Consuelo filosófico ante la pérdida: Ana Carrasco-Conde define su libro

En su más reciente libro, la autora aborda la importancia de los rituales de la música y la poesía para enfrentar la muerte

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Ana Carrasco-Conde considera que las sociedades neoliberales han intentado eliminar los rituales. Foto: Daniel Betanzos

Una consolación filosófica para combatir la pérdida. Así podría definirse el libro La muerte en común, de la escritora española Ana Carrasco-Conde, quien aborda la importancia de los rituales, de la música y la poesía ante la muerte de los más cercanos.

El dolor de una pérdida es tan brutal que no tienes manera de expresarlo”, afirma Carrasco-Conde quien busca explicaciones y sentidos en la filosofía clásica y la contemporánea. “Incluso, luego de la pérdida, uno se siente torpe para expresar lo que siente, porque es tan doloroso que no sabe cómo abarcarlo, y esa torpeza se repite cuando muere una persona conocida de alguien cercano y uno no sabes qué decir”, explica la también académica por la Universidad Complutense de Madrid.

Pero para hacer frente a esa carga inexplicable, apunta, se puede echar mano de los rituales. “Claro que no hay palabras, pero sí tenemos el canto y la poesía. Cuando alguien ha perdido a una persona significativa, importante, muchos acuden a los libros de poesía”, porque ese género literario está relacionado con el arte de la escucha y con la música de las palabras.

Y para ejemplificarlo, la filósofa evoca el poemario Nox, de la canadiense Anne Carson. “La caja de Nox no creo que sea un ataúd. Es, como dice Mario Montalbetti, un cuenco que puede contener, dar forma y medida a todo aquello que no tiene medida ni forma, como el dolor y la pérdida. Sin embargo, algo que nos dicen los clásicos es que una persona sola no puede hacerse cargo de esa dimensión excesiva del dolor”, expone.

Y en ese momento entra en juego el canto y los rituales de la comunidad, añade Carrasco-Conde, “porque esos rituales son una manera de dar forma a algo tan desmesurado como el dolor, para luego ir recolocando su vida”.

En ese sentido, la también autora de Infierno horizontal, lamenta que el mundo moderno exija que los duelos sean más cortos. “Esos duelos rápidos, de tres días, no son suficientes para asimilar la pérdida, porque somos seres de procesos y necesitamos tiempo para llevar a cabo esos rituales performativos.

Sin embargo en las sociedades neoliberales de turbocapitalismo, lo que estamos viviendo, en los últimos 30 años, es que los rituales son eliminados, porque no es productivo que estemos sin trabajar y está esa parte donde la muerte sigue siendo un negocio”.

La autora aporta esta consolación filosófica, “para repensar qué es lo que nos sucede con la muerte y darnos cuenta de que somos seres que vivimos en comunidad y que necesitamos de nuestro grupo, porque tú puedes necesitar estar solo para pasar ciertos procesos, pero otra cosa es que te dejen solo. Eso es muy distinto”, concluye.

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CVA