Luis de Tavira: vivimos tiempos de omisión cultural

El director de escena, que será homenajeado el 24 de febrero, cuestiona la falta de apoyo al teatro independiente y la difusión aislada de obras en México

thumb
De Tavira, en su faceta como actor en la obra La fundamentalista, con Aurora Cano.Especial

El director de escena, actor y pedagogo Luis de Tavira (1948), quien será homenajeado por su trayectoria el 24 de febrero, en el Teatro El Milagro, expresó a Excélsior que los teatros independientes requieren de mayor apoyo gubernamental.

Advirtió que hace falta más presupuesto para la escena, dejar de producir aisladamente, apostar por la acción cultural y dejar de “maicear a los artistas”.

¿Qué representa para usted el reconocimiento que le dedicará El Milagro?, se le pregunta a Luis de Tavira. “Quisiera expresar mi profunda gratitud y admiración por el equipo que trabaja en El Milagro, un centro independiente dedicado a la difusión del teatro, que es una tarea pública; es admirable cómo ellos han fundado el reconocimiento a los colegas, cosa que es un poco inédito entre la comunidad teatral.

“También quisiera señalar la importancia de El Milagro como un centro independiente que se mantiene con su esfuerzo, formando espectadores y estableciendo relación con otros centros similares, ya que todos están atravesando una situación muy difícil en la actualidad. Así que mi gratitud a este reconocimiento, que recibo con sencillez y humildad”, explica.

¿Qué tanto ha cambiado el teatro en México en la última década? “Pues ha empeorado. Sobre todo ahora que se vive en el plano de la virtualidad y que el teatro se ha convertido en una instancia excepcional”.

¿Cómo encuentra los espacios independientes? “Pienso que las instancias más importantes de hacer el teatro en México, tanto en la capital como en el interior del país, son estos grupos que, de alguna manera, son iniciativa y responsabilidad de la sociedad civil.

“Sin embargo, a partir de la 4T se empezó a convertir a las asociaciones civiles en enemigos y desapareció una instancia fundamental que hacía posible el trabajo de estas instancias independientes: el Fonca”, comenta.

¿Qué ocurre con las instituciones públicas? “Están en la eventualidad total, porque producen obra tras obra y todo eso es un tremendo dispendio, además de que se ha bajado escandalosamente el presupuesto a la cultura.

“La situación no podía ser más difícil y la importancia de estas instancias independientes es más decisiva. Pero yo sí creo que el teatro, la cultura, es un asunto de Estado”, expone.

¿Cuál sería el mayor reto del Estado? “Distinguir entre cultura y acción cultural. La cultura de alguna manera es lo que está allí en el patrimonio de las comunidades originarias y urbanas y actuales, es esa diversidad que conocemos con el nombre de cultura.

“Pero acción cultural es aquello que lo propicia, lo desarrolla y es la tarea de todos, pero vivimos tiempos de una tremenda omisión cultural y eso es rudo, es difícil, porque en ello se juega algo muy grave ante la irrupción de la barbarie, la inseguridad y una violencia que ha entregado el país al crimen organizado”, asevera.

¿Qué tan funcional es el sistema de convocatorias? “Pienso que el Estado y las instancias de cultura pública han renunciado a su tarea. Y la UNAM, que era un ejemplo de producción teatral, pues ya no produce nada y simplemente administra las salas entre muchos y, entonces, no puede garantizar la temporada, igual que lo que sucede con los Teatros del IMSS”.

¿Aunque han impulsado sus convocatorias Escenarios IMSS-Cultura? “Lo que se está haciendo es maicear a la comunidad teatral. Es como decía una obra de Carballido: ‘¡Silencio, pollos pelones, ya les van a echar su máiz!’, pero eso tampoco apuesta a nada.

“¿De qué sirven seis funciones (a cada montaje)? La prioridad es la formación de espectadores y ésta no se consigue con eventualidad, sino con estabilidad y repertorio”.

¿Qué hace falta?  “El teatro mexicano es un superproductor de obras. Quizá en América Latina sólo superado por Argentina, pero es un país que produce muchísimas obras, sólo que éstas se hacen aisladas y en una absoluta incomunicación. Yo uso la metáfora de una mesa llena de pirinolas enloquecidas, pero totalmente desconectadas.

“Entonces, lo que se hace en Tijuana no afecta en absoluto a lo que se haga en Mérida, o en Veracruz, no tiene nada que ver con lo hecho en Guanajuato... somos un teatro inmovilizado porque no estamos comunicados”.

Finalmente, De Tavira coincide con Usigli, quien decía que ‘México no existirá hasta que no aparezca en la alta dimensión del teatro’, tal como lo buscó el proyecto de La Nación Teatral, que impulsó Mario Espinosa.

X