¡El azul no es libre! Descubre quién es el “dueño” de este color

Explora cómo algunas entidades registraron tonos de azul, qué significa “ser dueño” de un color y en qué casos aplica.

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Dueño del color azul

¿Sabes quién es el dueño del color azul? El tono del cielo, del mar… De forma impactante, sí existe alguien que lo “posee”. En apariencia imposible, pero en el mundo del branding y la propiedad intelectual, hay ejemplos concretos de quien ha registrado el color azul como su marca.  

Esta idea romántica de que el color es libre se contrapone a la realidad legal: ciertos matices están efectivamente vinculados a compañías que los protegen.

Tomemos como ejemplo el famoso “Azul de Tiffany & Co.”, ese tono entre turquesa‑aguamarina que evoca lujo y exclusividad. A partir de la década de 1990, Tiffany registró ese matiz como marca y lo utiliza de manera exclusiva en su empaque, generando un efecto instantáneo de identidad visual. 

Entonces, ¿es posible “tener” un tono de azul? ¿Y qué implicaciones tiene para los creativos, las marcas y para nosotros como consumidores de colores?  

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Dueño del color azul. Foto: Canva

¿Quién “inventó” el color azul? 

Aunque el azul es uno de los colores más comunes para nosotros hoy en día, históricamente fue uno de los más difíciles de producir y más valorados. En civilizaciones como Egipto, el azul ultramar o el azul de egipcio (azul egipcio, pigmento derivado de cobre y sílice) era precioso. 

La química del color requería técnicas especiales que no estaban al alcance de todos. A esto se le suma que el “azul” en idiomas antiguos como el hebreo no siempre existía de la misma forma que en los modernos — algunos estudios lingüísticos señalan que el azul aparecía tardíamente como categoría cromática.

Con la industrialización, aparecieron pigmentos sintéticos en el siglo 19 y 20, como el azul de Prusia, el azul cobalto y el ultramar sintético, lo que permitió producir azul de forma más accesible. De ahí en adelante, el azul pasó de lujo raro a omnipresente.

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Dueño del color azul. Foto: Canva

El azul en el Pantone

En tiempos modernos, los colores se codifican mediante sistemas como el Pantone Matching System (PMS) o valores HEX en digital — lo que permite reproducir fielmente un tono. 

La empresa Pantone dispone de un catálogo de colores que muchas industrias utilizan como estándar. Por ejemplo, Tiffany desarrolló un “custom color” para su marca llamado “1837 Blue” por el año de fundación de la empresa. 

Esto significa que, aunque el azul es un color “general”, ciertos tonos específicos pueden estar vinculados a identidades corporativas tan fuertes que la ley reconoce esa asociación y concede protección legal en ciertos contextos. Y ahí es donde aparece la idea de que “alguien” puede ser dueño de un azul.

¿Los colores tienen dueños?

En general, los colores no pueden estar patentados ni “poseídos” en el sentido de un monopolio absoluto sobre el uso del color en todos los contextos. No obstante, la ley de marcas permite que un color sea registrado como marca si cumple ciertos requisitos: debe estar asociado a un origen comercial específico y diferenciar un producto o servicio. 

Por ejemplo, en Estados Unidos bajo la Lanham Act se puede registrar un color si los consumidores lo perciben inmediatamente como identificador de la marca. Esto no significa que la empresa “posea” el color en sí, sino que tiene derechos sobre ese color en un contexto específico (productos/servicios) y en un territorio o clase determinada.

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Dueño del color azul. Foto: Canva

Entonces, ¿quién es el dueño del color azul?

La respuesta es: nadie es dueño de todo el color azul en absoluto. Lo que sí ocurre es que ciertas empresas tienen derechos de marca sobre tonos específicos de azul para ciertas clases de productos/servicios. En ese sentido, podemos decir que Tiffany es “dueña” de su azul, pero no del azul universal.

¿Qué pasa con el color IKB (International Klein Blue)?

El IKB no es solo un tono de azul, sino una combinación específica de pigmento y aglutinante desarrollada por Yves Klein con el comerciante de colores Édouard Adam en París. 

Klein usó azul ultramarino como pigmento principal, considerado muy puro y con resonancias simbólicas. Con Adam encontró un aglutinante de resina sintética que permitía conservar al máximo la intensidad del pigmento, cosa que los aglutinantes tradicionales no lograban.

En 1960, Klein registró mediante un “sobre Soleau” en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) de Francia la fórmula bajo el nombre “International Klein Blue”. Este registro no equivalía a una patente de color, sino un depósito que constataba la fecha de invención del procedimiento técnico. 

El registro que hizo Klein afectaba al procedimiento técnico (la mezcla pigmento–resina) y no al uso general del azul. 

Sin embargo, sí existe una explotación de la obra de Klein y su nombre (marca, derechos de imagen): el ADAGP (Sociedad de Autores de las Artes Gráficas y Plásticas) gestiona los derechos de autor de Yves Klein a nivel mundial en nombre del The Estate of Yves Klein (su patrimonio artístico) y tiene el poder exclusivo de autorizar reproducciones, representaciones de sus obras y del uso de su nombre/trademark.

Aunque usar un tono azul similar sin mencionar el nombre del artista ni reproducir su obra no implica necesariamente pago automático de regalías, ya que la ley no permite monopolizar el color puro.

Pero si alguien reproduce una obra de Klein, o la usa comercialmente como suya, o usa su nombre para marketing, entonces si se puede exigir compensación o impedirlo.