'¿Canalla o leproso?' Ya estás en Rosario
Las pasiones futbolísticas nacen en campos infantiles como el Morning Star, de Argentina, que disputa hoy con Alemania la final del Mundial de Brasil

ROSARIO, Argentina. 13 de julio.— Dos de los jugadores, quizás los más importantes de la selección de futbol de Argentina, nacieron en esta ciudad. Los dos clubes más antagónicos de una urbe son la bandera de la llamada albiceleste. Lionel Messi, del Club Atlético Newells Old Boys; y Ángel Di María, del Club Atlético Rosario Central.
Vos de quien sós”, es lo primero que le preguntan al visitante que llega a Rosario, la tercera ciudad más grande de Argentina, después de Buenos Aires y Córdoba. La mirada de la persona que cuestiona con gesto severo se clava en el foráneo. Está a la espera, con media sonrisa, de que en ese instante el entrevistado casual defina su afición: Rosario Central o Newells Old Boys.
Ser canalla o leproso define al rosarino. Hay al menos cinco versiones distintas de por qué a la hinchada de Rosario se le conoce como canalla y a la de Newells como leprosos. Una de las más aceptadas es que en 1920 se jugaría un partido en beneficio de personas con lepra. El partido nunca se realizó, ya que la historia advierte que Rosario Central no se presentó. Desde entonces los de amarillo y azul son canallas por no asistir y los de rojo con negro son leprosos.
En Rosario todo sabe a Paraná. Es así desde siempre aunque los rosarinos no lo saben, no se dan cuenta. Las facturas (pan de dulce), la carne, las papas y la pasta saben a Paraná.
El río Paraná atraviesa la ciudad y es su identidad y alimento. El Paraná es el corazón de los rosarinos. En Rosario el futbol también sabe a Paraná.
Un país, una selección
El aeropuerto de Ezeiza no es especial, pero cuando se desciende del avión se sabe que los argentinos jugarán un mundial de “fútbol”, como lo pronuncian ellos. Todos los negocios y casas del país tienen una bandera de Argentina y conocen al dedillo qué jugadores tienen, en dónde militan, si están lesionados o si no pasan por un buen momento.
La Florida es el equivalente al Eje Central en la Ciudad de México. Caminar por ahí significa enfrentarse a comerciantes y esquivar a cientos de personas que intentan convencerte de cambiar dólares, euros o reales por pesos argentinos. Pero cuando la albiceleste juega todo cierra.
En Argentina no hay patrón que pueda negar a sus empleados el hecho de sufrir noventa minutos con su selección. En la Plaza San Marcos, en Buenos Aires, fue instalada una pantalla gigante. Irán-Argentina fue sufrido por miles de personas en la calle hasta que el amado-odiado-reverenciado-vilipendiado Lionel Messi hizo “el milagro del gol”.
La pasión es la misma o mayor en las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, etcétera. Ni los llamados fondos buitre (capital de riesgo que invierte en deuda pública de una entidad cercana a la quiebra) lograron arrebatarles la ilusión de un Mundial, el cual están seguros que van a ganar en casa de su odiado rival: Brasil. Un gol les sabe mejor que el mate más fino.
Morning Star
El tren que parte de Tucumán, en el norte de Argentina, y cruza la pampa hasta llegar a Buenos Aires, cruza exactamente los dos humildes campos de futbol del Deportivo Club Rosario Morning Star. Es uno de los miles de clubes de barrio que hay en el país.
Mientras los chicos de la división de nueve años disputan un partido contra el Club Social y Deportivo Río Negro, el tren pita y pasa lento llevando su carga de cereales, harinas y otras materias primas a la capital del país. Nadie se inmuta, los ojos de los padres de familia sólo se concentran en el juego de sus hijos.
Matías tiene nueve años y es el portero del Morning. El domingo 8 de junio sólo aceptó un gol, pero su equipo perdió en contra de Río Negro. El entrenador “retó” (regañó) a su equipo duramente. En México un regaño como ese no sería tolerado por la mayoría de los padres de un niño de nueve años, pero en Argentina el “fútbol” es la vida.
Matías admira a Juan Román Riquelme y Andrea Pirlo. “Yo juego acá porque vivo cerca, vengo todos los días menos los miércoles, vengo a practicar y el sábado juego en cancha de siete y el domingo en cancha de 11”. Matías es un caso raro y es hincha del Boca Juniors.
Perdimos merecidamente”, admite Federico, de nueve años, hincha del Newells. Juega medio por la derecha y admira a Neymar Junior y no teme en afirmar que “Argentina va a ganar en Brasil”. “¿Conocés al Chicharito?”, me pregunta cuando se entera que soy mexicano.
Tomás, de la misma edad, le va a Rosario Central y su jugador favorito es Marco Reus, del Borussia Dortmund. “Yo juego acá porque acá jugaba mi hermano y juegan mis amigos y yo desde que nací soy de acá. A mí siempre me gustó el fútbol y lo veo desde chiquito, mi hermano cuando jugaba me gustaba verlo”.
Facundo juega en defensa y es hincha de Rosario Central: “Mi jugador favorito es Ángel Di María, porque jugaba en Central y juega muy bien en el Real Madrid”. “(El fútbol) es algo que me gusta porque yo lo juego desde chiquito, no sé cómo decirte, mi abuelo era presidente del Morning”, revela orgulloso.
Morning Star fue fundado en 1942 por la familia Consiglio. Su “remera” (camiseta) es verde con puños, cuello y una estrella en el pecho de color blanco. El club llegó a tener vínculos con el peronismo y cambió un tiempo su nombre a “Evita Morning Star” y la propia Eva Perón pidió que se le pusiera “Evita Estrella de la Mañana”. En 1955 Perón fue derrocado y el club volvió a llamarse Morning Star. Hasta la fecha el club no es dueño de los terrenos donde juega.
Otros clubes
Los niños argentinos crecen rodeados de futbol. Hay personas que claman porque en los clubes de barrio se les enseñe algo más a los pibes que jugar a la pelota. En los clubes El Luchador y Federal, en Rosario, bregan por involucrar a los chicos en actividades de carácter social y, así, generar comunidad.
Han surgido otras manifestaciones en barrios muy pobres de la ciudad como Ludueña. Ahí El Bodegón Culural Casa de Pocho encabeza la labor social y cultural de una comunidad empobrecida. En lugares como esos el futbol existe, pero ya no es lo más importante y otras actividades como la llamada “Murga” han tomado su lugar.
Pero incluso ahí, entre personas comprometidas socialmente, el futbol se acomoda, se recrea, se abraza. Finalmente el futbol es Argentina y Argentina es futbol.
EL EDITOR RECOMIENDA



