‘Poderes económicos han pervertido la literatura’: Leonardo Padura

El autor de ‘Morir en la arena’, recibirá hoy el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Guadalajara

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Fotos: Juan Carlos Talavera

Una realidad que preocupa al escritor cubano Leonardo Padura (La Habana, 1955) es la manera como los poderes económicos han pervertido el arte y la literatura al punto en que se ha reducido la circulación y la proliferación de la verdadera literatura.

Es un hecho que el mercado está decidiendo en la mayoría de las ocasiones qué cosa lee la gente. Eso es una realidad indiscutible. Tú entras a una librería en México, España o Buenos Aires y en la mesa de novedades ves 15 títulos, de los cuales 10 siempre son los mismos: El Premio Planeta, el segundo Premio Planeta, Dan Brown, Ken Follet y tres más”, comenta en entrevista con Excélsior, a unas horas de que reciba el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Guadalajara, en el marco de la 39 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde presenta su más reciente novela Morir en la arena.

Y agrega: “Así que el espacio para la literatura se ha ido reduciendo en un momento en el que la circulación de los libros tiene unas competencias que antes no tenía, en el que la prisa se ha convertido en una forma de vivir, como si el tiempo se nos acabara. Todo esto está afectando el mejor desarrollo de la literatura y lo único que uno no puede hacer, hermano, es caer en esa trampa. Creo que el escritor tiene una responsabilidad, primero estética y segundo civil, y esas responsabilidades hay que asumirlas con seriedad.

¿Considera que su narrativa es una suerte de memoria y una cartografía de la Cuba que le ha tocado vivir?, se le pregunta a Padura, quien lanza algunas bromas y asegura que las ferias del libro son un maratón y que las entrevistas son obstáculos que debe saltar. Luego saluda al escritor Eduardo Mendoza, a quien felicita por su reciente Premio Princesa de Asturias.

Eso que tú llamas el mapa o la cartografía y la memoria creo que son temas importantes. Respecto a esa cartografía, creo que, desde el principio —sin tener plena conciencia, después con conciencia, y luego alimentando esa conciencia— he intentado escribir una crónica posible de la vida cubana contemporánea, una crónica que está hecha muy desde la perspectiva de mi generación.

Si has leído mis novelas, donde el personaje es Mario Conde, sabes que son novelas de mi generación, no sólo porque el personaje lo sea, sino por todo su grupo, sus conflictos y las historias de su generación. Desde Pasado perfecto —primera entrega de la serie policiaca del detective Mario Conde— se hace un recorrido de ese pasado que también forma parte de ese recorrido y de una experiencia vital que es una experiencia social”, explica.

¿Es Morir en la arena un recorrido de 60 años de vida cubana? “Es una novela que tiene un presente en el año 2023, que yo veo como el momento de las consecuencias, en donde se produce un hecho central en la trama: que pronto va a salir de la cárcel un parricida, que recibirá su hermano y su exmujer, y eso provocará un tsunami familiar.

Estos personajes están jubilados y viven una realidad (personal y financiera) muy complicada, pero ese momento está alimentado por una serie de causas que vienen recorriendo la vida cubana desde los años 60 y por eso hay tantos acontecimientos que van marcando hitos en la generación”, apunta.

¿Era necesario hacer este ejercicio de memoria? “Sí, porque es universal que los poderes esquilman la memoria y dejan solamente lo que les interesa, lo que los justifica, lo que los fundamenta a ellos. Hay que intentar —y es una responsabilidad civil que tenemos, no política, sino civil— de preservar esa memoria desde el presente para el futuro”.

¿Por qué entre los escritores cubanos que repasa en su libro incluyó al “desconocido” Manuel Cofiño? “Hay un personaje en esta novela que es un escritor, Raimundo Fumero, el amigo eterno del personaje que en un momento comete un parricidio; es su amigo antes, durante y después, y mantiene una fidelidad con este hombre a pesar del crimen que cometió”.

Sin embargo, Cofiño —a diferencia de José Lezama Lima y Virgilio Piñera— “fue uno de esos escritores que alimentaron y cultivaron la novela policial revolucionaria, una novela financiada y promovida por el Ministerio del Interior… era una literatura que se proponía la propaganda política y que fue muy fácil su cultivo, porque la novela policial, a diferencia de otras literaturas, es muy fácil escribirla mal y muy difícil escribirla bien”, concluye.

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