Felipe Ávila reivindica al Madero analítico
El historiador afirma, en su más reciente libro, que la vida y el legado de El padre de la democracia no han sido comprendidos

A diferencia de la imagen de “ingenuo e idealista” que se tiene del expresidente Francisco I Madero (1873-1913), quien gobernó México del 6 de noviembre de 1911 al 19 de febrero de 1913, el historiador y sociólogo Felipe Ávila encontró a un político “agudo, reflexivo y analítico”.
Partiendo de la premisa de que aún no se han comprendido la vida y el legado del prócer revolucionario coahuilense, el investigador realizó la biografía El padre de la democracia (Debate), en la que revalora su aportación pionera a este proceso.
La mayoría de las historias sobre Madero nos presentan a un personaje soñador, ingenuo, romántico, esotérico; que no tenía los pies bien puestos sobre la tierra, que cometió muchísimos errores, que no poseía experiencia política, que no sabía contra quién se enfrentaba –la dictadura de Porfirio Díaz– y que, en parte, a esto se debió su tragedia”, explica en entrevista.
Y, por el contrario, nos encontramos a un político que se hizo él solo muy rápido; que tenía una gran intuición, una capacidad de análisis y de reflexión que le permitió entender la situación que se vivía en México, poder hacer un diagnóstico preciso y actuar inmediatamente”, agrega.
Tras consultar los diarios de Madero, su correspondencia, sus artículos y documentos como La sucesión presidencial en 1910 (1908), el Plan de San Luis y el Manifiesto a la Nación, ambos escritos en 1910, el egresado de la UNAM dice que vio “a un político reflexivo, con una visión estratégica, gran capacidad analítica, un enorme carisma y una convicción y valentía a toda prueba”.
Está convencido de que la Revolución mexicana no hubiera sido posible sin la participación de Madero. “Él sentó las bases de la democracia mexicana, construyó el primer partido nacional democrático, el Antirreeleccionista; hizo las primeras campañas electorales, en plazas públicas; y documentó el fraude electoral.
El principio maderista de ‘sufragio efectivo no reelección’ se volvió algo sagrado; se mantuvo intocable durante el siglo XX”, agrega.
Aclara que el desarmar al ejército revolucionario y cogobernar con el Ejército porfirista no fue un error. “Hay que entender sus razones No era un revolucionario radical. Sí quería transformar al país, pero a través de las instituciones y las leyes. Sí quería resolver el problema de la tierra y entregársela a los campesinos, pero no quitándosela a los hacendados. No compartía la idea de una revolución radical, la violencia de un movimiento popular. Pero no previó la traición del Ejército federal”.
A Ávila le gustaría seguir investigando sobre las luchas obreras en el maderismo.
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