Luis-Fernando Suárez evoca en su obra una conversación con la tierra
El artista visual colombiano-canadiense Luis-Fernando Suárez, que exhibe en México por primera vez, recrea la relación hombre-naturaleza

El impacto humano en el mar, las fronteras inexplicables, el deshielo del continente Antártico, los incendios forestales y el petróleo, el oro o las esmeraldas como “objetos de conflicto”. Éstos son los temas que preocupan al artista visual colombiano-canadiense Luis-Fernando Suárez (1971) y los evoca en su obra que presenta por primera vez en México.
Bajo el título de La poética de la tierra, el creador que vive en Montreal desde 1997 reúne 29 piezas de mediano y gran formato, la mayoría pinturas de reciente factura, que se exponen en la galería del Seminario de Cultura Mexicana, donde permanecerán hasta el 23 de julio.
Soy un artista espontáneo, visceral. Vengo de una familia de campo, de montaña, donde siempre se tocan las cosas. Crecí con caballos, vacas, gallinas; tal vez por eso mi obra es muy táctil. Me interesa explorar la textura. No me molesta que la gente toque mis obras”, comenta Suárez.
Explica que la elaboración de sus cuadros toma mucho tiempo. “El medio que utilizo es el yeso, mezclado con cemento y acrílico; eso hace que sea gestual, como pintura-escultura. Cuando se seca, el yeso se abre, se hacen fisuras, una especie de arados, lo que se ha interpretado como una conversación con la tierra. Mi trabajo es muy geológico, los colores son cercanos a la tierra”, agrega.
Con 25 exposiciones en su haber, la primera de 1999, quien a los 24 años abandonó su natal Bogotá para alejarse de la violencia y estudiar arte, con la sola compañía de su gato Fausto, “mi compañero de travesía”, destaca que lo que más le interesa es el ser humano.
El haber emigrado me dio otra perspectiva. Me apasionan las cuestiones de medio ambiente, la literatura, lo social y la ciencia. Ahora trabajo sobre los jardines antiguos de la humanidad y un proyecto sobre el psicoanálisis, a partir de Carl Jung y Sigmund Freud”, detalla.
El artista abstracto narra que la provincia canadiense de Quebec le cambió la vida. “Siempre he tenido el arte presente. Vengo de una familia humilde y estudiar arte no era fácil. Además, la situación en mi país en los años 80 y 90 era muy violenta, veías cómo explotaban bombas donde acababas de pasar. Me dije: ‘no quiero morirme aquí’ y decidí irme”.
Señala que escogió Quebec por su democracia y porque se hablaban tres idiomas, francés, inglés y español. “El francés es muy protegido, porque le da identidad a la provincia, al igual que la religión católica. Llegué el 13 de junio de 1997. Me sorprendió que todo era limpio, silencioso y la luz se veía diferente.
Escuchar que la gente hablaba dos o tres idiomas fue muy agradable. Lo primero que te enseñan es el idioma, y a acoplarte con las personas de otros países. En Montreal se hablan 135 lenguas; te encuentras a gente de distintas razas, colores y orientaciones. Y, lo más bonito, es que viven en paz. Los latinoamericanos tenemos mucho qué aprender de eso”.
Luis-Fernando comenzó a estudiar Arte en la Universidad de Quebec, pero a los dos años se retiró. “No me gustó. Me pareció que todo era muy uniformado; había diferentes técnicas, pero el mismo color. En América Latina el arte es más visceral, en Canadá es más racional. Encontré solo mi camino y he tenido buena respuesta”.
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A sus 52 años, Suárez desea consolidarse a nivel internacional y siente que su propuesta está cambiando. “Me estoy volviendo más estructurado, estoy pensando más, tal vez es la edad. Antes, llenaba todo el lienzo de pintura; y, desde hace tres años he dejado un pedazo de lienzo virgen, a donde han llegado los chorros de pintura, como insinuando algo nuevo. Ahora me siento capaz de salir de mi zona de confort”.
Cinco pequeños cuadros de la muestra evidencian su lento viraje hacia el constructivismo, la estructura como prioridad.
Añade que desea acercarse a México. “La Ciudad de México me recuerda a Bogotá. Tienen muchas diferencias, pero hay algo familiar que me llena de confort. Me quedaré dos meses. Quisiera conocer a otros artistas y encontrar una galería aquí. No conozco a nadie. Es como una segunda inmigración”.
cva