Jesús Guerrero Galván objetos estudio
Flora Guerrero, hija del pintor, donó a la Universidad de Guadalajara dos caballetes, una mesa de dibujo, un taburete, una silla y pinceles de trabajo

Para el pintor jalisciense Jesús Guerrero Galván (1910-1973), su estudio de trabajo era sagrado. “Era algo muy íntimo. La familia tiene recuerdos de que ese espacio no se interrumpía, no se tocaba nada dentro. Cuando él entraba debía haber un respeto total. Los objetos del maestro tienen una carga especial, porque él los respetaba mucho”, señala Eduardo Aguilar, especialista en su obra.
El escritor e investigador comenta en entrevista con Excélsior que, con sus pinceles y su talento, el también muralista y dibujante, esposo de Devaki Garro, hermana de la escritora Elena Garro, dio vida a una obra singular.
No recreó la gesta revolucionaria, sino la placidez de los niños; como pocos pintores, retrató a la infancia con sencillez, profundidad y resplandor, sus niños tenían la mirada en el porvenir. Realizó retratos sublimes de mujeres”, agrega.
Algunos de los muebles y utensilios con los que el egresado de la Escuela de Arte de San Antonio (Texas) elaboró sus cuadros fueron donados por sus hijos, el pasado 6 de junio, a la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco Juan José Arreola, de la Universidad de Guadalajara.
Los donamos porque soy la menor de los seis hijos de Guerrero Galván y Devaki Garro y tengo 70 años. Vivía preocupada por dónde quedarían los objetos de mi papá y empecé a buscar un lugar seguro donde dejarlos”, detalla Flora Guerrero Garro.
En entrevista por separado, la también pintora indica que “la biblioteca tiene una galería que lleva el nombre de mi papá y me pareció el sitio adecuado. Busqué conexión con la universidad. Estuvimos gestionando la entrega casi un año. Recibieron con gusto los muebles. Ahora ya están resguardados. Ya me puedo ir tranquila de este mundo”.
Entre los muebles destaca un caballete de madera de casi dos metros, que el escritor Salvador Elizondo le obsequió a don Jesús, tras tomar algunas clases con él en La Esmeralda.
Hay otro caballete más pequeño, que ya no se tocó, a pesar de que cuatro de los hijos somos pintores. Quedó tal cual, con los últimos restos de pintura que él utilizó”, agrega Flora.
Añade que, entre los objetos que donaron, se encuentra una mesa de madera para dibujo, “que debe tener cuando menos 70 años”; un taburete alto, “que él mandó a hacer en los años 50, donde mezclaba la pintura”; y una silla tipo hamaca, “que un platero de Taxco le regaló en los años 60, ahí se sentaba”.
Además están “sus pinceles, sus platos de peltre blanco donde revolvía la pintura, unos tubos de pintura para óleo y unos carboncillos”.
Recuerda que don Jesús pintó hasta el último día de su vida. “Antes de que se lo llevara una ambulancia, porque tenía cáncer de próstata, desayunó en la terraza, frente al jardín, y, antes de pintar, siempre dibujaba. Ese día pintó; pero en la tarde se puso mal, lo llevaron al hospital y ya no regresó”.
Flora apunta que no conservan una sola pintura de su padre. “Pieza que pintaba, se vendía; incluso se llevaban el cuadro con la firma fresca. No tenía obras guardadas. Nosotros le pedíamos que nos dejara disfrutarlas aunque fuera tres días. Él tenía mucho prestigio y vendía muy bien”.
La gestora adelanta, vía telefónica desde Cuernavaca, que resguardan varios folletos, libros, publicaciones en periódicos y cartas de Guerrero Galván, que también donarán a la Biblioteca Juan José Arreola.
Tenemos unas 20 cartas que le envió a mi mamá y a nosotros cuando estuvo en Moscú, como ocho meses, tomando un tratamiento. Son unas cartas muy bonitas que hablan de sus ideas y la relación de mis padres como pareja”, asegura.
Por su parte, Aguilar define a don Jesús como introvertido. “Elizondo lo describe como un hombre de pocas palabras, que se dejaba gobernar por una visión sabia interior. Era muy simpático. Tenía don de gentes. Nació con estrella.
Se debe revalorar la vigencia de su obra y del movimiento pictórico al que perteneció. Lo damos por hecho y como algo pasado de moda. Pero fue la primera vez que surgió un movimiento que tuvo repercusiones mundiales. Está pendiente hacer un catálogo de su obra”, concluye.
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