Un viaje hacia el interior; Elena Poniatowska cumple hoy 90 años

La narradora y periodista, quien recibirá hoy un homenaje nacional, afirma que desea escribir un libro más personal e íntimo y ver crecer a sus nietos

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Fotos: Archivo Excélsior/ Virginia Bautista/ Especial/ Fotoarte: Erick Zepeda

CIUDAD DE MÉXICO. El día que nacieron sus tres hijos, Emmanuel, Felipe y Paula; el primer chico del que se enamoró, cuyo nombre no recuerda, y esas noches de baile en las casas de las amigas de su madre, “cuando las faldas amponas giraban al ritmo musical de la época”, son algunos de los momentos más felices que siguen presentes en la memoria de la escritora y periodista Elena Poniatowska Amor (1932), que hoy cumple 90 años.

La novelista, cuentista y cronista, quien nació en París (Francia) en 1932, pero llegó a México cuando tenía 10 años, “y poco a poco me enamoré del país donde se comían las flores”, recibirá hoy, a medio día, un homenaje nacional en el Palacio de Bellas Artes.

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Ha sido difícil llegar a los 90 años, son demasiados. A esta edad ya tienes que fijarte por dónde caminas, porque, si no, azotas. Ya no quiero viajar. Lo único que se me antoja es hacer un viaje hacia mi interior, para poder escribir otro libro, uno más personal, pues siempre me he ocupado de los demás, y ver crecer a mis nietos”, confiesa en entrevista con Excélsior.

En su casa de Chimalistac, con una copa de vino tinto en la mano, quien se considera sobre todo “una periodista” recuerda a sus amigos, a sus compañeros de trabajo, a los artistas que entrevistó y con los que convivió y a sus amigas activistas, como la recién fallecida Rosario Ibarra de Piedra.

Había una vida cultural e intelectual muy fuerte, que ahora se ha diluido totalmente. También me preocupa el periodismo. Yo siempre fui de escribir, nunca me gustó la radio ni la tele, aunque sí hice algunos trabajos.

Lo mío son los periódicos, pero ya están desapareciendo”, comenta quien publicó su primera entrevista en Excélsior, el 27 de mayo de 1953, diario en el que trabajó durante un año.

Nacida con el título de princesa, Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor, su nombre de pila, la descendiente del último rey de Polonia, Estanislao II Poniatowski, cuya vida recrea en los dos tomos de El amante polaco, su título más reciente, ha desarrollado de manera paralela el periodismo y la literatura.

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En 1954 publicó su primer libro de cuentos, Lilus Kikus, y desde entonces no ha parado de explorar ambas disciplinas.

Curiosa e irreverente, la Premio Cervantes 2013, considerado el Nobel de las letras en español, ha escrito e imaginado historias desde hace 69 años: ha hecho crónicas de los sucesos que han sacudido al país, como la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968, el terremoto de 1985 en la Ciudad de México y el conflicto indígena armado de Chiapas en 1994; y ha recreado la vida de mujeres fundamentales del siglo XX, como la fotógrafa Tina Modotti, la soldadera Jesusa Palancares, la pintora Leonora Carrington y Guadalupe Rivera Marín, la primera esposa del pintor Diego Rivera.

Nunca pensé que sobreviviría a compañeros de trabajo y amigos como Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco y Vicente Rojo, a quienes veía todos los lunes. Extraño toda esa época muy creativa y de mucha solidaridad. Ahora todo está muy muerto”, admite.

Rodeada de cojines bordados con figuras de aves, flores, pájaros enamorados, ollas de barro negro, plantas y una Virgen de Guadalupe barroca, todos regalos de amigos y lectores de su obra,

Poniatowska confiesa que no le teme a la muerte e, incluso, la reta.

Tengo diez nietos. Bueno, uno ya murió pero lo sigo contando. Son Tomás,Andrés, Nicolás, Pablo, Cristóbal, Lucas, Rodrigo (fallecido), Inés, Carmen y Luna. Los quiero mucho y no es mala idea escribir una historia donde ellos sean los personajes”, agrega la también autora de literatura infantil.

A Elena le encanta la comida mexicana. Mientras come pollo con pipián, arroz y un chile relleno, y de postre gelatina de toronja, confiesa su gusto por la pintura y muestra algunos de los cuadros en los que ha trabajado. “Se siente bien, se me quitan los nervios, es muy sedante, cuando pinto se me olvidan los problemas”, añade.

Buena anfitriona, le agrada recibir visitas y estar al pendiente de que se sientan bien; está al pendiente de todo y no rehúye ningún tema.

Antes de terminar la entrevista, recordó dos títulos que había sugerido hace años para la nota que se publicará cuando ella muera. “No se te olvide, puede ser ‘Se petateó’ o ‘Colgó los tenis’. Me gusta más la primera. Y te agrego una tercera: ‘Se fue al infierno’”, indica sonriendo.

cva

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