‘El cuento siempre es clímax’: Mónica Lavín

En 'El lado salvaje', su más reciente libro, la autora reúne 23 relatos que abordan temas como la soledad, la paranoia y las obsesiones del espíritu humano

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“Me interesaba la idea del acecho y del peligro, pero en el sentido de que a veces nosotros mismos creamos nuestras propias vulnerabilidades”, Mónica Lavín, escritora. Foto: Daniel Betanzos

Los 25 relatos que componen El lado salvaje, de Mónica Lavín (CDMX, 1955), desvelan la soledad, la paranoia y las obsesiones del espíritu humano. En un instante aparecer una escritora que es perturbada por la presencia de un hombre enigmático que la visita en el manglar donde acostumbra a pasear, en otro aparece un cuerpo calcinado en el interior de un auto o una viuda joven que huye de la vida social y entra a un funeral, donde nadie la conoce, para escapar de una cita amorosa.

Todos ellos son personajes que crean un peligro en sus mentes o que llevan su obsesión al extremo de la paranoia. “Me interesaba la idea del acecho y del peligro, pero en el sentido de que a veces nosotros mismos creamos nuestras propias vulnerabilidades”, comenta a Excélsior la también autora de Últimos días de mis padres y Ruby Tuesday no ha muerto.

¿Qué le importa explorar en el cuento?, se le pregunta a la también académica y ensayista. “A mí me interesa cómo (los personajes) construyen sus formas de supervivencia y cómo buscan darle a su vida una cierta estatura y propósito en esa grisura que habitan o cómo sueñan y se mantienen soñando hasta que de pronto ocurre algo inesperado.

También me interesa esa idea de que vamos cruzando la vida y creemos tener todo bajo control, incluso arreglamos nuestros espacios y construimos relaciones para que así sea, pero siempre habrá algo se escapará y lo interesante será ver cómo van a reaccionar ante ello. Eso me gusta verlo, porque pienso que ahí está la fortaleza y la fragilidad, como cuando nos inventamos relaciones amorosas o de amistad para surcar nuestra mortal condición”, asegura.

¿Un relato es suficiente para develar un misterio humano? “Sí, en los cuentos puedes encontrar una revelación de la conducta humana y de sus múltiples posibilidades, porque esa es la regla del juego. Sólo se trata de un asunto y tienes que exprimir hasta obtener algo”.

¿Cuándo un relato es fallido? “Para mí, es cuando sólo se cuenta una anécdota, porque estamos llenos de anécdotas, pero si no revela algo, si no hay una epifanía o como le llames, si no hay algo más detrás de esa anécdota, sólo queda en algo curioso.

Y, sobre esto, me gusta lo que dice Harold Bloom, que hay cuentos de rama Poe y de rama Chéjov. En la rama Poe, por ejemplo, la anécdota es escalofriante en sí misma, mientras que en la rama Chéjov, la atmósfera es la que va dando la densidad de lo que ocurre. A mí me gusta más la idea chejoviana, como lectora y escritora”, apunta.

Y, en este sentido, ubica a Horacio Quiroga en la rama Poe y a James Joyce y sus Dublineses, en la de Chéjov, donde se aprecia una atmósfera en la que ocurren muchas cosas.

¿Dónde quedaría Carver? “¡En la atmósfera!, con Chéjov, porque a veces no pasa nada… como cuando un personaje deja descolgado el teléfono y ahí está la misma señora que habló en la mañana y, de pronto, nos llega… la soledad carveriana”.

¿Cómo escribir cuentos para lectores cada vez más visuales? “Siempre escribo pensando en la visualidad. Cuando doy talleres siempre les digo (a sus alumnos) que vean la película de lo que están escribiendo para convencerse de esa realidad alternativa, porque eso estás construyendo, un mundo paralelo que tiene que entrar por todos los sentidos. Ese es nuestro gran reto. Por eso no me gusta basar todo en el diálogo, que es puro oído, sino hacer que el lector pueda ver, oler y tocar. Esa es la maravilla de la literatura”.

¿Hay relación entre la visualidad del cuento y de las series? “Desgraciadamente, el cuento tiene menos lectores, quizá porque puedes leerlo en un ratito y debes esperar, como ocurre con un Alka Seltzer, a que haga su efervescencia, y eso toma tiempo.

Yo digo que con los libros de cuentos hay que ir poquito a poco, porque hay que salir de una casa y entrar a otra, como dices, hay que disfrutarlos de a poco y permitir el burbujeo de cada historia. Y, bueno, un cuento sí puede dar pretexto para una serie o para una novela, pero su reto es que sólo se trata de un suceso en el que sólo vamos a saber algo evidente del personaje, algo que lo va a poner a prueba. Para mí, el cuento siempre es clímax”, concluye.

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