Acervo novohispano: Óleos que avivan la pasión de Cristo
El Museo Nacional De Arte reúne en su colección permanente obras maestras relacionadas con la vida y muerte de Jesús.

Pinturas como Cristo consolado por los ángeles (ca. 1770), de Juan Patricio Morlete Ruiz; El entierro de Cristo (1669), de Baltasar de Echave y Rioja; La Resurrección de Cristo (ca. 1625), de Alonso López de Herrera; y Cristo en la cruz (ca. 1640), de Sebastián López de Arteaga, son cuatro de las casi 100 obras maestras que el Museo Nacional de Arte (Munal) alberga en su colección y que están vinculadas al tema de la pasión y la resurrección de Cristo.
Dichas piezas –que pueden ser apreciadas por el público en Semana Santa, ya que forman parte de su colección permanente– no sólo muestran los linajes artísticos que se consolidaron entre el siglo XVII y XIX, sino que exponen tres siglos de producción artística que fueron fundamentales para sentar las bases de lo que más tarde será la Escuela Mexicana de Pintura.
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Así lo dice a Excélsior Ramón Avendaño, curador del Munal. “Es interesante ver la evolución de técnicas y de la plástica que se desarrolló en nuestro país, como un crisol artístico importantísimo que va a dar como fruto el desarrollo de las academias en el siglo XIX y, con ello, el nacimiento de la escuela de pintura del siglo XX”.

TÍTULO: El entierro de Cristo.
AUTOR: Baltasar de Echave y Rioja.
Y agrega: “Uno de los principales promotores de la creación de obra artística entre el siglo XVII y el XVIII, fue la Iglesia católica, así que en este corpus de obra virreinal están presentes temáticas asociadas no sólo a la pasión de Cristo, sino también de la vida de Cristo, la vida de la Virgen, de los santos y los mártires”.
CRISTO CONSOLADO POR LOS ÁNGELES, DE LOS ÓLEOS MÁS IMPACTANTES
Avendaño asegura que es difícil destacar algunas obras del acervo del Munal. Sin embargo, comparte una selección que refleja la riqueza de esta colección. “En estas ocho obras que seleccioné, cinco podríamos asociarlas a pasajes concretos de la pasión de Cristo, particularmente a la flagelación, el camino al Calvario, la crucifixión y la resurrección de Cristo; y las otras tres aluden a retratos que son interesantes”.
Uno de los óleos más impactantes es Cristo consolado por los ángeles, de Juan Patricio Morlete, quien nació en San Miguel el Grande (hoy San Miguel de Allende). “Es una obra con una gran calidad técnica, y no hay que olvidar que él fue discípulo de otro gran maestro: José de Ibarra, contemporáneo de (Miguel) Cabrera”.
La pieza, detalla, es un óleo sobre lámina de cobre “que brinda una riqueza pictórica y nos da la impresión de una pintura recién terminada, con una viveza cromática que permite conservar la textura de las pinceladas y esos detalles tan minuciosos de los que Morlete es un gran exponente”.
Además, muestra una escena cargada de dramatismo y piedad que busca conmover a los fieles.
Sabemos que es el momento posterior a la flagelación no sólo por la cantidad de sangre que representa Morlete, sino porque ahí está la evidencia de la columna en la que Cristo acaba de ser azotado. Y los ángeles a su alrededor recogen toda esa sangre para depositarla en cálices, mientras el cuerpo desfalleciente de Cristo es sostenido por San Miguel Arcángel”.

TÍTULO: Virgen de la Soledad de Madrid.
AUTOR: Por identificar.
Otra obra es El entierro de Cristo (1669), de Baltasar de Echave y Rioja, artista que perteneció a la dinastía Echave, que encabezó su abuelo Baltasar de Echave Orio.
Es una de las obras más tempranas del pintor, que estuvo originalmente en el Hospital de Jesús Nazareno, en Texcoco. Tiene una composición efectista en la que se aprecia un contraste lumínico que se logra a partir de una antorcha situada en uno de los extremos del cuadro”.
Un detalle en esta obra donde aparece Cristo, su madre, San Juan, José de Arimatea, dice el curador, es un personaje ubicado en el extremo izquierdo, que es la inquietante presencia de un niño que sostiene los elementos de la pasión o arma Christi e invita al público a participar de la escena.
Ramón Avendaño también destaca piezas como El Señor de Santa Teresa (1760), de Francisco Antonio María Vallejo; El divino rostro (ca. 1640), de Alonso López de Herrera, El Divino; Jesús Nazareno de la Parroquia de San José, Puebla, de autor por identificar, pintado en la segunda mitad del siglo XVIII; y Virgen de la Soledad de Madrid, de autor por identificar, creado en la segunda mitad del siglo XVIII.
La mayoría de las obras comentadas provienen de Pinacoteca Virreinal (Exconvento de San Diego).
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*mcam
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