‘Sinfonía Vapor’, tren con buena ‘voz’

El concierto con locomotora se ejecuta desde 2004 en el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos

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La locomotora de vapor OdeM2, construida por la H. K. Porter Locomotive Works en 1942, en Pittsburgh, Pennsylvania, fue la estrella del recital en Puebla. Foto: Cortesía Conaculta

PUEBLA, Puebla.

La tercera llamada anunciaba el inicio de Sinfonía Vapor, el concierto que desde 2004 se ejecuta en el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, en la ciudad de Puebla. El público, conformado por personas de todas las edades, recibía con aplausos a Fernando Lozano y la Orquesta Filarmónica 5 de Mayo, que interpretaría cuatro piezas que revivirían las fiestas que celebraban la Independencia y la consolidación de la República.

La primera de ellas, Música para charlar, cumplía su cometido transportando el oído a las obras de construcción del ferrocarril que inspiraron a Silvestre Revueltas a su composición en 1938. Veinte minutos después, el corrido mexicano La rielera se hacía presente con su fantasía para orquesta titulada Tren 503, del músico polaco Ryszard Siwy. En seguida, Las cuatro estaciones, sinfonía de Arturo Márquez, se dividía en cuatro movimientos, cada uno dedicado a las memorias de estas zonas para ferrocarril en Aguascalientes, San Luis Potosí, Puebla y Veracruz.

Cuando el termómetro marcaba los 20 grados y el reloj las 14:15 horas, era finalmente el turno de Sinfonía Vapor. Cientos de niños con sus familias corrieron hacia las vías para ser testigos del instrumento estrella del concierto: la locomotora de vapor OdeM2, construida por la H. K. Porter Locomotive Works en 1942, en Pittsburgh. Simultáneamente, la Banda de Música de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Puebla, a cargo del maestro Abraham Ibáñez, se presentaba en el escenario para acompañar a la Filarmónica que durante ya casi una hora había deleitado a más de dos mil personas.

La obra de Melesio Morales sonaba, recreando eufonías auténticas a las de una locomotora de vapor, y llegado el momento, en medio de gritos y aplausos, la maquinaria hacía su aparición, accionando sus silbatos que complementaban la magna pieza. Los músicos no dejaron de interpretar la sinfonía hasta que concluía, nuevamente, con el sonar del tren, por cierto, una de las más importantes piezas de la colección del museo.

Lozano se levantó para recibir su ovación y la locomotora se despedía para regresar a su lugar, donde permanecería en silencio hasta el próximo concierto. Sin embargo, el público no había tenido suficiente y con su aplauso hizo retornar sobre sus pasos al director, quien gustosamente repetiría tan asombroso espectáculo.

Por segunda ocasión, los oyentes apreciaron cada nota, expectantes al atractivo protagonista, y a los pocos minutos, OdeM2 volvía a asomarse para exponer ese sonido que hacía regresar en el tiempo a los más viejos y volar la imaginación de los más chicos.

Así, el concierto se dio por finalizado, y con melancolía, la locomotora regresaba los escasos metros que había avanzado, dejando a los asistentes vibrantes de emoción, seguramente ansiosos por las historias que florecieron con la presencia de la máquina en compañía de la música de la Filarmónica y la Banda, quienes, triunfantes, sonreían y agradecían a los espectadores por su visita y sus vítores de pie.