lloraba, no me producía llanto ni mi parlamento ni lo que me estaba diciendo el director (Miguel Contreras Torres).

Total que el director me empezó a insultar, que era yo una inútil, una tonta y entonces empecé a llorar. Él pidió una cámara y me grabó cuando estaba llorando. Era un sistema medio salvaje, pero el señor lograba lo que quería.

¿Con Buñuel?

Con Buñuel no fue difícil, no hubo regaño. Había muchas pláticas, el final de Viridiana yo lo discutí mucho con él, porque no consideraba que el personaje tuviera ese final, y el me convenció de que finalmente Viridiana iba a producir, iba a ser de la tierra, iba a dar hijos, iba a ser mujer. Obedecí.

Doña Silvia platica que siempre fue disciplinada, que leía los guiones, los escogía y  se preparaba por si el personaje necesitaba cantar o bailar. Consultó a modistos cuando algún papel le exigía ir muy bien vestida.

Se aprendía muy bien sus textos, por eso Anthony Quin no la podía engañar o hacer quedar mal, cuando él en broma le cambiaba los parlamentos.

sacrificio del tiempo libre

Son las 5:30 de la tarde, media hora de retraso según el plan logístico, pero así son las estrellas. Silvia Pinal dejó su recámara hasta que se sintió perfectamente maquillada, bien peinada y se dio su tiempo para elegir la ropa: un traje negro, una pantiblusa de leopardo y unas botas negras de charol, altas y estilizadas.

Le da prioridad a la sesión de fotos, atiende las recomendaciones, se sube al sillón, posa junto al cuadro que le pintó Diego Rivera y deja que le retoquen el maquillaje.

¿Qué ha sacrificado?

Mi tiempo libre, hasta el día de hoy lo sigo sacrificando. Quisiera tener más tiempo para mis hijos, para mi familia, para mis amigos, para viajar, disfrutar, para hacer las cosas que me gustan, como ir a lugares de sol, bailar, esquiar, comer, hacer muchas cosas que por mi trabajo tengo que estar midiendo.

¿Sus pasiones?

Trabajar es mi pasión más importante; después, el amor. Amar en mi vida ha sido muy significativo, me he casado cuatro veces, he tenido cuatro hijos.

¿De quién se enamoró Silvia Pinal?

Me enamoré varias veces. El primer novio que hubiera querido tener a los 15 lo tuve a los 19 años y viví un noviazgo precioso durante cuatro años; después ya conocí un amor más maduro, siendo una mujer de 22 o 23 años. Conocí el amor en diferentes etapas de mi vida y fui queriendo, quise mucho a tres o cuatro personas, las quise mucho.

¿Sus dolores?

Dolores muchos, ha sido muy dura la etapa maternal. Mi hija Viridiana se me murió a los 19 años, en la flor de la edad, era una promesa, trabajaba en teatro clásico, ya había sacado un premio en una película que hizo; y Alejandra que tenía un carácter muy fuerte, fue muy libre desde chiquita, y se fue de la casa, se fue a vivir su primer disco y empezó a luchar solita sin apoyo de nadie.

Sylvita ha sido más común conforme a las normas, se casó, tuvo una hija, se divorció, se volvió a casar, tuvo otra hija. En fin, ser madre duele.

¿Y las satisfacciones?

Muchas, veo que Sylvia es una gran actriz, bastante completa; Alejandra una cantante sensacional, compone sus canciones desde hace tiempo y tiene una capacidad para bailar extraordinaria, es una bailarina recibida.

Mi hijo, Luis Enrique, es más tranquilo, compone, toca música, vende su música, es DJ.

¿Sus temores?

Mis temores…, mi temor es no tener buena salud, cosa que tengo; es dejar de trabajar. Nunca pienso en mis temores, pero ahora que lo medito creo que es ése: dejar de trabajar.

¿Por qué tanta pasión por el trabajo?

Porque me realizo, me descubro, siento los aplausos, veo las sonrisas, disfruto los papeles, busco las oportunidades, experimento mi capacidad de actriz, de hacer drama, canto, bailo.

¿Cómo influyó la formación militar de su papá?

Mucho, en ser muy ordenada, estricta. Con mis hijos fui estricta, me odiaban porque les medía mucho el tiempo, los horarios, supervisaba su ropa, fue una formación que tuve y que practiqué con ellos.

¿Se considera una mujer adelantada a su tiempo, independiente económicamente, madre, cuatro veces esposa, actriz?

