Atesoran microcosmos de la historia

El experto Salvador Rueda Smithers presenta un rompecabezas de la memoria de México a partir de 80 piezas emblemáticas que son preservadas en el recinto a su cargo

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Todas las piezas del libro están en el Museo Nacional de Historia e integran un rompecabezas de la memoria de México.

El tzompantli de Tecoac, el peto de la armadura de Pedro de Alvarado, una flauta prehispánica, el estandarte de Hernán Cortés, un óleo del gigante insurgente Martín Salmerón y los ejercicios de escritura de Carlota de Habsburgo son un puñado de las 100,000 piezas que resguarda el Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec y que fueron elegidas para dar forma al libro 80 años, 80 piezas, que hurga entre los tesoros de este recinto.

Todas las piezas del libro están en el Museo Nacional de Historia e integran un rompecabezas de la memoria de México, a partir de imágenes curadas y narradas por historiadores que dan forma a un microcosmos de este museo.

Así lo dice a Excélsior Salvador Rueda Smithers, director del recinto, quien en cada pieza aprecia un cúmulo de información.

Jorge Luis Borges decía que las bibliotecas son como un gabinete mágico en donde hay espectros encantados que esperan a que abras un libro y los veas para que ellos puedan darte la palabra y salir de su estado mudo.

Ésa es la intención de este volumen, porque las piezas en sí mismas no te dicen nada, pero en el contexto en que fueron puestas y más la pequeña nota que hicieron historiadores como María de Lourdes López Camacho, Axayácatl Gutiérrez Ramos, Juan Manuel Blanco, Erandi Rubio, María Hernández, Thalia Montes, María Hernández y el propio Rueda Smithers, le dan la palabra a esos objetos que arman un rompecabezas”, señala.

Así que este libro “es un pequeñísimo gabinete en el que habita el espíritu de cada pieza, el cual toma la palabra y te cuenta un fragmento de historia. Por ejemplo, cuando ves los ejercicios de escritura de Carlota no imaginas el Imperio, sino que ves a esa muchacha de 23 años, chaparrita, que tuvo una historia trágica”.

Y la idea inicial de estas piezas, añadió, partió de una suerte de curadoría para hacer una exposición cronológica, pero aterrizada en un libro con textos que funcionan como cédulas museográficas, aunque un poco más grandes, y con piezas que pueden apreciarse en gran formato.

Lo que me gustó del libro —abundó Rueda Smithers— es que refleja la naturaleza del museo y donde lo mismo hay una pieza de Maximiliano hasta el cuadro sobre el bautizo de Ixtlilxochitl, el estandarte Cortés o de Miguel Hidalgo.

Así que se jugó un poco con eso para celebrar los 80 años del recinto con esas piezas seleccionadas por historiadores que ahora se dedican a estudiarlas y a resguardarlas”, precisó.

El volumen abre con el tzompantli de Tecoac, “considerado la última pieza de la arqueología prehispánica y la primera pieza histórica, que contiene los cráneos de los aliados de Cortés que fueron sacrificados por los tenochcas.

Lo cierto es que cuando Cortés lo descubrió, se espantó, arrasó con Tecoac y enterró ese tzompantli”, descubierto hasta 1992.

¿Cuántas piezas prehispánicas resguarda el MNH? “Cerca de 60, aunque en este momento tenemos bajo resguardo la colección de figurillas femeninas que forman parte de la investigación arqueológica sobre Chapultepec, que son centenares y aún están bajo estudio”.

La compilación también incluye piezas musicales, como una flauta prehispánica del periodo posclásico, hallada durante las excavaciones de 1974, en Chapultepec, que es uno de los escasos instrumentos musicales prehispánicos que existen.

Así como un teponaztli único en su tipo, un huéhuetl, el clavicordio de Juan Felipe de Olea, fabricado en la época novohispana, y los pianos de Maximiliano y Carlota.

Por último, Rueda Smithers habla de la pintura del Gigante Salmerón, plasmado por el artista José María Guerrero.

Esa pintura se hizo con criterios médicos, hoy diríamos antropológicos, hecha al tamaño que debió tener entonces Salmerón (2.13 metros, aunque llegó a medir 2.22 metros), un insurgente que perteneció a las tropas de Morelos y que fue pintado para que quedara un registro de su rareza”.

El volumen, publicado por el INAH, también incluye piezas como un chapulín rojo, un brasero tzitzitmitl, la piedra conmemorativa de la caja de La Mariscala, el biombo con escenas de la conquista de México, una medalla conmemorativa de Carlos III, el pañuelo que cubrió el cráneo de Hernán Cortés, el sable de Agustín de Iturbide, entre muchos óleos y murales más.

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