La familia Díaz Covarrubias, los constructores del estado mexicano

El escritor y diplomático Carlos Almada realiza una biografía colectiva de uno de los linajes liberales más importantes del siglo XIX

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Escritor y diplomático Carlos Almada.

En 1874, el ingeniero, geógrafo y matemático Francisco Díaz Covarrubias (1833-1889) presidió la Comisión Astronómica Mexicana que fue a Japón a observar, junto con los mejores científicos del mundo, el fenómeno del siglo: el tránsito del planeta Venus por el disco del Sol.

El entonces presidente de México, Sebastián Lerdo de Tejada, quería demostrar al mundo que éramos un país culto y civilizado, como una medida para prevenir nuevas agresiones”, comenta en entrevista el escritor y diplomático Carlos Almada, quien recupera en Saga familiar (Debate) la biografía de esa estirpe.

Fue una familia liberal muy destacada del siglo XIX, pero que ya casi la olvidamos, a pesar de lo famosos que fueron”, afirma quien fue embajador de México en Japón y Portugal.

Ha sido fascinante encontrarme primero con Francisco. Estando en Japón, me llamó la atención un monumento, de 1.80 x 1.20 centímetros, con el que honran a Díaz Covarrubias y a la delegación mexicana que participó en esa expedición, y a los japoneses que los ayudaron, y los califican como ‘héroes científicos’, no militares”, explica.

El astrónomo era el primero de los seis hijos, tres hombres y tres mujeres, del narrador y poeta veracruzano José de Jesús Díaz y Guadalupe Covarrubias. Los tres hijos varones estudiaron disciplinas de prestigio. Juan Díaz Covarrubias (1837-1859) fue un novelista y poeta y uno de los Mártires de Tacubaya. Y José (1842-1883) fue abogado, diputado y encargado del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la República restaurada, durante la presidencia de Benito Juárez y Lerdo de Tejada.

Los tres, junto con su cuñado, Gabino Barreda, la figura más destacada del positivismo en México, fueron testigos y actores significativos del desarrollo de la ciencia, la literatura, el derecho, la instrucción y la diplomacia en el México del siglo XIX”, detalla Almada.

La idea es revalorar la aportación de toda la familia, verla en su conjunto; no sólo a ellos, sino también a sus padres y un poco a sus hermanas, Elena, Adela y Leoncia, que se casaron bien”, añade el también doctor en Administración Pública por la Universidad de París II.

El padre del clan, José de Jesús Díaz, aún es recordado en Xalapa (Veracruz) como El Poeta. Fue autor de romances históricos y poemas. Fue abanderado del emperador Agustín de Iturbide; entró con él a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821, como miembro del Ejército Trigarante”, señala.

Y Guadalupe Covarrubias, nacida en Coatepec (Veracruz), fue una mujer de gran belleza, cultura y fuerza. Le dedico a ella el libro, porque es la heroína, fue muy valiente. Ella educó a sus hijos.

Y, cuando queda viuda, en 1846, en medio de la invasión de Estados Unidos, Xalapa es ocupada. Le otorgan una pensión que nunca le pagan y, en 1848, toma la decisión de migrar a la Ciudad de México con sus seis hijos para que estudien. Y no sólo salieron adelante, sino que se convirtieron en personajes brillantes en diferentes ámbitos”, destaca.

Fueron constructores del Estado nacional mexicano en una centuria en la que el país pudo disolverse. Casi resulta un milagro que hayamos terminado el siglo XIX con una gran nación en paz y en desarrollo”, indica Almada.

Admite que es más recordado el cuñado de los Díaz Covarrubias, el político, médico y filósofo positivista Gabino Barreda (1818-1881), esposo de Adela, una de las hermanas, impulsor pionero de la escuela laica, gratuita y obligatoria y primer director de la Escuela Nacional Preparatoria.

El autor de México-Japón: 130 años de relaciones diplomáticas y Un samurái en la Revolución mexicana relata casi siete décadas de la historia de México: desde la entrada a la ciudad de José de Jesús Díaz, detrás de Iturbide, en 1821, hasta el fallecimiento del primogénito Francisco, en 1889, quien está

enterrado en la antigua Rotonda de los Hombres Ilustres.

Carlos Almada cuenta que, con la publicación de Saga familiar, una tataranieta de Francisco, “el único que tuvo hijos de los tres varones”, lo buscó. “Tengo la esperanza de contactar pronto a los descendientes de los Díaz Covarrubias. Y ver cómo vivieron el siglo XX”.

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