México es un país de talla media. En lo económico su PIB se encuentra entre los 16 primeros países y en lo referente al valor de su comercio exterior, entre los 10 primeros. Es el primer proveedor de los Estados Unidos, por lo que goza de buena posición comparado con otras naciones. Es una economía abierta. Nuestro crecimiento, empero, es bajo con una expansión de 0.8% en 2025 y un estimado de 1.5% para el cierre de 2026. Otras economías registran tasas de crecimiento de doble dígitos, como Singapur (12.1%), Taiwán (34.7%), Suiza (23.9%), China, (5.6%,) seguido por Estados Unidos con el (5.5%) y Alemania con (5.2%). Estamos en el lugar 76 en PIB per cápita.
En cuanto al bienestar y calidad de vida, México se sitúa en los niveles más bajos de la OCDE. Sólo 78% de la población cuenta con servicios básicos de salud. Canadá ocupa el primer puesto en calidad de vida, seguido por Chile, Uruguay, Argentina y Estados Unidos.
En el índice de desarrollo humano, México ocupa a nivel mundial el puesto 81 entre 183, por los desafíos de seguridad y el debilitamiento institucional. En presiones ambientales. Una parte importante del 70% del PIB lo aporta el comercio exterior. Con una población laboral de 60 millones, su nivel de vida general es el más bajo de la OCDE. Nos falta ser más productivos.
Se suele atribuir la baja producción de bienes y servicios a nuestro bajo índice de productividad. No es lo mismo producción que productividad. La diferencia consiste entre usar más o menos insumos para obtener una producción dada.
Se dice que el problema de México es su falta de productividad. Que si aumentamos la productividad se subiría la producción nacional. No es así. Si empleamos menos tiempo e insumos para producir determinada cantidad de productos, no aumentamos la producción, sino sólo recortamos el insumo (horas de empleo), para lograr lo mismo.
Inducir mayor productividad reduciendo insumos o factor trabajo no crea empleos, incluso los reducen. La política del gobierno debe estimular más la producción nacional con base en nuestros propios factores. Hay que aprovechar la reserva de empleo todavía informal, más de 50% de la fuerza laboral, para en ella crear los empleos formales que el desarrollo nacional requiere con urgencia.
¿Qué queremos para dinamizar al país? ¿Más producción o más empleo? ¿Mayor producción o mayor rendimiento? Las dos. Además, está la presencia de la ambiciosa IA.
El camino es claro. Tenemos que producir más artículos y servicios aprovechando el potencial laboral, satisfacer la demanda interna, ajustar las importaciones y seguir aumentando nuestra oferta de exportación a todo mundo.
Ya destinamos nada menos que 83.3% de la exportación a Estados Unidos, con 15% de importaciones. Representamos 2.55% del comercio mundial, al igual que Canadá. Esta exportación la debemos considerar sólida. Con nuestra población de más de 130 millones, ya pesamos en el escenario internacional. En el T-MEC podemos aumentar nuestras ventas a Estados Unidos, mediante las estrategias que nuestra vecindad hace posible. Por otra parte, el no producir suficientes bienes y servicios para atender nuestra demanda interna significa generar más déficit en la balanza comercial general.
Podemos surtir demandas en otros mercados como, por ejemplo, China, con 17% de la población y del comercio mundial. Corea del Sur exporta 3% del comercio mundial y otros países con poblaciones muy inferiores a la nuestra, como las europeas, ocupan los primeros lugares mundiales.
Hay otro aspecto de nuestra realidad socioeconómica: el grueso de este éxito lo aporta un porcentaje menor de la población laboral del país. 90% de las importaciones industriales lo realizan grandes empresas o corporaciones de mayoría extranjera. Sólo una mínima parte de la fuerza informal participa indirectamente en cadenas de producción.
Alrededor de 38-40% de nuestro PNB se debe a las exportaciones. El total de exportaciones e importaciones equivale a más de 70% de la actividad económica del país, esto no quiere decir que la población entera, sino sólo el dato estadístico del PNB.
Las grandes empresas industriales mexicanas y multinacionales concentran aproximadamente de 80% a 85% del valor total de las exportaciones de México empleando sólo un mínimo del total de la población laboral. Aunque las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs), representan la inmensa mayoría de las unidades económicas del país, el valor monetario de sus envíos al extranjero está altamente centralizado en los grandes corporativos, especialmente dentro del sector automotriz y electrónico.
En cuanto a las exportaciones agrícolas y agroalimentarias consistente en frutas y legumbres, la mayoría se encauzan a través de grandes distribuidoras estadunidenses, mientras que pocas asociaciones agrícolas mexicanas encauzan el grueso de las exportaciones. La exportaciones agrícolas la realizan unos 1.5 millones de individuos.
Hay que corregir estas concentraciones a fin de acercarnos a una economía realmente participativa.
