Los residentes que sostienen la vida

Juana Ramírez

Juana Ramírez

El arco de Juana

En México, cada año egresan miles de médicos especialistas tras completar uno de los procesos formativos más demandantes que existen: la residencia médica. De acuerdo con la Secretaría de Salud y la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina, más de 16 mil médicos generales se gradúan anualmente. Sin embargo, menos de 25% logra acceder a una especialidad a través del Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas y, sin embargo, entrar no es garantía de éxito. Es el inicio de otra exigencia.

Diversos estudios en México y AL documentan que más de 60% de los médicos residentes presenta síntomas de burnout: agotamiento emocional, despersonalización y una disminución en la percepción de logro profesional. Y uno de cada tres reporta síntomas de depresión o ansiedad durante su formación. No es un dato menor. Es un síntoma del sistema. México cuenta con aproximadamente 2.4 médicos por cada mil habitantes, muy por debajo del promedio de la OCDE, que rebasa 3.5. En especialidades como oncología, geriatría o cuidados paliativos, el déficit no es sólo técnico: es humano y, por ello, los residentes no sólo se forman. Sostienen. Son quienes reciben a los pacientes en la madrugada, dan seguimiento clínico y toman decisiones en escenarios de alta presión. Son la columna vertebral silenciosa de los hospitales públicos.

Cada especialista representa más de una década de formación. Pero también una disyuntiva: quedarse o irse, resistir o migrar, construir dentro o buscar oportunidades fuera del país. Porque el sistema los necesita, pero no siempre los cuida. El desgaste acumulado no termina con la residencia. Se arrastra. Se normaliza. Se convierte en cultura. Y en esa normalización, el riesgo es profundo: perder no sólo talento, sino humanidad en el ejercicio de la medicina.

El viernes asistí a la ceremonia de graduación de 177 residentes del Hospital Ángeles Health System (HAHS). Aunque la gran mayoría de los residentes del país se forma en los hospitales públicos, HAHS cuenta con el sistema de educación médica privada más grande del país. Con más de 30 años, en 21 de sus hospitales hoy se forman 1,223 estudiantes, en 15 programas de residencias médicas y 40 programas de alta especialidad avalados por algunas de las más prestigiosas universidades.

Los 94 residentes graduados en especialidades como anestesiología, biología de la reproducción, cirugía general, imagenología, ginecología y obstetricia, medicina crítica, neonatología, ortopedia y traumatología, y pediatría, junto con los 83 graduados de los cursos de alta especialidad en áreas como cirugía de base de cráneo, mínima invasión, bariátrica y gastrointestinal avanzada, oncología molecular, resonancia magnética y radiología de la mujer, entre otras, tienen algo en común: en su formación tuvieron acceso a las más avanzadas herramientas tecnológicas para el diagnóstico y abordaje terapéutico de los pacientes, en condiciones adecuadas para su atención y formación profesional.

Pero la conversación sobre las residencias médicas no puede limitarse a cuántos especialistas formamos. Tiene que incluir en qué condiciones viven, trabajan y deciden quedarse. Porque no estamos hablando sólo de médicos, sino de personas que han aprendido a sostener la vida de otros, muchas veces descuidando la propia. La pregunta no es si están preparados. La pregunta es si el sistema puede seguir dependiendo de su sacrificio.

Hoy, quienes se gradúan de una residencia médica no sólo reciben un título. Reciben el peso de un sistema que aún no logra equilibrar exigencia con dignidad. Por eso es tan valioso este espacio de formación desde el sector privado y tan inspirador: además que la doctora Samantha Martínez y el doctor Daniel E. Córdova recibirán las becas Olegario Vázquez Raña y Olegario Vázquez Aldir, respectivamente, para continuar sus estudios de especialización en el extranjero.

Si queremos hablar en serio de salud, hay que empezar por cuidar a quienes la hacen posible con acciones concretas. Porque al final hay una constante que no cambia: los profesionales de la salud sosteniendo la vida.

Desde este Arco, mi felicitación a todos los residentes recientemente graduados en instituciones públicas y privadas de todo el país.

X