Un maestro surrealista

Juan José Serrano

Juan José Serrano

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Muchos de nosotros identificamos la famosa escultura que ha sido adaptada en distintas dimensiones y colores, y que incluso puede ser utilizada como asiento para una persona; en efecto, se trata de la “Silla Mano”, cuyo diseño es producto de la genialidad de un gran maestro: Pedro Friedeberg. Sin duda, uno de los artistas más importantes de nuestro tiempo y cuya producción, conforme avance el tiempo, será cada vez más valorada.

Friedeberg nació en Florencia, Italia, en el año de 1936. Diseñador, pintor y escultor, su obra está marcada por un simbolismo y una ironía desbordantes. Poseedor de una creatividad e imaginación prácticamente ilimitadas, lo mismo fusionó figuras simétricas que generaban una perspectiva de gran profundidad, que fórmulas matemáticas plasmadas sobre figuras de colores; animales caricaturizados sobre formas reproducidas a manera de espejo, así como reflexiones filosóficas merecedoras de un comunicado contemporáneo. La obra del artista contiene una riqueza de color y de formas como pocos lo han logrado; sin temor a equivocarme, es uno de los más grandes surrealistas en México.

Si bien inició estudios de arquitectura en la Universidad Iberoamericana, abandonó la carrera para iniciar la construcción de su prolífico acervo artístico. Se dice que una de las mayores influencias en su producción provino de artistas como Remedios Varo y Mathias Goeritz, aunque en diversas entrevistas manifestó que su admiración se dirigía particularmente hacia Antonio Souza —propietario, además, de una galería que albergaba a artistas contemporáneos—, a quien llegó a clasificar como un fenómeno. En su sitio oficial reconoce que fueron los dos primeros quienes lo animaron a montar su primera exposición individual (1959), en la Galería Diana de la Ciudad de México.

Retomando su creación icónica, la “Silla Mano”, ésta fue diseñada a principios de la década de los sesenta. La pieza representa una mano humana cuya palma funciona como asiento, mientras que los dedos cumplen la función de respaldo del mueble. Este experimento artístico de Friedeberg se convirtió en uno de los objetos de diseño más reconocibles del arte mexicano del siglo XX. El propio autor llegó a expresar cierta inconformidad con el éxito de esta obra, pues argumentaba que la popularidad de la pieza eclipsaba la complejidad de su producción artística.

El artista manifestaba que su obra no debía ser analizada con excesiva profundidad; justamente lo contrario: con frecuencia señalaba que no debía interpretarse de manera demasiado seria. Sus pinturas reflejan estructuras que combinan precisión geométrica, paralelismos muy marcados y fantasía visual; todo ello, como se ha dicho, con una perspectiva muy definida. Generó un patrimonio artístico que incluía cuadros en los que se aprecia el caos, en algunos casos, y la armonía en otros, pero que en la mayoría provoca un ambiente lúdico y estimulante. En síntesis, fue creador de una mezcla singular de surrealismo y arte pop.

Friedeberg, a lo largo de su trayectoria, expuso en museos y galerías tanto de Europa como de América; sus obras forman parte de colecciones de gran prestigio en distintas partes del mundo. El Instituto Nacional de Bellas Artes le entregó en 2012 uno de los máximos reconocimientos de nuestro país: la Medalla de Bellas Artes.

No obstante su edad avanzada, Pedro Friedeberg continuó produciendo obra de altísima calidad, con la creatividad y el diseño que siempre lo caracterizaron. Falleció el pasado 5 de marzo a los 90 años. Su muerte marcó el final de una de las trayectorias más relevantes del arte mexicano contemporáneo.

* En un cambio total de tema y como conclusión de todos los artículos que antecedieron durante varias semanas —relacionados con propuestas para mejorar la Auditoría Superior de la Federación y, evidentemente, con mi participación en el proceso para el cambio de su titular—, quiero desearle el mayor de los éxitos al licenciado Aureliano Hernández Palacios Cardel, quien inició su gestión como auditor superior por los próximos ocho años el pasado día 10. Que su encargo se encuentre colmado de buenos resultados; mis mejores deseos para él y su equipo, pues será por el bien de la Auditoría y de México.

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