Liberar el placer de las etiquetas: ¿cómo acabar con el tabú?
Descubre cómo la educación sexual y la naturalidad del placer van más allá de la norma. La sexóloga Claudia Lobatón desmonta mitos sobre la brecha orgásmica y el cuerpo.

Hablar de sexualidad en la sociedad contemporánea exige desmontar los relatos rígidos que durante décadas han dictado cómo debería sentirse o experimentarse el cuerpo. En lugar de buscar una «normalidad» estadística, la vivencia del placer responde a la diversidad biológica, al contexto individual y al aprendizaje.
En entrevista con la sexóloga Claudia Lobatón, de Platanomelón, la especialista analiza los factores que influyen en la respuesta sexual humana y cómo los prejuicios socioculturales continúan condicionando el acceso al bienestar pleno.

El mito del orgasmo y el origen de la brecha de género
Uno de los principales sesgos históricos ha sido la diferenciación entre el orgasmo vaginal y el clitoriano, un mito derivado de épocas en las que el placer femenino se abordaba desde una óptica exclusivamente reproductora.
Desde la perspectiva científica actual, el orgasmo es un fenómeno neurológico y fisiológico integral que no responde a categorías de madurez o jerarquías corporales.
Además de los aspectos anatómicos, la respuesta sexual está profundamente influida por variables emocionales y educativas. En la práctica, la discrepancia en la frecuencia con la que hombres y mujeres alcanzan el clímax —fenómeno conocido como la brecha orgásmica— no responde a una incapacidad biológica, sino a dinámicas sociales, falta de información y mandatos de género.
Al respecto, la especialista comparte una observación clave sobre el peso de la educación y el contexto en la vivencia del placer:
Hay mucha... como mucho peso sobre las mujeres para sobre si alcanzarlo o sobre no alcanzarlo. Porque por un lado, cuando no se alcanza es porque se asocia que entonces hay algo mal y que entonces puede haber un problema en pareja, porque eh puede haber un miedo a decir qué es lo que no me está gustando, una falta de conocimiento; pero también hay un peso de decir: "Si yo no lo estoy alcanzando, puede ser que haya algo malo en mí". Y entonces hay como mucha carga mental al respecto y como mucha presión sobre alcanzar el orgasmo para definirlo como una buena relación sexual."

La educación sexual como herramienta para derribar tabúes
A diferencia de los frenos situacionales o la presión por el rendimiento, la construcción de un entorno seguro y el autoconocimiento resultan indispensables para que la respuesta sexual fluya sin exigencias. La educación sexual desempeña un papel determinante al brindar herramientas que sustituyen la culpa por la confianza en el propio cuerpo.
Sobre el impacto que la comprensión del propio cuerpo y la información ejercen en la seguridad personal, Claudia Lobatón destaca:
También otro factor importante sobre la frecuencia de orgasmos es la educación de la sexualidad. Eh ¿por qué? Porque el conocerte te da seguridad. O sea, si tú conoces tu cuerpo y si tú sabes, por ejemplo, cómo es tu vulva y el también el tocarla, el verla, saber cómo se se siente, ayuda muchísimo, porque entonces puedes ir conectando a través también de pensamientos positivos y como algo que es agradable. Y esto también, estos tabúes y estas situaciones eh pueden ir eh aumentando con la edad...

Redefinir la experiencia del placer en cada etapa de la vida
Reconocer la variabilidad del placer implica también asumir que la respuesta sexual no es estática, sino que se transforma a lo largo del curso de la vida, modificándose con la experiencia, la edad y las distintas etapas afectivas.
Finalmente, sobre la vivencia del placer sin los límites impuestos por estereotipos o expectativas ajenas, la sexóloga concluye:
«Yo les diría que hay que revisar si ese miedo es de esas personas o si es un miedo hacia que alguien más se los dijo, que alguien más eh lo... sí se lo instauró. Porque no habría por qué tenerle miedo al placer, sino creo que más bien hay miedo a la consecuencia de cuál es la etiqueta que me van a poner si yo disfruto. Como en esto de lo que hablas de la normalidad y todo. También que no hay edad para sentir placer. Eh incluso se habla que conforme va pasando la los años hay mayor intensidad en los orgasmos...»

Desprenderse de las expectativas de rendimiento y entender la sexualidad desde el bienestar individual son pasos esenciales para cerrar las brechas que aún persisten.
El placer, lejos de ser un mandato o una meta cuantitativa, forma parte de la salud integral a la que todas las personas tienen derecho.