Pilar Calvo, realismo y expresión en el arte mexicano
El Museo Nacional de San Carlos exhibe la primera revisión de la obra de la pintora y dibujante, discípula de Gedovius

Discípula del maestro Germán Gedovius, la artista mexicana Pilar Calvo (1913-1986) incursionó tanto en el retrato como en el paisaje, los bodegones, la pintura histórica y religiosa, los autorretratos y un mural realizado para una coleccionista particular.
Con la idea de visibilizar y dar a conocer el trabajo de “una de las más destacadas pintoras mexicanas, quien desarrolló un lenguaje realista de gran expresividad”, el Museo Nacional de San Carlos exhibe la exposición Pilar Calvo. Travesías de trazo y color, que representa la primera revisión e investigación sobre la obra de esta creadora.
Con alrededor de 40 piezas, entre óleos, dibujos, porcelanas, fotografías e impresos, la muestra busca rescatar del sistema artístico predominantemente masculino a una destacada pintora, cuya formación comenzó con clases de dibujo y pintura; y, posteriormente, se especializó en la técnica del óleo bajo la guía de Gedovius.
El retrato fue el género preferido de Calvo. “A lo largo de su carrera lo cultivó en diversas modalidades: retratos de parientes, amigos y colegas; retratos por encargo, sobre todo de mujeres y niños; retratos de personajes anónimos, que muestran su interés por representar tipos populares, y, especialmente, el autorretrato. En todos supo capturar no sólo la apariencia física de sus modelos, sino también su personalidad, posición social e identidad cultural”, explica el INBA en un comunicado.
En los numerosos autorretratos que realizó, Calvo no sólo dio cuenta de una profunda introspección sobre su aspecto físico y temperamento individual, sino que también se plasmó como artista.
En sus paisajes, la creadora “revela una mirada atenta y un notable dominio del color y la composición; mostrando no sólo un lugar, sino también transmitiendo una emoción, un recuerdo, una forma de estar en el mundo.
Y, en sus bodegones, destacan su vibrante paleta y su virtuosismo técnico. La combinación de flores abiertas, capullos y pétalos caídos, presente en la mayoría de sus obras, se inserta en la tradición iconográfica que los utiliza como metáforas del paso del tiempo y del contraste entre la vida y la muerte”, se apunta en el documento.
A lo largo de su corta pero prolífica carrera artística, la creadora fue reconocida en su momento por la crítica de arte y recibió numerosos encargos privados. Expuso su obra en Nueva York y en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México en 1944. Pero su obra ha sido poco reconocida.
La muestra incluye un espacio de reflexión sobre la manera en que la crítica de su tiempo recibió el trabajo de Calvo, así como las formas en que hoy se observa la producción artística realizada por mujeres.
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