Andy epistolar

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Los López Obrador heredaron un género literario. El padre le escribía cartas a Trump desde Palacio Nacional. El hijo se las escribe desde Teapa, Tabasco, tres cuartillas publicadas el jueves por la noche en Instagram, ahí donde se cocinan las grandes decisiones de la diplomacia mundial, entre un reel de gatitos y una promoción de proteína en polvo.

Vamos por partes, porque el reclamo de origen no es ilegítimo. Washington no ha dado causa pública y la Embajada se acogió a la confidencialidad de los expedientes. Una visa no es un derecho, pero tampoco debería operar como insinuación penal: no se vale arrojar la piedra consular y esconder la mano diplomática. El problema empieza cuando una queja atendible se convierte en superproducción. Porque Andy no se conforma con reclamar. Califica la revocación de politiquera, propagandística y, agárrense, “al estilo hitleriano”. Llama jefes de pandillas a Marco Rubio y a Christopher Landau, le pregunta a Trump si estaba enterado y le propone destituirlos, todo rematado con la esperanza de que no lo tome como un desafío. Lo de Hitler merece párrafo aparte. Comparar la cancelación de una visa con el régimen que exterminó a millones de personas encoge la historia. Cuando todo es Hitler, Hitler termina siendo nada. Y en el mismo documento en que compara al gabinete con el nazismo, le pide al jefe de ese gabinete que revise su caso. Usted es Hitler, señor presidente, ¿me hace favorcito de checar mi expediente?

La osadía tiene su encanto. Le cierran la puerta consular y él responde reorganizando el Departamento de Estado desde el celular. De secretario de Organización de Morena a consultor de recursos humanos de Donald Trump: ésa sí es movilidad internacional. Eso sí, exige pruebas cuando alguien pone en duda su conducta y acusa a los dos funcionarios de corrupción y espionaje sin exhibir ninguna. Debido proceso para mí, adjetivos para los demás. Hay algo más grave, aunque venga envuelto en ridículo. En este país la política exterior la conduce una sola persona, y no es él. Andy no le escribió a Trump como ciudadano agraviado, sino como quien se asume interlocutor. Se sentó en la silla de la presidenta Sheinbaum, quien lleva 22 meses midiendo cada adjetivo hacia Washington, mientras el hijo del fundador del movimiento resuelve la relación bilateral en tres cuartillas de madrugada. A ella le tocó apagar ayer el incendio en la mañanera, sonriendo, porque el apellido es el que es.

De ahí la única pregunta que importa: ¿a quién le escribió? Trump no lee Instagram, y menos en español. La carta no tenía destinatario. Tenía público. Se escribió para que la primera pregunta no fuera por qué le quitaron la visa, sino por qué persiguen al hijo de López Obrador. Aclara, eso sí, que no le causa ningún problema no visitar un país decadente, racista y triste. Nadie escribe tres cuartillas sobre un lugar al que no le importa entrar. Publicarla era el punto. Enviarla fue el trámite. Y funcionó: antes del desayuno ya tenía respuesta desde Palacio Nacional. La Presidenta tiene razón en lo central, porque más de 50 políticos mexicanos han perdido la visa sin una sola prueba pública, y un subsecretario que se apoda a sí mismo “el quita visas” no hace diplomacia, hace espectáculo. Pero ese silencio tampoco demuestra la inocencia de nadie. 

Y queda una duda incómoda. A un candidato cuyo problema real en Tabasco son los señalamientos por huachicol, que la conversación pase de las gasolineras a Marco Rubio no le salió nada mal. Su padre manejaba mejor el género: sus cartas eran igual de improbables, pero sabía para quién las escribía, y nunca insultó y pidió el favor en el mismo párrafo. El hijo lo cita casi como jurisprudencia doméstica y vuelve a someter a evaluación al presidente estadunidense. Donald, has cambiado, revisa a tus colaboradores, rectificar es de sabios. No se hereda nada, salvo el apellido, el destinatario y la certeza (a veces rayante en la osadía) de que a EU hay que orientarlo de vez en cuando. Trump figura en el encabezado. La dirección verdadera es San Lázaro. Andy no escribió para que lo dejaran entrar a EU. Escribió para que lo dejaran entrar a la Cámara de Diputados.

ADDENDUM

Y si no, de todas formas sabemos que nadie escribe tres cuartillas a la Casa Blanca porque tema extrañar un viaje a Disneylandia: la pregunta no es por qué le quitaron la visa, sino por qué y contra qué sintió la necesidad de vacunarse.