Ya había muchas mujeres independientes, lo que no había era tanta madre soltera. Sylvita se casó por la iglesia y por lo civil; Alejandra ya no, aunque después se casó por el civil; Stephy (Salas) no se ha casado.

En mi familia ya no existe ese tabú de que te tienes que casar y tienes que salir de tu casa de blanco. Y de la virginidad, ya ni hablemos.

Y en su carrera política, ¿la sedujo el poder?

Me gustó mucho, lo disfruté mucho, porque con el poder bien usado se pueden hacer cosas bellas, pero siempre vi que había muchas trabas, muchos intereses creados, mucha política de por medio y yo no soy política  y para mi lidiar con esas cosas era difícil.

Ahora tengo grandes amigos del PAN, PRD, PRI, del entonces PPS,  que nos vemos con afecto.

“Me enamoré de la Ciudad de México”

Cuando Silvia Pinal  bajó las escaleras de su casa, en su estancia sólo había un set de luces para fotografía, un cable, una extensión para conectar el flash y una grabadora. Hace 47 años, en ese

lugar, bajó esas escaleras, había una cámara de cine, estaba el director Federico Curiel, los actores Norma Lazareno, Irma Lozano, Tito Junco, Eric del Castillo, Roberto Cañedo, asistentes y maquillistas.

En esa casa se rodó la película de María Isabel (1967) y Silvia Pinal era la protagonista.

“Yo viví en provincia mucho tiempo (nació en Guaymas, Sonora, en 1931), pero cuando llegué aquí descubrí la Ciudad de México y me enamoré de ella”.

¿A qué cine le gustaba ir?

Me gustaba mucho uno chiquito, que se llama Gloria (en la calle de Campeche en la colonia Roma), me encantaba ese porque estaba siempre vacío, era muy limpio, muy bonito; estaba cerca de mi escuela de baile y me gustaba mucho ir.

Mi tía me llevaba al Cine Teresa y al Cine Alameda a las grandes matinés.

¿Y a bailar?

Un lugar que se llamaba El Jacarandas. También iba al Can-Cán, donde presentaban cosas de teatro y que se podía cenar y bailar. Los dos en la Zona Rosa. Iba al Río Rosa (en las calles de Oaxaca y Valladolid), ahí se bailaba muy bien, con orquestas en vivo. Eran los cabarets.

Me gustaba Pérez Prado con el cha cha cha, lo escuché en vivo, me gustaban las orquestas como la del maestro Joaquín Fabre Marroquí.

¿Para comer?

Había un Rívoli maravilloso y el Focolare.

¿La moda?

Siempre me adapté a la moda, trataba de apegarme a lo conservador, pero usaba minifaldas, ropa muy pegada a la cintura, vestidos sueltos, pero los vestidos de línea A, no me gustaban

mucho porque yo soy de grandes caderas.

A doña Silvia le gustan las flores y siempre tiene arreglos naturales en su casa. Regalos que le hacen llegar sus admiradores, sus fans, sus pretendientes. En un estreno de teatro recibe hasta 20 arreglos.

A bote pronto

Andrés Manuel López Obrador:  “No puedo opinar de Andrés Manuel”.

Felipe Calderón: “Fue compañero mío en la Cámara de Diputados. Lo respeto, es un hombre preparado, culto y tranquilo”.

Beatriz Paredes: “¡Ay!, la admiro muchísimo, fue mi compañera en la Asamblea, en la Cámara de Diputados y en el Senado.”

Luis Buñuel: “El gran ídolo de mi carrera.”

Gabriel Figueroa: “Otro ídolo para mi.”

Tin Tan: “De todos los cómicos de México, él era el mejor.”

Mario Moreno: “Un personaje, Cantinflas.”

Pedro Infante: “¡No!, ese era un sol, tenía un ángel, chaparrito, pero era un encanto que las viejas suspiraban por él, lo veían y se derretían.”

Marga López: “Muy linda, era estrella de Filmex y yo era una de las estrellitas de Filmex.”

Dolores del Río: “Una dama, fría y distante.”

María Félix: “Era arrebatada, violenta, fuerte, pero era una mujer hermosa e impresionó al mundo.”

Ignacio López Tarso: “Lo adoro, lo admiro.”

Enrique Alonso: “Amigo, muy amigo.”

Diego Luna: “Me gusta, pero me gusta más Gael.”