Silverio Palacios, un actor con luz propia

El originario de Colima protagoniza la obra Faustus en el Teatro Wilberto Cantón, que hace referencia a un hombre que da su alma al diablo por conocimiento y placeres

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Actor Silverio Palacios

Para Silverio Palacios, la experiencia del teatro sobre  el cine o la televisión, es formar parte de un fenómeno vivo.

El protagonista del personaje de Tony El Caníbal en Matando Cabos 1 y 2, de El Perro en la serie S.O.Z: Soldados o Zombies, o de Gilberto Gómez Letras en la miniserie Belascoarán, decidió subirse al escenario nuevamente con la obra Faustus, en el Teatro Wilberto Cantón, sobre la leyenda clásica alemana de un hombre insatisfecho con su vida, quien hace un pacto con el diablo y le entrega su alma, a cambio de mayor conocimiento y placeres inmediatos y mundanos.

El teatro se sirve muy poco de los artificios del engaño. Puede ser errático, pero no puedes esconder lo legítimo y honesto de sus intenciones, porque está vivo.El mensaje es de corazón a corazón. Cuando te subes al escenario.

Al espectador lo alimentamos de expectativas, esa comunicación de entraña a entraña, con la que sucede la magia,. Esa es la virtud del teatro”, relató a Excélsior.

Silverio recordó que es un actor formado en el teatro, quien no pensó que tendría un desarrollo en el cine.

El cine ha sido una alternativa también para sobrevivir, porque del teatro no se vive del todo bien, pero se logran dichas como el poderse comunicar.

De manera escalonada  fui encontrando el atractivo de subirse al escenario y poderme comunicar. De encontrar que hay un nivel de comunicación más allá de lo habitual”, relató.

Luego se inscribió en la Universidad de Colima, para representar obras con beneficio social y decirles a los niños que se lavaran las manos y cuidaran su salud. Después, llegaron las historias clásicas. A los 18 años, obtuvo un premio como Mejor actor en un festival de teatro en Estados Unidos, en el Paso, Texas.

Estaba estudiando para maestro y lo sigo siendo, de música, primaria y secundaria. No tenía definida mi profesión y en ese momento determinado me dieron un premio, así que dije ‘si ya me puedo comunicar y me están reconociendo, sí sirvo para eso, me pondré a estudiarlo profesionalmente y quizá descubro que tiene una utilidad social el teatro’. Hasta ahora estoy convencido que sí, que te puedes comunicar más a fondo y que tienes la responsabilidad de perfeccionar tu discurso. En el teatro las cosas se tienen que pensar, que ensayar y salir a la prueba y error.

Creo que necesitamos decirle al ser humano que, de inicio, para construir tiene que creer en sí mismo. Quieres ser mejor, pon en juego lo que mejor tienes de ti”, explicó.

EN VIVO Y FRENTE AL PÚBLICO

Bajo la autoría y dirección de Javier Nieto, con música en vivo, humor y suspenso, la temporada de Faustus se presenta en el Teatro Wilberto Cantón de la Sogem, todos los martes a las 20:00 horas.

En esta interpretación, Fausto es un hombre solitario y triste que en un cruce inesperado de la vida conoce a una hermosa joven de gran carácter, soberbia y vanidosa, Margarita, de quien sabe no podrá jamás obtener su cariño. Pero una figura siniestra lo guiará por caminos oscuros, con la promesa de poseer la pasión y amor de la mujer.

Lo que me interesó de esta propuesta de Javier Nieto es el tema, es la premisa fundamental de un hombre que aspira a mejores condiciones existenciales y, a cambio, le tiene que vender su alma al diablo.

En la actualidad, vivimos la mundanidad floreciente; son épocas en las que el éxito se mide por cuántas luces se tienen al  alrededor. Los que nos dedicamos al mundo del cine o del teatro, somos muy afectos y sensibles a la luminotecnia de la fama, el éxito y los placeres.

Es un tema que hay que reactivar, evolucionar, cada que el mundo se encuentra en ese periodo natural y cíclico, y cuando la dominante es así y el reconocimiento público, el éxito de cualquier ser humano, estriba en cuántas luces estén a su alrededor y no cuanta luz emane de sí mismo”, explicó Palacios.

Para el actor, hay otro tópico de fondo abordado en la obra y que es parte del debate público y social: la mujer, en este caso Margarita, como el objeto deseado.

Las personas que crecimos y nos formamos con una idiosincrasia distinta décadas atrás, ahora tenemos que tramitar el hecho de entender que la mujer, por fortuna y evolución humana, tiene una participación social y humana con relevancia importante y que, además, llega a ser  determinante para el futuro la manera en la que se puede contribuir al desarrollo humano.

Aquí hay una suerte de equilibrio Si bien la obra se llama Faustus, yo creo que lo más justo es que se pudiera llamar Faustus y Margarita, porque se están tratando de reivindicar esos valores que la mujer tiene en sí y que, de pronto, por el afán de tener placeres y bienestar, también ella cae en venderle su alma al diablo. Este Faustus es una suerte de andrógino, representando por estos dos personajes.

Es decir, es el ser humano y no el género, no es el hombre y la mujer, el que finalmente está cediendo a la mundanidad por un éxito fútil, fugaz, a cambio de un placer momentáneo”, acotó.

Palacios detalló que buscar los reflectores contra emanar luz propia es una reflexión que, como artistas, siempre está presente.

Es una reflexión permanente de quienes nos dedicamos al arte, la cultura y que estamos frente al público. Tenemos que reivindicar, constantemente, que nos ocupamos del estado de salud espiritual de una sociedad. En ese sentido, tenemos que reavivar permanentemente los valores que sostienen a una sociedad en pie.

Ahora que vivimos en una sociedad en la que el odio se dispersa indiscriminada e irresponsablemente como parte de una disputa política banal, tendiente a reconocer que aún no hemos dejado del todo la barbarie, el arte tiene la necesidad de reivindicar, revalorar y recordarle a la gente, que tenemos valores y un sentido de humanidad que hemos desarrollado.

Estamos dejando de lado en pos del poder, como el que aspira Fausto; en pos de la dicha o el éxito mundano, fugaz, que nos dan las luces artificiales y que estamos sacrificando lo otro, lo que sí nos ha hecho evolucionar, que nos ha dado la capacidad de construir y no de destruir. Para eso está este tipo de puestas en escena, para reflexionar que si te conduces por ese lado de satisfacciones inmediatas, así será tu trascendencia”, concluyó.

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