¡Tongolele, vaya que sí sabía bailar!
Tongolele murió a los 93 años el pasado domingo 16 de febrero, tras haberse retirado en 2015 debido a diversas afectaciones en su salud. Brilló en la década de los 50 en el cine mexicano

A finales de los años 90, me enviaron del semanario en el que trabajaba a entrevistar a Tongolele. Las razones tenían más que ver con un “borrego” –chisme– intrascendente que le habían contado a Vicente Leñero.
Me fue claro que la oportunidad de entrevistar a la extraordinaria artista era única y, minutos antes de la hora pactada, ya estaba apostada afuera de su casa en la colonia Nápoles.
Me abrió una sonriente jovencita y sólo me dijo: “La señora bajará en unos minutos”. Una hora 45 minutos después, Yolanda Montes Tongolele (Spokane, 1932-Puebla, 2025) no había aparecido.
Desde el sillón de su sala, podía, expectante, ver la gran escalera esperando su aparición.
De repente, con paso seguro, bajó la escalera vestida en seda en colores muy claros. Mientras descendía, un aroma celestial invadía el lugar. Maquillada a la perfección y con unos ojos verdes impresionantes, le perdoné las dos horas de espera.
De inmediato empezamos a hablar de danza. Me narró que se entrenaba de forma diaria y me explicó a detalle la importancia de no perder la fuerza de su cadera y hacer yoga.
Sin más, entusiasmada, como si fuese una reunión entre amigas, se levantó y se lanzó a bailar sin zapatos frente a mí. Lo hacía detallando las diferentes posiciones de las piernas y sus diferencias con el hawaiano.
Me mostró sus tremendos empeines y el en dehors o amplitud de su caderas, hizo splits. Me dio una clase maestra sobre qué elementos incorporó de la rumba cubana –yambú, guaguancó y columbia– a su exótica danza.
Me narró también que era rubia en realidad y que, siendo menor de edad, bailaba en centros nocturnos en Tijuana. “Nunca fui una vedette, yo bailaba. Mi vestuario siempre fue mostrando el ombligo. Y me puse Tongolele por las islas Tonga, y agregamos el lele para que sonara más exótico”, comentó en aquella ocasión.
Fue una extranjera que logró convertirse en un personaje inigualable en el arte nacional. Tan sólo con el filme Han matado a Tongolele, en el que ella se encarna a sí misma, se podría hacer todo un estudio de empoderamiento y representación de una ficción dentro de otra ficción.
Dos horas después de mi visita, ya en el dintel de la puerta, le pregunté ¿qué perfume usa?: “Dune, creo que me va muy bien”, respondió.
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clm