Ramón Vargas, una confrontación vital en cada ópera

El tenor mexicano, que en octubre cantará en la Sala Nezahualcóyotl, habla de la longevidad de su carrera, de su llegada a Seúl y la proyección de jóvenes cantantes

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Ramón Vargas

“La ópera es una enseñanza constante de lo que es la vida. Eso que tú ves, como guerras y conflictos, también está en la ópera y, a pesar de eso, la gente vive, disfruta, ama, odia, goza, muere. Así que, la ópera nos pone ante la realidad constantemente”, dice a Excélsior el tenor mexicano Ramón Vargas, vía Zoom desde Seúl, antes de volver a México el 5 de octubre para cantar en el Festival Cultura UNAM.

“Muchas de las óperas que conocemos siempre están hablando de guerras que, desafortunadamente, en el ser humano parece ser algo que aún no sabemos evitar. Por ejemplo, pienso en las obras de Verdi, donde hablan siempre de guerras o batallas, así que la ópera nos enseña, a pesar de todo eso, que la gente podemos vivir y amar dentro del momento histórico que cada quien vive”, explica.

Para Vargas —quien hizo su debut internacional en 1992 en Lucia di Lammermoor, en The Metropolitan Opera House de Nueva York, en sustitución de Luciano Pavarotti— “la ópera sí tiene una función muy útil en la sociedad, porque te confronta a través de las emociones que te puede brindar la música”.

¿Ha cambiado algo en su preparación como cantante luego de 43 años en el escenario?, se le pregunta a Ramón Vargas.

“Ha cambiado poco porque he sido muy disciplinado y eso me ha ayudado a tener esta longevidad. La preparación, el trabajo, el esfuerzo, la disciplina son la base de todo. Tú puedes tener el talento más grande del mundo, pero, si no eres disciplinado, no llegarás a ningún lado.

“Mientras tengas talento puedes brillar por unos años. Pero los cantantes de ópera somos como atletas de la voz y si no somos disciplinados, tal como sucede en el box o el futbol, las carreras terminan de forma prematura”, explica.

¿Hasta dónde piensa llegar antes de retirarse? “El canto no perdona. Pareciera que somos unos bohemios, pero tenemos que trabajar y cuidarnos para que la carrera dure. Y, en ese sentido, si ya tengo 43 años cantando es porque algo habré hecho bien.

“También hay que ser inteligentes y reconocer nuestros límites. Hoy hago menos producciones operísticas que recitales y conciertos. Entonces, cuando sientes tus capacidades mermadas, yo creo que hay que saber detectar el momento para retirarse con dignidad”.

¿Le quedan diez años para seguir cantando? “¡No!, ¡ojalá! Yo voy hacia adelante de dos años en dos... a ver qué pasa. Por lo pronto sigo contento y agradecido con la vida de hacer lo que me gusta, de seguir cantando y disfrutando este encuentro con el público y de seguir moviendo corazones con mis interpretaciones”.

¿Cómo observa la proyección de voces mexicanas en el extranjero? “Hubo un periodo en el que existieron las famosas becas del Fonca, también estuvo Pepita Serrano con la Sociedad Internacional de Valores de Arte Mexicano (SIVAM), que también apoyó a muchos cantantes. Actualmente está el Estudio de la Ópera de Bellas Artes (EOBA), que ya lleva 11 años de trabajo.

“Creo que poco a poco se está clarificando el hecho de que México no sólo es un productor de voces, sino que también se está produciendo, cada vez más y de manera evidente, más cantantes... y eso es un paso adelante”, asegura.

Por último, reconoce que es difícil que todo el gran público conecte con la ópera.

“Uno de mis hijos estudió gestión cultural en Estados Unidos y él me decía algo muy interesante: que la franja de quienes van a óperas y museos se divide, porque cuando se es joven —a menos que estés vinculado a través de padres, abuelos— no vas a la ópera.

“Los más jóvenes van a las discotecas, a los 30 años empiezan a viajar, van a lugares donde se divierten, y es hasta los 40 cuando empiezan a pensar en que ya no les importa tener el auto más reciente, sino experiencias nuevas y, a partir de los 50 , la gente empieza a disfrutar algo que de jóvenes no conseguía, como los museos, las obras teatrales, la ópera”, asegura.

Próximamente el tenor cantará El elíxir de amor, en Cádiz; Un baile de máscaras, en Argentina y tendrá numerosos recitales en Georgia, Francia, Nuevo Laredo y en México.

Destaca la disciplina de coreanos

Ramón Vargas también habla de las razones que lo llevaron a trabajar en Corea del Sur, aunque advierte que mantiene su residencia en Austria, Viena.

“Estoy aquí de casualidad, porque me pidieron hacer unos cursos de canto, y ya estando aquí me dijeron si no quería tomar un profesorado en la Universidad de Seúl.

“Entonces les dije que sí, pero a condición de que pudiera seguir mi carrera, porque aún no me puedo dedicar (de lleno) a la enseñanza”, asegura, lo cual fue bien recibido, pues pocos catedráticos se mantienen en el escenario.

Por último, el tenor destaca las bondades de la cultura surcoreana, como su disciplina y su limpieza.

Sin embargo, reconoce que aún no logra hablar con fluidez en coreano. “Llevo algunas semanas practicando una canción coreana, pero es una lengua que tiene sonidos que nosotros no tenemos. Pese a todo, ellos están muy impresionados de que un cantante extranjero que no habla bien coreano pueda cantar su música, interpretarla y pronunciarla. Aún no alcanzo a tener un diálogo básico, pero lo voy a lograr”, concluye.

Juan Carlos Talavera